En imágenes: la final de la Investec Champions Cup de rugby, en imágenesGaizka Portillo
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Todo el mundo alaba la capacidad ofensiva del Bourdeaux Bègles. Biaelle-Biarrey, un joven de caminar desgarbado pero carrera elegante, volvió a subrayar este sábado esa característica. Cada vez que el metrónomo Jalibert pateaba, y la chichonera color rosa ácido del ala cogía velocidad de crucero, se le paraba la respiración a la tres cuartos del Leinster. En San Mamés buscó como un cohete unos cuantos misiles de los que manda su impecable medio de apertura. No tuvo fortuna. Pero cazó un pelotazo extraño de su zaguero, Rayasi, en una jugada de rebotes. Y plantó el oval bajo los palos.
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Ensayó un par de veces en la final el actual pasmo del rugby mundial. Pero, sobre todo, amenazó en los espacios. Da miedo sin balón. Con balón, pánico. No lo parece. Un larguirucho sin las masas musculares de los velocistas. Pero alcanza los 38 kilómetros por hora. Y es capaz de bailar a esa velocidad. También se dedicó a otra cosa Bielle-Biarrey. Placó mucho. A su estilo. A toro pasado. Pero haciendo caer al atacante. Para mover cajas torácicas con el hombro ya está Moefana. Además, Bielle-Biarrey se empleó en correr sin descanso de lado a lado, en paralelo su línea, dispuesto a tapar cualquier hueco.
Así fue cómo ganó su segunda Champions de rugby la manada de Yannik Bru. Defendiendo. Cierto que atacan igual que los ángeles, pero ¡Cómo defienden! La tremenda delantera del Leinster, el orgullo de Dublín, se estrelló una y otra vez contra la muralla girondina. Los Sheehan, Doris, Clarkson chocaron sin descanso. Al ras. Baloncito corto. Otra vez. Son unos ases en ese tipo de juego. Embiste uno. Y el siguiente. Las camisetas blancas combinadas con azul y amarillo se volvieron arietes en la línea de cinco bordelesa. Cada centímetro costaba mucho sudor. Y hasta algo de sangre. El Burdeos mostró una firmeza inquebrantable. No sintió el abismo de su propia línea de marca tras los talones jamás.
BORDEAUX BÈGLES: Poirot, Lamothe, Sadie, Palu, Coleman, Bochaton, Woki, Gazzotti; Lucu (C), Jalibert, Bielle-Biarrey, Moefana, Penaud, Uberti, Rayasi.
LEINSTER: Porter, Sheehan, Clarkson, McCarthy, Ryan, Conan, van der Flier, Doris (C); Gibson-Park, H. Byrne, Ioane, Henshaw, Ringrose, T. O’Brien, Keenan.
Ensayos 0-5 Min. 9 O’Brien- 0-7, transforma Byrne. 5-5 Min. 13 Lucu- 7-7 transforma Lucu. Min. 16 Uberti 12-7. Transforma Lucu para 14-7. Min. 24 Bielle-Biarrey 19-7 para que Lucu transforme el 21-7. Min. 24 Bielle-Biarrey 26-7 para que Lucu transforme el 28-7. Min. 41 Moefana 33-7 para que Lucu transforme el 35-7. Min 45 McCarthy 35-12. Min. 60 Lucu transforma un golpe de castigo, 38-12. Minuto 64 Lucu transforma un golpe de castigo, 41-12. Min 71 ensayo de Ringrose 41-17.
Árbitro: Karl Dickson (Inglaterra). Asistentes: Christophe Ridley y Hollie Davidson.
Incidencias: Final de la Champions Cup disputada en San Mamés ante 52.327 espectadores, según datos oficiales.
Además, el Leinster siempre salió en socorro de la defensa gala. Desde el primer balón pateado por Jalibert en los albores del encuentro, que Henshaw agarró como si se tratara de un cerdo engrasado y, como tal, se le escapó. Se repitió a lo largo de toda la final. Seguramente debido a la presión francesa, el Leinster perdió balones en ataque. Algunos, en la línea de cinco francesa. A punto de ensayar. Se les cayeron. O dejaron que se quedaran injugables y cambiaran de mano. O Moefana se los llevó. Como un tiro. Así fue como ensayó bajo palos.
Bien avanzado el primer tiempo, cuando ya empezaba a convertirse en el hombre del partido, Maxime Lucu detuvo al gigante MacCarthy sujetándole por la parte trasera del cuello de la camiseta. Más por el corte de pelo a lo Braveheart del irlandés que por voluntad de Lucu, el agarrón también afectó a parte del cabello. El árbitro inglés Karl Dickson mandó al medio melé de Iparralde al banquito de pensar durante ocho minutos. El Burdeos aguantó todo lo que restaba de primera parte con Jalibert en el puesto de apertura-medio melé. Aún así, Leinster solo consiguió un ensayo, del propio McCarthy tras una brava oleada de toma el balón y carga.
Segunda parte
Con la segunda mitad regresó Lucu de la sanción temporal. Y los franceses decidieron empezar a tirar los golpes de castigo a palos. Nada de épica. Tres puntitos. Maxime, que dirigió a su delantera como un pastor, y marcó el ritmo, se mostró infalible. Transformó incluso desde el círculo central que se adivinaba en San Mamés, pero desde su campo. Cincuenta metros.
En lo que restaba de partido, Jalibert usó el juego al pie con muchísima mala intención. Y renunció a tratar de encontrar el intervalo. Solo lo hizo una vez durante los 80 minutos. La prioridad era defender. Los de Bru hicieron todo lo que daña. Robaron alguna touche. Pusieron a girar como una peonza una maule irlandesa muy dentro de la 22 del Burdeos. Y ganaron muchos metros con sus propias maules.
Fatiga
En la agonía del encuentro, que como el de este sábado en San Mamés se fue deshilachando a medida que el calor se acumulaba al cansancio, cayó lesionado el tercera bordelés Woki. Poco después, el pilier Ugo Boniface, que llevaba solo unos minutos sobre el césped, cargó innecesaria y peligrosamente en una melé abierta. El árbitro le mandó al banco.
Ni así pudo el Leinster generar una sensación de peligro palpable. Gozaron los de Leo Cullen de una touche muy cerca de la zona de marca francesa en el minuto 79. Maquillaje para el luminoso. Perdieron el oval. Y Rayasi pateó a la grada para apuntillar la final. Hacía un par de minutos que los galos celebraban la victoria con la grada. Cada vez sonaban más a menudo los coros con estrofas de la Marsellesa.
La tarde destinada a subir al Olimpo del rugby definitivamente a quien ya es la más joven leyenda del oval, Bielle-Biarrey, se convirtió en la de la justicia para Maxime Lucu. Un esforzado de la bisagra, siempre a la sombra del inmenso Antoine Dupont. En la final no solo guio con acierto a su equipo a pesar de tener enfrente a un crack como Gibson Park, ensayó, defendió como todo Burdeos, y transformó lo que tiró a palos. Estelar.