Mientras el mundo contiene el aliento y afronta con estupefacción y preocupación las asechanzas de Donald Trump para hacer saltar por los aires el orden internacional y construir uno hecho a su imagen y semejanza, sin reglas, y en el Estado español el Gobierno de Pedro Sánchez se desangra con los escándalos de corrupción y trata de evitar el naufragio de la legislatura por las deserciones en el bloque de investidura, la izquierda a la izquierda del PSOE se moviliza para, una vez más, tratar de poner orden en ese espectro y acabar con el desbarajuste organizativo y la sopa de letras en el que se diluyen las marcas y siglas que la integran: la coalición Sumar integrada por el Movimiento Sumar (el partido de Yolanda Díaz), Izquierda Unida (IU), Más Madrid, Comuns, Compromís de Valencia, la Chunta Aragonesista (CHA) y Més per Mallorca, a los que hay que añadir Podemos, que abandonó la confluencia por sus diferencias con Yolanda Díaz.
Los diferentes partidos o movimientos de la izquierda confederal se han puesto manos a la obra para armar una candidatura unitaria con la que medirse al PSOE en las próximas elecciones generales de las que podrían salir fortalecidos PP y Vox, según la mayoría de los sondeos. El primer y principal obstáculo a superar será el cainismo político que siempre ha devorado a este bloque, y que ha dinamitado el diálogo entre actores políticos y la unidad de acción en ese ámbito. En la mayoría de los casos las divergencias se han escenificado como una lucha fratricida por el poder o los recursos con ataques personales, desprecio hacia compañeros afines y grandes dosis de animadversión entre los agentes implicados.
La precampaña para las elecciones autonómicas de Aragón el próximo 8 de febrero es un botón de muestra de la incapacidad de anteponer los proyectos a los nombres y finalmente la izquierda alternativa al PSOE se presenta a las urnas fragmentada en tres listas (Podemos, IU y Chunta Aragonesista), incapaz siquiera de repetir la fórmula de unidad ensayada en Extremadura que le dio unos buenos resultados, doblando su representación anterior. En Andalucía, con vistas a las autonómicas de junio, también se ha producido un rechazo de la dirección de Podemos para revalidar la coalición con el resto de partidos de izquierda.
Es el viejo pecado de la izquierda, un rasgo histórico que persiste en la política española y que le aboca a fracasos continuos, como en la actual legislatura bloqueada por falta de mayorías en el Congreso: frente al dogmatismo de la izquierda que acaba en la confrontación cainita, emerge el pragmatismo de la derecha que aprovecha la coyuntura para crear alianzas a base de fijarse en lo que les une y despreciar lo que les separa o diferencia, para hacer bueno el viejo adagio de que la política es el arte de lo posible.
Poco más de diez años después del Movimiento del 15-M que tanta ilusión despertó en el ámbito de la izquierda, el asalto a los cielos que proclamó su líder Pablo Iglesias, cofundador de Podemos, ha dejado paso a una izquierda alternativa al PSOE más desunida que nunca, desperdigada en un racimo de siglas, muchas de ellas enfrentadas, divididas y con purgas internas y con un peso político muy menguado y una proyección y una capacidad de influencia muy limitadas.
Sumar y podemos
En este contexto tan poco alentador ha aparecido en escena el líder de IU, Antonio Maíllo, tratando de agitar el tablero e incitar un debate sobre la necesidad de construir una nueva alianza a la izquierda del PSOE para las próximas elecciones generales, sin el paraguas del proyecto político de Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda del Gobierno español y ministra de Trabajo trata de mantenerse en la cúspide de su movimiento, pero cada vez son más los que desde dentro cuestionan tanto su liderazgo del movimiento como el papel de Sumar en el Gobierno español de coalición con el PSOE.
El más refractario a Díaz es Podemos, con Pablo Iglesias operando desde la sombra y Ione Belarra e Irene Montero como cabecillas del partido que abandonó el bloque de investidura que apoya en el Congreso al Gobierno de coalición PSOE-Sumar por sus discrepancias políticas.
