Bilbao. El ruido y la furia. El hartazgo y la necesidad de expresar este malestar. La segunda manifestación de la Ertzaintza convocada durante el mandato de Rodolfo Ares en el Departamento de Interior volvió a congregar ayer en Bilbao a un colectivo que ha dicho basta. Los mismos agentes que mañana se ocuparán de velar por la seguridad durante la huelga general -que no tienen derecho a secundar- se echaron a la calle para cumplir un doble objetivo: denunciar los recortes de sus derechos laborales, y apoyar las movilizaciones contra las reformas del Gobierno de Rajoy.
Tras el éxito de participación de la manifestación del 15 de marzo del año pasado -que los convocantes cifraron en 3.000 personas-, varias diferencias fundamentales caracterizaron la protesta de ayer. En primer lugar, la unanimidad de todos los sindicatos a la hora de respaldar la movilización -si bien CC.OO. no convocó la marcha como el resto, sí apoyó su celebración y la secundó, aunque sin emblemas visibles-. Después, la elevación del objetivo de las críticas, que ya no se quedan en el consejero de Interior, sino que se extienden al Gobierno vasco y el lehendakari Patxi López. Por último, el motivo de la protesta, una amalgama que incluye desde el incumplimiento de acuerdos hasta los recortes generalizados y la situación de precariedad imperante.
La convocatoria llevada a cabo por ErNE, ELA, ESAN, Sipe y Euspel era a las 10.00 de la mañana en la plaza del Arriaga. Lo temprano de la hora obedecía al intento de facilitar que los agentes que trabajaban de tarde pudieran acudir; de igual forma, se lograba que los que habían salido del turno de noche no tuvieran que demorarse para iniciar un merecido descanso. Esa fue una de las claves del éxito de participación: conseguir que todo aquel que pudiera acudir, lo hiciera.
Con las limitaciones propias de los estrictos calendarios de trabajo, pronto resultó evidente que se había igualado la marca de 2011. Una vez se copó el tramo entre la Plaza Circular y la Plaza Moyúa, portavoces sindicales apuntaron que incluso se superó, llegando a los 3.500 agentes. Tras concluir la protesta frente a la sede del Gobierno vasco en Gran Vía, el entusiasmo se desbordó y la cifra oficial se situó en 4.000 personas, citando fuentes de la Policía Local, que escoltó a los ertzainas durante el recorrido.
La marcha resultó quizás menos vistosa que la del año pasado -faltaron los disfraces, las caretas del consejero y las proclamas ingeniosas-, pero fue sin duda ruidosa. Silbatos, bocinas y sirenas atronaron durante el trayecto, haciendo casi inaudibles los puntuales eslóganes. Algunos de ellos, como "no hay pan para tanto chorizo" y "no falta dinero, sobran ladrones", se tomaron prestados del movimiento 15-M. Pero, sobre todo, se gritó contra los recortes, en consonancia con el lema de la pancarta que presidía la marcha y que portaban los sindicatos convocantes: Murrizketarik ez, inposaketarik ez-No a los recortes, no a las imposiciones.
Tras ellos, la multitud, salpicada de banderas de las propias centrales, pegatinas, mascarillas sanitarias -"cuida tu salud, que no te contaminen", explicó un portavoz-, chalecos reflectantes -de los agentes de Tráfico-, unas pocas caretas e incluso alguna txapela roja. De forma ordenada, ante la curiosidad de los viandantes y con un final apoteósico frente a la sede del Gobierno vasco. Un portavoz de ErNE dio lectura a un comunicado -casi sin voz, como consecuencia de las múltiples charlas que se han realizado en las comisarías para llamar a la participación- y un manifestante encendió incluso una bengala.
Punto y aparte "Esperamos que esto sea un punto de inflexión y que la situación se reconduzca", explicaba, satisfecho, uno de los convocantes. Éstos exigen que se retire el decreto 9/2012 del Gobierno vasco que recorta el salario de los trabajadores de la administración pública vasca, la línea telefónica establecida para que los agentes comuniquen sus bajas -so pena de perder los complementos- y los calendarios de trabajo impuestos. Asimismo, reclaman que se respeten los acuerdos laborales en vigor.