El bombero Echániz, una vida bajo el fuego

Siendo carpintero fabricó el primer Gargantúa de Bilbao, en 1854, por encargo del gremio de Pastelería. Su ingenio fue destrozado por una bomba en el Sitio de Bilbao, apenas tres años antes de fallecer abrasado en un incendio en la calle Correo. Bilbao le dedicó una plaza por su heroico comportamiento.

24.04.2021 | 00:52
El bombero Echániz, una vida bajo el fuego

AL nacer, aquel 24 de noviembre de 1815, hace ya más de dos siglos, le llamaron Clemente Antonio. Fue un hombre de ingenio y habilidad, como si cada una de ambas virtudes se cargase en cada uno de sus nombres. Su vida fue más breve de lo que se estilaba incluso en el siglo XIX, habida cuenta que murió el 7 de junio de 1867, cuando ya todo el mundo le conocía como Don Antonio, el tratamiento que les daban entonces a los elegidos. Ahora les explicaré por qué.

Clemente Antonio Echániz Ariznavarreta fue carpintero de profesión y maestro de obras antes que bombero. Era un hombre muy ingenioso y habilidoso y en su mente y de sus manos nació el primer Gargantúa con que contó la villa, en el año 1854. Para crearlo se inspiró en el personaje de François Rabelais, un gigante glotón y bonachón al que Echániz le dio la forma de un enorme baserritarra que tragaba niños por la boca y los expulsaba por la retaguardia, tras un breve resbalón por su tobogán interior. Según Busca Isusi, Gargantúa era hijo de dos gigantes, llamados Grandgoussier y Gagamelle, hija de un rey salvaje. El hijo, al nacer salió de la oreja izquierda de su madre, tenía el tamaño de una ternera y pesaba varias toneladas. Tuvieron que construirle una enorme cuna. De comer le daban terneras y vacas a montones. Al final, sus padres, en vez de en carrito, decidieron llevarlo montado en un carro arrastrado por bueyes. Menos fatigas sufrió Antonio Echániz para crear aquella distracción de mediados de siglo. Veinte años después de su bautismo, en 1864, una bomba de la guerra carlista propició que saltase por los aires el entrañable gigante. Tal había sido su éxito que hubo que construir otro y luego otro, y esta figura traganiños ha perdurado hasta nuestros días.

Para entonces el carpintero Echániz ya había cambiado de oficio. No en vano, ingresó en el Cuerpo de Bomberos en 1856, fecha en la que se organizó el cuerpo de bomberos de Bilbao y del que llegó a ser jefe. Cuentan las crónicas de la villa que murió heroicamente, junto con otros tres compañeros, en el incendio del 7 de junio de 1867 de la casa de la calle del Correo donde tenían su imprenta y tienda de litografías la Viuda de Delmas y su hijo. El edificio se desplomó quedando entre los escombros el jefe de los bomberos Antonio Echániz, Manuel Gandiaga, José María Eguillor y Domingo Echániz, abrasados. Para conmemorar su heroico comportamiento, un año después de su muerte se levantó en la plaza que hoy lleva su nombre un templete que posteriormente fue sustituido por un monolito de piedra que, como el propio Gargantua, aún perdura hoy.

Protagonista: El bombero Echániz.

Gesta: Siendo carpintero fabricó el primer Gargantúa de Bilbao, en 1854, por encargo del gremio de Pastelería. Su ingenio fue destrozado por una bomba en el Sitio de Bilbao, apenas tres años antes de fallecer abrasado en un incendio en la calle Correo. Bilbao le dedicó una plaza por su heroico comportamiento.

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