La deriva de Podemos en los últimos meses hace muy difícil cualquier aproximación a una alianza en la que Yolanda Díaz y su Movimiento Sumar son la piedra angular. El debate está lanzado y, aunque la legislatura natural expira en 2027, se antoja poco probable que Sánchez pueda terminar su mandato el año que viene ante la fragilidad parlamentaria de su gobierno y los casos de corrupción que le rondan. Todos los partidos, también los de la izquierda confederal, ya engrasan sus maquinarias para un posible adelanto electoral.
Estas formaciones están decididas a configurar una nueva coalición para los próximos comicios con un modelo de relación más horizontal y la posibilidad de nuevas incorporaciones. Todos los partidos de Sumar, pero principalmente los que integran el Ejecutivo de coalición junto al PSOE (Movimiento Sumar, IU, los Comuns y Más Madrid), llevan tiempo explorando un nuevo acuerdo. Coinciden en la necesidad de volver a ir juntos para plantar cara al PP y a Vox, pero no han trascendido fórmulas concretas cerradas ni nombres de candidatos o candidatas sobre la mesa. En esas conversaciones también se incluye a Podemos, a pesar de que las partes ven prácticamente imposible un acuerdo con los morados.
COALICIÓN ELECTORAL
Sumar. La coalición Sumar está integrada por Movimiento Sumar (el partido de Yolanda Díaz), Izquierda Unida (IU), Comuns, Más Madrid, Compromís de Valencia, la Chunta Aragonesista y Més per Mallorca. La coincidencia en el nombre delpartido y de la coalición genera confusión entre la opinión pública e impide su identificación.
IU pone condiciones. Tras un periodo de perfil bajo, en los últimos meses Izquierda Unida trata de sacar la cabeza y coger protagonismo público para reivindicar su espacio en el bloque de izquierdas y su visión y criterios sobre la futura entente.
Comuns, compromís, cha y més. Formaciones periféricas de izquierda actualmente integradas en la confluencia Sumar. A ellas se le suma Más Madrid, el partido liderado por la ministra de Sanidad, Mónica García.
Podemos veta a sumar. La presencia de Movimiento Sumar en esa coalición permanente lanza un mensaje a Podemos, que ha rechazado volver a concurrir con el partido de Yolanda Díaz o con sus dirigentes tras su ruptura en diciembre de 2023, exigiendo el veto a Sumar como condición para sellar cualquier pacto electoral.
Liderazgo de Díaz
Algunos partidos ya han hecho públicas parte de sus propuestas y, por ejemplo, Maíllo ha abogado por poner otro nombre a la confluencia para así no confundir la coalición Sumar con el partido Movimiento Sumar. Pero la petición de cambio de nombre no es nueva y el cuestionamiento de Sumar por parte de IU tampoco.
El dirigente de Izquierda Unida aboga por poner en marcha un proceso político en el que se impliquen el conjunto de organizaciones, sobre la base de un acuerdo programático, bajo el paraguas de un nombre diferente a la de las organizaciones, para que no vuelva a ocurrir la confusión del todo por la parte: Movimiento Sumar se mezcla ahora con la confluencia Sumar”.
En la actualidad, la gran baza de Sumar sigue siendo el hecho de formar parte del Gobierno de coalición con el PSOE, pero el proyecto político que gestó la vicepresidenta ha ido resquebrajándose con el tiempo. Por un lado, Díaz renunció al liderazgo del partido Movimiento Sumar tras el fracaso de la formación en las elecciones europeas de 2024 y no ha aclarado aún si repetirá como candidata en las próximas generales.
Por otro lado, en lo que llevamos de legislatura ha habido algunas disputas dentro del grupo parlamentario Sumar. Por ejemplo, Compromís se dividió en dos por sus diferencias con Sumar y una diputada pasó al grupo mixto. Y tanto la Chunta Aragonesista como Més han amagado en alguna ocasión con dejar también la coalición.