En las afueras de Mungia, en la comarca de Uribe, se alza hoy un edificio que parece haber permanecido siempre allí, dominando las suaves colinas y los prados cercanos al aeropuerto de Bilbao. Sin embargo, la historia del Palacio Urgoiti es mucho más compleja y singular. Es, en cierto modo, una historia de resistencia patrimonial: un palacio desmontado piedra a piedra, guardado durante décadas y reconstruido tres siglos después por los descendientes de la misma familia que lo levantó.
Esta crónica recorre su origen, su papel histórico y su influencia en la vida social y económica del entorno. El origen del palacio se remonta a finales del siglo XVII o comienzos del XVIII, cuando fue mandado construir por Miguel Vélez de Larrea en el barrio de Urgoiti, en la anteiglesia de Galdakao.
Desde su construcción estuvo ligado al linaje de los Adán de Yarza, una familia de gran relevancia en la historia política y social de Bizkaia. El palacio no era simplemente una residencia rural: era un símbolo de poder territorial y de prestigio social. En el sistema de las anteiglesias vizcainas, los linajes nobles ejercían influencia política y económica, y las casas palaciegas funcionaban como centros de gestión de sus dominios. El palacio dominaba estratégicamente los caminos que comunicaban los valles de Arratia y Zornotza, lo que facilitaba el control del tránsito comercial y político de la zona.
Durante siglos, el edificio fue testigo de reuniones políticas, encuentros sociales y acontecimientos ligados a la administración del territorio. Su propia arquitectura –sillería de calidad, balcones nobles y decoración barroca– reflejaba la posición de sus propietarios en la sociedad vasca de la época. A lo largo de los siglos XVIII y XIX, el palacio fue frecuentado por personajes influyentes de la política y la aristocracia. Entre los visitantes más destacados se encuentra el infante Carlos de Borbón, miembro de la familia real española, que pasó por el palacio durante sus recorridos por Bizkaia. También residieron o estuvieron vinculados a él figuras del propio linaje familiar, como Carlos Adán de Yarza, quien llegó a ser alcalde de Bilbao en el siglo XIX y fue un conocido defensor del fuerismo liberal.
Deténganse en esta curiosidad. En aquellos siglos el palacio funcionaba como una casa de acogida para viajeros de rango social elevado, autoridades y miembros de la aristocracia que transitaban entre Bilbao y los valles interiores. De hecho, muchos palacios vizcainos cumplían esta función: eran residencias privadas pero también espacios de representación política y social.
La parte más extraordinaria de la historia del Palacio Urgoiti no corresponde a una batalla en campo de sangre, no. Comienza en 1968. Ese año, la construcción de la autopista que conectaría Bilbao con Behobia obligó a expropiar el terreno donde se encontraba el palacio original. El edificio fue condenado a desaparecer.
Sin embargo, el propietario de entonces, José María Solano Gil-Delgado Adán de Yarza, tomó una decisión inusual: desmontar el palacio completamente y numerar cada piedra con la esperanza de reconstruirlo algún día. Las piedras fueron almacenadas cuidadosamente durante décadas. El plan era reconstruir el edificio en otro lugar.
En 1983, las devastadoras inundaciones que afectaron al País Vasco dañaron parte de las piedras y destruyeron parte de los planos del edificio, complicando enormemente su reconstrucción. Durante años, el proyecto parecía condenado al olvido..
Finalmente, tras décadas de espera, comenzó el proceso de reconstrucción. En 2004 se colocó la primera piedra del nuevo Palacio Urgoiti, esta vez en las proximidades de Mungia, cerca del aeropuerto de Bilbao. El trabajo fue casi arqueológico: las piedras numeradas se clasificaron nuevamente, se midieron y analizaron una por una y se reconstruyó el edificio respetando la traza original. El resultado fue una recreación fiel del palacio histórico, combinada con nuevas instalaciones destinadas a convertirlo en un hotel de lujo. Hoy el complejo cuenta con 43 habitaciones; salones de eventos; restaurante y bistró; un campo de golf pitch & putt e instalaciones para reuniones empresariales. Algo propio del siglo XXI.
El palacio se ha convertido en uno de los alojamientos históricos más singulares de Bizkaia. Su cercanía a Bilbao, al aeropuerto y al parque tecnológico de Zamudio lo ha transformado en un punto habitual para visitantes internacionales. Esto ha generado turismo cultural, eventos corporativos, bodas y celebraciones, competiciones deportivas en su campo de golf.
Precisamente el campo de golf y los jardines del palacio atraen regularmente a residentes de Bilbao y alrededores que buscan un entorno natural cercano para actividades deportivas y sociales. De este modo, el palacio se ha convertido en un pequeño centro de vida social en el área del Txorierri.
El caso del Palacio Urgoiti es además un ejemplo notable de conservación patrimonial. Pocos edificios históricos han sido desmontados completamente y reconstruidos décadas después por la misma familia que los edificó. Uno de los aspectos más singulares de Urgoiti es que sigue ligado al mismo linaje desde su fundación. La familia Adán de Yarza ha mantenido el control del edificio durante más de tres siglos, algo muy poco frecuente en la historia de los palacios vascos.