Diego Martín Actor en 'Velvet Colección' en Movistar+

"Con el tiempo vas idolatrando menos y vas respetando y admirando más"

En 'Velvet' era perverso, manipulador y astuto. Es un tiempo en pasado para él que no para los espectadores que tienen en su mano el final de la historia de la casa de moda más famosa de la televisión

05.01.2020 | 06:20
Diego Martín.

BILBAO. Diego Martín (Madrid, 1974) es un actor con aspecto de galán al que le gustan los personajes perversos, que no malos, no se siente muy atraído por los benditos. Hasta estar en la universidad estudiando Derecho, no se le había ocurrido que la interpretación iba a formar parte de su vida. La carrera que había escogido porque tenía muchas salidas laborales se diluyó y abrazó una profesión insegura, sin contratos indefinidos, y que garantizaba una existencia a salto de mata o, mejor dicho, a golpe de proyecto. Él ha tenido suerte y su currículo es impresionante. Tras acabar Velvet, ha grabado otra serie para Movistar+, Supernormal, en la que es un marido en la sombra.

¿Cuesta asumir que una serie como 'Velvet' termine?

-En esta profesión asumes que todos los trabajos tienen un punto y final antes o después. Velvet ha tenido una larga vida y todos sabíamos que tendría que llegar el momento de terminar. Creo que el episodio final que se estrenó en diciembre ha sido una bonita manera de poner el broche de oro a una singladura importante.

¿Está contento con el final del malo de esta historia, Enrique Otegui, su personaje?

-Ja, ja, ja? Quizá ha terminado más domesticado de lo que ha sido siempre. Pienso que todos los personajes tienen el broche final de todo cuento de hadas, todos han quedado a la altura de lo que ha sido está fábula.

Su personaje ha sido un poco especial, como de culebrón. Tiene cierto punto de maldad sibilina, es el cuñado del protagonista de la primera parte de Velvet, Alberto (Miguel Ángel Silvestre), engaña a su mujer con la hermana de este e intenta hacer la vida imposible a todo el mundo.

-Y no te olvides que el personaje de Cristina, mi hermana en la serie, es tan malo o peor que yo, aunque el término malo no es que me guste mucho. Digamos que los Otegui éramos el eje del mal y nos ha tocado hacer esa parte de la serie donde la maldad se respira cada vez que ellos aparecen en una secuencia. Pero te voy a decir una cosa, es una parte más divertida de hacer que la santidad de otros personajes. La serie ha durado mucho tiempo y nos ha dado para recorrer mil y un vericuetos.

¿Por qué los actores se congracian más con los personajes malos que con los buenos? Los buenos siempre tienen la simpatía de los espectadores.

-Sí. Se han dado caso en los que los espectadores han insultado al malo por la calle, no es lo habitual, pero alguna vez ha pasado. Como te he dicho no me gusta calificar a un personaje de malo, creo que detrás de cada uno hay muchas más facetas, hay mucho oculto y muchas razones para actuar de una forma determinada. Un personaje de los que se califican de malo, tiene muchas más caras que mostrar y eso es mucho más rico que simplemente interpretar una faceta menos poliédrica. Pero yo no me enfrento a los personajes pintándolos de malos o buenos.

¿Qué hay después de 'Velvet'?

-Tengo una película, creo que aún está en cartel, Si yo fuera rico. Creo que ha funcionado bastante bien. Acabo de terminar una serie para Movistar+, se llama Supernormal y en ella soy el marido de Miren Ibarguren. La ha dirigido Emilio Martínez-Lázaro.

¿Cómo es 'Supernormal'?

-Es una comedia. Es una historia muy divertida. Miren se convierte en una mujer que lo tiene casi todo, pero quiere todo. Ella es la jefa de un banco de inversiones, está casada conmigo, tiene hijos? Es estupenda y pretende caer bien a todo el mundo, algo imposible y hasta aquí puedo contar. Bueno, puedo decir que soy un marido a la sombra.

Usted nunca tuvo la intención de ser actor y, sin embargo, tiene un currículo muy extenso.

-Es cierto, cuando yo lo miro también me sorprendo. Creo que esa extensión tiene mucho que ver con la edad que uno tiene. Voy sumando años y con ellos, sumo también títulos de películas, series y funciones de teatro. Pero a los actores, casi ningún currículo nos parece tan extenso como nos gustaría que fuera. Cuando miro lo que he hecho, lo que veo es que van cayendo los años.

¿Molesta?

-¿Qué caigan los años? No, por supuesto que no. Primero, no lo puedes evitar; segundo, significa que estás vivo, que sigues respirando, haciendo personajes y que hay gente que aún confía en ti para hacer un trabajo.

¿Nota la diferencia entre trabajar para una plataforma frente a una televisión en abierto?

-Hay diferencias, no cabe duda, pero más que como actor, más que como profesional del medio, lo veo como espectador, en cómo vivo la emisión de una serie. ¿Diferencias? Sí, claro el número de capítulos es menor por temporada, cada uno dura menos tiempo. Pero si lo miro como sujeto pasivo lo que significan las plataformas, estas han cambiado mucho la visión que puedes tener a la hora de consumir una serie.

