Hoy en día, en que muchos viajeros buscan conocer muchos países en el menor tiempo posible, tienen la posibilidad de hacerlo en el sexto parque natural marino de Francia: la bahía de Arcachon, una auténtica joya del patrimonio natural y cultural francés. Pero, eso sí, han de dejarse contagiar por su ambiente calmado, al ritmo de las mareas.

Vista de la Duna de Pilat. Gregory Cassiau

La brisa marina y los senderos ralentizan el tiempo a cada paso. La bajada y subida del océano Atlántico brinda, aunque suene extraño, la ocasión de vivir muchos destinos en uno. Como dicen los arcachonnais, ¿por qué viajar a Nueva Caledonia para ver el corazón de Voh, si en Truc Ver hay uno similar? ¿Por qué ir a Canadá para ver sus lagos, si tienen aquí el lago Cazaux? ¿Por qué ir a Namibia para ver las famosas dunas de Namib, si en Arcachon tienen la de Pilat? Sí, todo el mundo sabe que Hawai es Hawai, pero en las playas oceánicas ¡también hay olas!

Parece una exageración decir que en la bahía de Arcachon hay de todo, pero dejémoslo, como dice un conocido anuncio televisivo, en “casi de todo”. Más allá de sus largas y suaves playas, el viajero puede encontrar un territorio idóneo para unas originales vacaciones, tenga las preferencias que aquél tenga. Desde propuestas relajantes hasta rutas y actividades muy dinámicas. Para empezar, digamos que la bahía es como una isla al revés que, en menos de 80 kilómetros, se descubre un pequeño mundo. Porque viajar no es otra cosa que dar una oportunidad a la capacidad de sorprenderte.

Mirador del Teich. Cedida

La Duna Pilat

A la entada de la bahía de Arcachon ya impresiona encontrarse de frente la Duna Pilat, la más alta de Europa y con 40 siglos de historia. Impacta tanto por su tamaño (2,9 km. de longitud, 101 metros de altura y 616 metros de anchura) como por las magníficas vistas que desde ella se pueden contemplar; desde la propia bahía hasta el faro de Cap Ferret y el interminable bosque Teste de Buch a nuestras espaldas.

La Duna Pilat es un paraje natural cargado de exotismo y majestuosidad. Da la impresión de que todo el mundo conoce en qué consiste este fenómeno. Sin embargo, encierra muchos secretos que los que sólo se limitan a subir a su cumbre no pueden adivinar.

Con la ayuda de catalejos y un guía, se puede descubrir la cara oculta de la duna, y, al anochecer, brota la magia del momento. La Duna Pilat no puede quedarse quieta. El viento la desplaza 5 metros al año hacia el macizo forestal interior, lo que es objeto de un seguimiento científico. La naturaleza revela sus secretos más profundos a quien esté decidido a descubrirlos. Por cierto, ¡hay escaleras para subir a la duna!

Mercado de Arcachon. Gregory Cassiau

Recorrer Arcachon

El viajero a la bahía de Arcahon, en cuanto a medios, no tendrá nada que envidiar a los que el escritor francés Julio Verne, puso a su disposición en su obra Le Tour du monde en quatre-vingts jours. Para visitar la bahía de cabo a rabo, hay más de 300 kilómetros de ciclovías, carreteras para recorrerla en automóvil, ferrocarril, a pie, a caballo, o ir cruzándola en uno de los barcos de la Unión des Batteliers, deteniéndose donde a uno más le interese.

Sin abandonar el área inicial, es interesante rodear las llamativas cabañas sobre zancos (pilotes) con un barco turístico, un kayak de mar, velero, o bote colectivo. La marea alta convierte la bahía en un mar interior ideal para practicar la vela o paddle surf o hacer simples paseos en barco. O bucear para encontrar caballitos de mar. O descansar al completo en algunas playas bien escondidas como las de Triangle de Pereire en Arès, Jane de Boy, en Lège-Cap Ferret, o Suzette, en Lanton, entre otras muchas, para relajar, simplemente, la mirada frente al mar. Porque estar de vacaciones también significa no tener nada que hacer y todo el tiempo para hacerlo.

Chapelle de la Villa Algérienne, en la localidad de L'herbe. Cedida

Sabores del mar

En función de la bajada y la subida del océano Atlántico, la bahía también ofrece muchas otras oportunidades: subirte a bordo de los barcos de los ostricultores, previa gestión, y vivir con ellos esta curiosa experiencia. Con la marea baja aparecen los bancos de arena, los criaderos de ostras, y los pescadores a pie que tiran la caña en la zona intermareal.

Si te apetece saborear las ostras también puedes dirigirte al barrio de los pescadores de los pueblos ostrícolas de L´Herbe y Le Canon. Y desde Arcachon o Andernos-les Bains, los barcos taxis o lanzaderas periódicas también te pueden llevar directamente a ambos puertos.

Turistas participando en la pesca. Cedida

O, sin apenas moverte, puedes visitar la Casa de las Ostras en el puerto de Barros, para descubrir todo sobre esta perla de la bahía en su propio museo.

Como se sabe, estos moluscos marinos con organismos filtradores son capaces de producir perlas. Otros sabores auténticos de la huerta y del mar, sublimados con pasión por productores y restauradores de los alrededores, son el caviar, la cerveza local, el agua mineral de las Fuentes de Abatilles, el lenguado, la sepia, las almejas, las setas, y la famosísima y suculenta salicornia, conocida como espárrago de mar, que crece en la zona costera de la bahía. Es todo tan apetecible, que mi recomendación personal es: come lo que quieras y deja que la comida se pelee en tu interior…

Casas de colores en el puerto de Audenge. Gregory Cassiau

Belleza interior

Son doce los pueblos con encanto imprescindibles de visitar. Nadie debería dejar de pasear por las florecientes calles de la parte alta de la ciudad de Arcachon para admirar las hermosas villas del siglo XIX y la iglesia de Notre-Dame-des-Passes (1863) en el barrio Moulleau, con la estatua de la Virgen de Adviento, uno de los escasos ejemplos de la Virgen embarazada.

Asimismo, los amantes de la arquitectura descubrirán en Ryla-sur-Mer las villas art déco y el estilo neovasco, asi como el barrio de Taussat en Lanton o Ardenos, tras las huellas de la actriz Sarah Bernhardt.

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Salirte de los senderos trillados, descubriendo los prados de Domaine de Certes y de Graveyon, en Audenge, en los embalses de Piraillan o en la reserva natural de Los Prados, es otra atractiva opción. Sin olvidarte de conocer el lago Cazaux, lo que te ahorra un viaje al Canadá. Es intrigante también sumergirte en el arte local visitando la Cabaña de las artes, en Lanton. Allí pintores, escultores y artesanos exponen obra durante todo el año, con la garantía de que si adquieres un cuadro no tendrás que dudar de qué lado deberás colgarlo.

Resultaría prolijo enumerar en un solo artículo todo lo que se puede hacer en la bahía de Arcachon y no sólo en período vacacional. Todos los centros urbanos, hoteles, comercios y mercados están animados y pletóricos de actividad ¡todo el año!