Manuel Vilas: “Como profesión, me gusta la de vendedor de emociones”

24.01.2020 | 11:40
Manuel Vilas quedó finalista del último premio Planeta con 'Alegría'.

Manuel Vilas ha descubierto que los puntos de gravedad más importantes de su vida son el amor a sus padres y a sus hijos. El antes y el después. Alegría fue la novela finalista del último premio Planeta. El escritor oscense, autor de una de las obras más celebradas de los últimos años, Ordesa, ha puesto en negro sobre blanco las prioridades que a su entender tienen que regir la vida de los humanos en cualquier punto del planeta. Es su novela más personal porque tiene mucho de autobiografía, y en ella hace una especie de striptease emocional para colocar cada sentimiento en su lugar.

¿Cómo presentaría Alegría a sus potenciales lectores?

Es la historia de un hombre en edad madura que se da cuenta de que la alegría es el sentimiento más importante en la vida. La alegría es un sentimiento primitivo, atávico, y es más importante que el de la felicidad, que es un sentimiento convencional.

¿Y cuáles son las fuentes de la alegría para el protagonista de su historia?

Seguir amando a su padre y a su madre, que ya están muertos, querer a sus hijos, que están vivos, y que sus hijos le quieran. 

Planteado así parece sencillo.

Pues no, y esta es la gran epopeya de cualquier ser humano, aunque lo más normal sería, para cualquier persona normal y en cualquier punto del globo, estar a bien con quien te ha traído a este mundo y estar a bien con quienes vas a dejar en este mundo.

Si es lo más normal, ¿por qué dice que es una epopeya?

Porque tendría que ser lo normal, sí, y sin embargo es lo más complicado que hay en la vida. Y lo es en un mundo en el que hay muchísimo ruido: ruido político, social, laboral, económico. Que una novela recuerde que lo más importante del ser humano está en lo que te acabo de decir, en el amor a los padres y en el amor a los hijos, es muy importante.

La literatura siempre habla de sentimientos, y padres e hijos habitan en millones de páginas escritas.

La literatura siempre navega por temas que no se tratan fuera de ella, y ya en mi anterior novela, Ordesa, decía que lo más importante es que alguien te hable de su padre y de su madre.

Pero, ¿cree que se habla poco de los padres?

Muchas veces sí. El padre y la madre son los centros de gravedad de la condición humana. Estamos siempre metidos en otras cosas y nos olvidamos de ese amor que sentimos por esas personas que son tan importantes en nuestras vidas.

¿Un sentimiento de culpa?

Tal vez. Recuerdo que cuando estaba metido en la escritura y mi madre me llamaba, muchas veces no cogía el teléfono porque pensaba que lo que estaba haciendo era más importante que la llamada de ella. Cuando murió, me di cuenta de que todo eso era mentira, de que todo lo que parecía importante no lo era. Lo verdaderamente importante era que mi madre me llamara por teléfono. Esta idea persiste en Alegría, que es una exploración de los sentimientos familiares. La alegría procede del amor a tus hijos y del amor a tu padre y a tu madre.

¿Siempre llegamos tarde a determinados sentimientos?

Supongo que algunos sí, pero otros no, afortunados ellos. Y hay quien no llega nunca, ni pronto ni tarde. Es que llegar tarde está en la naturaleza del ser humano.

¿El amor a la pareja cuenta en esta ecuación sentimental?

Por supuesto. En Alegría también hay una relación de pareja. Es una épica ordinaria, sencilla y normal.

¿No resulta obvio que queremos a nuestra pareja si continuamos con ella y que el amor a nuestros padres e hijos es incondicional?

No es tan fácil. Es difícil estar concentrado y que nos demos cuenta de ese amor. Hay mucho ruido que hace que no tengas claros los centros de gravedad de tu vida. Hay un personaje antagonista en Alegría, Arnold, que luego se llama Nosferatu, que le está recordando al protagonista y narrador que en el mundo hay dolor, que está lleno de tristeza, de enfermedad, de muerte, de desesperación y de infortunio. Arnold es la depresión contemporánea, eso es lo que representa. Este tipo de depresión me interesa mucho, porque es el diagnóstico de cómo está el mundo. Es una de las enfermedades más importantes de las sociedades occidentales y eso significa que hay mucho abatimiento y que la gente tiene dificultades para encontrar un sentido a su vida.

Será el amor el que tiene que jugar un papel importante para combatir el abatimiento generalizado...

Sí, tiene que ser ese amor, incondicional que decías tú, a padres e hijos. 

¿Una novela muy personal?

Y tanto. Es autobiográfica y una novela sobre la familia, pero no se puede hacer una ecuación literaria en la que todo es tu vida. Los datos que se dan son ciertos. Yo tengo dos hijos, que son muy parecidos a los que salen en la novela, pero no son los que salen en la novela. Hay una elaboración. 

