Los socialistas de Galicia han dado la voz de alarma sobre el retroceso que experimenta el uso de su lengua propia en la comunidad, que está en peligro “no por muerte natural, sino por una decisión política” y por el abandono institucional del PP en 17 años al frente de la Xunta. Los socialistas, bajo el liderazgo de José Ramón Gómez Besteiro, abrieron este lunes la semana de las Letras Galegas y lo hicieron celebrando un coloquio con los socialistas de Euskadi y Catalunya, con la intención de mirarse en el espejo vasco y catalán y aumentar el uso de la lengua propia en ámbitos como la docencia, la industria y el ocio, y para subrayar las “diferencias siderales” que existen entre Galicia y la inversión por habitante que realizan estos gobiernos autonómicos. Se da la circunstancia de que en ese coloquio estuvo el PSE, representado por Pau Blasi, una participación que se produce en pleno disenso con el PNV por la aspiración de los jeltzales de blindar el euskera como requisito de acceso al empleo público. 

En sentido estricto, no supuso realmente una contradicción, porque Blasi no defendió en Galicia nada que no defienda en suelo vasco, e insistió en que el euskera ya está “totalmente asentado” en la administración. Y acudía precisamente para lanzar ese mensaje, porque el PSdeG pone como modelo a Euskadi y Catalunya. No obstante, sí puede generar curiosidad que el PSE compartiera un coloquio donde sí se denunció la judicialización contra el gallego en las aulas o el modelo de inmersión lingüística. En suelo vasco, el PSE no comparte que exista una judicialización del euskera en las ofertas de empleo público, aunque los socialistas no admiten paralelismos con el caso gallego por el nivel de conocimiento o dificultad de cada lengua, y llevan semanas denunciando la propuesta del PNV como un ataque a los derechos laborales de las personas que se quieran presentar en el futuro a una OPE.

En el coloquio de este lunes se lanzaron mensajes como que “debemos volver a patrimonializar el gallego” y “no verlo como una bandera”. Y hubo duras críticas al PP por su contradiplomacia para impedir el reconocimiento de otras lenguas en la Unión Europea, o por su “retroceso” a la hora de fijar posición sobre la pluralidad lingüística del Estado español. Es decir, el obstáculo a batir en este caso fue el PP y su inmovilismo frente a la promoción de las lenguas que no sean el castellano.

"Tratar de imponer una sola mirada es contrario a la democracia"

Desde el PSE, Pau Blasi puso en valor el nivel de conocimiento del euskera a nivel social entre los vascos, y que está “totalmente asentado” en la administración pública de la CAV, y centró sus dardos en el PP, porque está obstaculizando el reconocimiento de las lenguas oficiales en las instituciones europeas para hacer bandera de esta cuestión, según recogió Efe. 

Las declaraciones enviadas por los socialistas gallegos reflejan que Pau Blasi defendió “el éxito y la consolidación de una lengua sobre la que también hay discursos apocalípticos cada vez que se toma alguna medida de impulso”, y reivindicó la Ley de Euskera de 1982 pactada entre los socialistas y el PNV como columna vertebral del modelo asentado que rige en la actualidad. Blasi criticó el viraje del PP y sus impedimentos en Europa, y avisó de que “tratar de imponer una sola mirada, una sola cultura, una sola lengua es algo totalmente contrario a la democracia”.

En este coloquio se recordó el caso de Irlanda, que no consiguió el reconocimiento del gaélico en la Unión Europea hasta hace 20 años, y los socialistas alentaron la idea de que el euskera también tenga éxito aunque haga falta tiempo. El ministro Albares intenta convencer a los estados dudosos porque, en teoría, en este momento no hay ninguno que esté en contra del reconocimiento. En el encuentro en A Coruña, los socialistas gallegos, por su parte, pidieron un nuevo pacto por la lengua, y denunciaron un agravio comparativo con los esfuerzos que realizan las instituciones públicas en la CAV y Catalunya: Galicia invierte entre 5 e 7 euros por habitante en política lingüística, frente a los 30 o 35 de Catalunya y los 90 de Euskadi, según dijo Gómez Besteiro. “Quince veces más que nosotros”, se lamentó el socialista.