¿Que la forma de consumir esté en manos del espectador ayuda a la serie?

-No sabría decirte. Por una parte, ya no hay esa especie de acontecimiento, ya no tienes que sentarte a una hora y en un día concreto para continuar una historia. No hay de por medio una semana entre capítulo y capítulo. Ahora, tú tienes el mando y tú te programas cómo ver una historia y cuánto quieres abarcar de ella en un tiempo determinado. ¿Ayuda a una serie? Pues no lo sé, sinceramente.

¡Cómo ha cambiado la televisión!

-Y que lo digas. Lo más curioso es que ha llegado una revolución en pocos años y casi no nos hemos dado cuenta. Simplemente, hemos cambiado los hábitos, pero también hay series que se pueden ver en abierto de la forma tradicional. Velvet ha acabado ahora, pero es curioso pensar que si alguien quiere verla dentro de dos años, también podrá hacerlo. Las series de las plataformas pasan a engrosar un catálogo, algo impensable no hace mucho tiempo.

¿Alivia que las series no duren 70 o más minutos, que las comedias sean de 25 y los dramas de 50?

-No sé si decir que alivia, pero sí que es un avance respecto a la estandarización de los tiempos que se usan en otros países. Quizá es un alivio en cuanto a agilidad y no acumulación de tramas innecesarias para llegar a un tiempo máximo. Ha habido series en las que se ha llegado a los setenta y pico u ochenta minutos, era prácticamente hacer una película semanal.

Eran las leyes de la ficción, ¿no?

-No lo creo. Los tiempos no los dictaban las leyes de la ficción, eran otras vicisitudes que hay que contemplar a la hora de hacer una serie.

Hay quien habla de burbuja de ficción, demasiada producción de series.

-No lo sé. Es algo que tiene que determinar el tiempo, los espectadores y el mercado. Pienso que nadie está preparado para determinar si hay una burbuja o no. Si fueran historias que desaparecen en cuanto salen al mercado, quizá te diría que pueden ser muchas para la capacidad de ingestión y digestión del espectador, pero como lo que se crea es un catálogo al que se puede acceder a lo largo del tiempo, pienso que lo de burbuja tal vez sea una consideración exagerada. Pero no hay certezas sobre esto y sobre otras cosas, el tiempo nos lo dirá.

Las series ahora tienen menos temporadas.

-Sí. Quizá cuando hablamos de superproducción lo hacemos por el número de títulos. Yo he hecho series que han durado hasta seis temporadas y hay algunas en emisión que están durando una eternidad. Hay más títulos, pero duran menos. Algunas series podrían alcanzar el formato de miniserie porque se emiten seis o siete capítulos y concluyen. Estamos en un momento en el que muchas reglas, muchos paradigmas están cambiando. La gente que hacemos estos productos no tenemos las respuestas. Se necesita espacio para ver cuál es carril y la dirección que cogen las plataformas. Como quien dice, estamos empezando.

¿Cómo consume usted una serie?

-Depende de lo que esté viendo. Hay series que me enganchan irremisiblemente y no puedes dejar de verlas. Otras te gustan menos y puedes verlas a cachos, cada día un capítulo?

El trabajo de muchos meses de preparación y rodaje para que se consuma en unas pocas horas, ¿no?

-Sí. Pero eso está en el ADN de lo que es una producción cinematográfica. Una película puede costar más de un año de rodaje y te lo liquidas en hora y media en un cine.

Todo el mundo tiene en su profesión unos referentes, ¿cuáles son los suyos?

-Te diría que sí, que siempre has tenido un modelo. Pero no podría ponerles nombre, los referentes van cambiando según tú avanzas en tu área profesional y en edad. En general, te diría que con el tiempo uno va idolatrando menos y respetando más, el tiempo hace que los brillos de cuando eres joven sean más superficiales. Con la edad he aprendido a apreciar cosas que no son tan evidentes. Pero que están ahí. Ahora admiro aspectos que quizá no valoraba cuando era más joven. No tengo como referente a nadie que me parezca que todo lo ha hecho maravillosamente bien.

Antes de convertirse en actor se matriculó en Derecho, ¿por qué escogió esta carrera?

-Es que yo no la escogí.

Ah, ¿el Derecho le escogió a usted?

-Formo parte de una generación en la que siempre se buscaba una salida laboral, Derecho tenía muchas. En aquellos momentos, no sabía que iba a hacer con mi vida.

¿Nunca se ha arrepentido por haberlo dejado?

-Nunca. Ahora tengo una profesión maravillosa, dulce y cruel a partes iguales, pero que me da adrenalina, un chute increíble para vivir. Me gustan mis personajes, les quiero a todos a los buenos y a los malos. Es una profesión que me hace feliz.

¿Incluso en los momentos malos?

-Dime una profesión que no tenga momentos malos por mucho que la elección haya sido vocacional. Cuando eres actor ya sabes que no vas a poder estar de vacaciones cuando te apetezca y que vas a tener que estar de vacaciones cuando las circunstancias lo digan y no te lleguen los proyectos. Lo sabes desde el principio. He tenido mucha suerte.