¿Dónde participa usted más, en el concepto de la alegría o en la depresión contemporánea?

Es una lucha. En estos momentos, cualquier ser humano está luchando frente al futuro y el abatimiento, para seguir adelante y seguir vivo. Pero también hay muchas razones para sentir frustraciones y tristeza. Desde la crisis económica de 2008, el centro nuclear de todo lo que nos está pasando, hay mucha desmoralización. La novela habla de la clase media y de la sociedad y la política españolas.

¿Una situación ajena al resto de sociedades?

No, no, está pasando en Reino Unido con el Brexit, en Italia con el auge de la extrema derecha, en EEUU con Trump? Discursos ruidosos, estridentes, distorsionados está habiendo en el mundo entero.

¿Tiene relación con el estado de la política actual española o está en tiempo pasado?

No es que hable de las noticias políticas, pero en mis novelas hay una autoexploración sociopolítica, aunque desde el ángulo literario. En la novela se narra un encuentro con Felipe González. A partir de ese encuentro se habla de la historia reciente de este país, de cómo fue la construcción de la democracia, se habla de la clase media y de cómo esta clase interiorizó la democracia española. Siempre en mis novelas hay un contexto sociopolítico, no noticioso, pero sí construido de una manera literaria. Lo hice en Ordesa y lo sigo haciendo aquí. Podríamos decir que reflexiono sobre política desde las armas que me da la literatura.

¿Vivimos tiempos políticos mediocres y egoístas?

Sí, y de hecho, hay una mediocridad instalada en la vida española. Hay una falta de ilusión en el día a día. Hay carencias.

¿Que una novela con estos mimbres se titule Alegría es una metáfora, o una contradicción?

Es más un bien un deseo de que todo mejore, de que nos demos cuenta de cuáles son las necesidades importantes de nuestras vidas, de que sepamos dónde está nuestra razón de ser, y el amor a nuestros padres y a nuestros hijos es una razón fundamental para seguir viviendo. Pero es cierto que vivimos tiempos grises, tiempos de mediocridad, tiempos donde no hay mucha alegría, y hay que emprender su búsqueda.

¿Cómo debe ser esa búsqueda?

Personal. En la novela hay un recordatorio: cada uno de nosotros tenemos nuestra obligación individual. Puedes vivir en un mundo con mucha mediocridad y mucha tontería, con desafecciones y grisura, pero tienes la obligación de construir tu gran mundo.

Una construcción con muchos obstáculos, ¿no le parece?

Siempre tendrás a la literatura para ayudarte. Tú puedes vivir en un mundo mediocre, pero eso no justifica que tu vida sea mediocre; tienes la obligación de construir tu alegría personal. Las responsabilidades individuales son un tema de la novela.

En octubre fue usted finalista del premio Planeta, y eso también será motivo de alegría, un reflejo del título de su novela.

Sí, pero no en el mismo sentido. Sentí mucha responsabilidad cuando quedé finalista porque sabes que vas a tener miles de lectores. Pienso que la responsabilidad de un escritor es no decepcionar a los lectores. Ese premio significa entrar en la casa de mucha gente, en muchos hogares, y no puedes decepcionar. 

¿Es un vendedor de emociones?

Me encantaría. Como profesión, me gusta la de vendedor de emociones. Suena bien este título que me has adjudicado. Me gusta que mis novelas toquen el corazón.

¿Hace en Alegría un particular striptease emocional?

Lo es, porque es buscar y reconocer las emociones desde el ángulo que te permite la literatura. Cuando escribes te desnudas, y eso no es algo inusual en los escritores. 

PERSONAL

PERSONAL

Edad: 57 años (19 de julio de 1962).

Lugar de nacimiento: Barbastro (Huesca).

Familia: Está divorciado y tiene dos hijos.

Trayectoria: Ha trabajado en distintos medios de comunicación. En su labor literaria está reconocido como uno de los poetas más importantes de su generación. Es también un novelista destacado, sobre todo después de publicar Ordesa, un libro en el que centra sus demonios en las relaciones de padres e hijos y destaca lo importante que es el amor y la familia. En Alegría, título que fue elegido como finalista del último premio Planeta, vuelve a incidir en el mismo tema y se desnuda ante sus lectores.

Novelas: Aire nuestro (2009), Los inmortales (2012), El luminoso regalo (2013), Ordesa (2018) y Alegría (2019).

Poesía: El sauce (1982), El rumor de las llamas (1990), El mal gobierno (1992), Las arenas de Libia (1998), Resurrección (2005), Calor (2008), Gran Vía (2012) y El hundimiento (2015).

Ensayo: La vida sin destino (1994), Dos años felices (1996), La región intermedia (1999), Arde el sol sin tiempo (2014) y América, libro de viajes (2017).