Rincones perdidos en la memoria

Un torreón que sobrevive al ayer

La fábrica de galletas Artiach pertenece al patrimonio industrial vasco y es una de las que mayor impronta ha dejado en el paisaje físico y social de Zorrotzaurre. Tiene una historia olvidada por detrás y un porvenir vanguardista por delante

09.02.2020 | 18:20
Estampa de la legendaria fábrica de galletas de Artiach en Zorrotzaurre.

LAS mujeres de la primera mitad del siglo XX dejaron una fuerte impronta en toda la Ribera de Deusto: en la sirga y en las bacaladeras; en las fábricas de yute, trenzando el cáñamo, cosiendo velas y en otras tantas industrias auxiliares de la actividad naval, allá junto a la Ría. ¿Fueron los únicos oficios femeninos que hicieron fortuna en la época? No. Para asombro de hoy, en aquel ayer fueron renombradas las galleteras, tanto por la popularidad que alcanzaron como por lo numeroso que llegó a ser este colectivo. Estas mujeres fueron las calladas cooperantes de la proyección que alcanzó la empresa Galletas Artiach entre las de su género y de la fuerte personalidad que tuvo y tiene este barrio de Zorrotzaurre.

Miremos por el retrovisor. El apellido Artiach aparece ligado al comercio de productos harineros, allá por mediados del siglo XIX. La fábrica de galletas Artiach, una familia bilbaina que en 1907 comenzó a fabricar galletas en una lonja, se inauguró en 1921 en la Ribera de Deusto. Tras las inundaciones de 1983 que arrasaron la fábrica, se trasladaron a Orozko. Ahora la marca es propiedad, desde 2015, de una multinacional, la empresa Adam Foods. Aquellos "modernos equipamientos" de 1921 tambien habían tenido su porqué. El incendio que asoló la planta de la calle Cantarranas provocó el cambio de aires, incitó a la nueva aventura. Fuego y agua, ya ven, sobre los que grabar esta historia.

Más de 110 años después de que aquellas galletas conquistasen paladares y fragancias de Bilbao -muchos bilbaínos guardan en su memoria la imagen de las trabajadoras de la fábrica de galletas Artiach, llevando grandes bolsas con las galletas rotas o defectuosas que les regalaban los empresarios y vendiéndolas por las casas para obtener un dinero extra. El olor de las galletas se extendía por los descansillos de los pisos...- la vieja fábrica sigue hoy en pie, como un torreón industrial que sobrevive en el paisaje tecnológico y vanguardista que se avecina. El ayer que no se rinde.

Hay que recordar que la fábrica Artiach ocupa el inmueble más grande de Zorrotzaurre y es una de las 19 joyas industriales que el Consistorio conservará. De momento, tanto Papelera como Beta I y Beta II, que albergan DigiPen y acogerán As Fabrik, respectivamente, ya son patrimonio de todos los bilbaínos. El Ayuntamiento expropiará la antigua galletera para que se convierta en un equipamiento público dentro de la segunda fase del plan de urbanización.

Conviene recordar, para los menos avisados, que el Espacio Open lleva desde 2009 implicada de lleno en proyectos creativos y de cambio social en positivo con la organización del mercado Open Your Ganbara, una de las primeras iniciativas del Zorrotzaurre creativo que resucita de entre las aguas estancas de la caída del reino de la industrialización. Desde entonces, y tras los magníficos resultados de un proyecto 100% autofinanciado. Es lo que los modernos llaman el flea market de Bilbao.

Permítanme un impás antes de proseguir con los nuevos tiempos. Tras las inundaciones del 83, Artiach, que por aquel entonces fue recién adquirida por la norteamericana Nabisco, optó por trasladarse a Orozko, vendió las instalaciones a emprendedores de la época. Además de albergar usos atípicos para la zona como el Ballet de Euskadi, que cerró sus puertas a mediados de los noventa, y decenas de empresas industriales y artesanales, llegó a albergar en su mejor momento a más de 500 empleos directos.

Recuperemos el hilo conductor. El mercado Open your Ganbara se trata de un mercado efímero semanal, que combina dos modalidades de venta: una modalidad para personas, familias, entidades y asociaciones que quieren dar salida a productos de segunda mano que no usan; y una segunda modalidad para pequeños artesanos con licencia de actividad comercial, que ofrecen sus creaciones pagando una cuota como profesionales. Este mercado ha adquirido una notoriedad considerable.

De modo paralelo Espacio Open, se ha ido involucrando en distintas propuestas de transformación social vinculadas con la cultura urbana, el mundo digital, y las tecnologías de código abierto. En tanto que aceleradora de proyectos sociales la iniciativa promociona la cultura del "hazlo tu mismo" (Do It Yourself), así como se ha especializado en proyectos sobre tecnologías creativas, inclusión social, y difusión de la cultura maker orientados a jóvenes, pero también en la divulgación general del movimiento mediante la organización de la Bilbao Making Faire.

Espacio Open aprecia como un valor el hecho de funcionar de modo independiente de la financiación pública vía subvención para mantener la estructura de la asociación. El mercado de los domingos se sostiene gracias a las cuotas que pagan los feriantes participantes según la modalidad. Por otro lado la asociación desarrolla proyectos complementarios, sobretodo en el ámbito del fomento de la cultura digital entre la población juvenil como se ha dicho, que en muchos casos pueden ser llevados a cabo con financiación de las administraciones públicas. La colaboración con el área de Juventud del Ayuntamiento se inició en 2013 y ha sido replicada cada año desde entonces en torno al formato de cursos intensivos, los Gaztea Tech con un módulo de impresión en 3D, diseño y fabricación digital; un módulo en robótica y programación creativa; y otro de electrónica vestible, moda y tecnología entre otras variedades.

Las curiosidades de hoy: un antiguo secadero de jamones de 500 m2 en la primera planta de la vieja fábrica alberga el laboratorio de fabricación digital y tecnologías creativas Fab Lab Bilbao. Además el antiguo silo de 350 m2 en planta baja en la entrada principal a la fábrica es hoy un espacio luminoso, con entrada directa desde la ría a través del Jardin Secreto de 300m2 y puerta de hierro o por el propio parking de la fábrica con dos portones industriales. Cuenta, además, con bistró equipado con mobiliario y terraza exterior con barbacoa.

Ya lo ven, el paso del tiempo ha soplado con fuerza, como un viento del norte, llevándose y trayendo ideas. Lo que sigue en pie es un edifico, el torreón, casi centenario.