Ovidio en su Metamorfosis cuenta la historia del ser más hermoso de la tierra, un joven que enamoraba tanto a hombres como a mujeres, pero de un corazón tan frío que despreciaba a todos los que se enamoraban de él. Fue en unas aguas cristalinas donde Narciso enamorado de su propio reflejo tratando de alcanzarlo murió ahogado, según la leyenda mitológica. 

La medicina occidental ha sido influenciada por la civilización griega, empezando por Hipócrates, además de usar muchos de sus términos, también ha usado su mitología para definir patologías. Entre mitos y ritos se va desarrollando la historia. En el Manual de Diagnóstico de trastornos mentales, está incluido el trastorno de personalidad narcisista (TPN). Este trastorno se caracteriza por una necesidad excesiva de constante admiración, de la grandiosidad de las cosas que hace, con un sentido exagerado de la autoimportancia, fantasías de éxito ilimitado, un falta de empatía y una actitud altiva y arrogante hacia los demás, por dar solo algunos matices del TPN. Como en muchas de las patologías en medicina no hay un solo universo y existen muchos tipos de personalidades narcisistas. Por un lado están aquellos que conducen a la creatividad y del otro aquellos que son más sombríos y que conducen hacia la maldad. Todos somos tal vez narcisistas en potencia. Quien no tenga algún rasgo de narciso que tira la primera piedra.

Ya en 1979, Christopher Lasch publicaba su análisis sobre la cultura del Narcisismo Culture of Narcissism: American Life in An Age of Diminishing Expectations. En este libro, C. Lasch presenta una visión psicosocial de la vida y sociedad norteamericana, absorta en la contemplación y adoración de sus propia imagen. Con su análisis de la sociedad moderna, cuestiona la posibilidad de progreso entendido como la utopía capitalista. Es, sin duda, un análisis basado en una ideología marxista, seguramente por eso está tan ignorado y despreciado en los EE.UU. Pero no por eso ha dejado de ser actualidad. Su forma más posmoderna podríamos definirla como narcinismo, donde la imagen domina sobre el pensamiento o cualquier reflexión un poco seria sobre determinados temas.

Más recientemente dos publicaciones francesas por dos psiquiatras Michel Schneider, (Miroirs des princes: Narcissisme et politique) y Jean Cottraux (Tous narcissiques), argumentan que todos los hombres políticos tienen marcados rasgos narcisistas. Los autores repasan algunos de los políticos franceses contemporáneos e internacionales. Y donde uno de ellos concluye que una política del narcisismo es una ruina material y moral. En estas obras se describen los claroscuros de la política moderna y sus derivas psicopatológicas. En su metáfora de los espejos, los líderes políticos reflejados en él permiten ver sus actos, pero nadie los cuestiona. Los autores repasan los escándalos políticos más recientes de Francia como DSK, Sarkozy y el ministro de Economía Cahuzac, que luchan más para salvar su imagen que salvaguardar los compromisos políticos que habían adquirido cuando fueron elegidos democráticamente. Un ministro de Economía con cuentas secretas en Suiza fue juzgado y condenado. 

La megalomanía no es reconocida como trastorno psiquiátrico, sin embargo, está asociada con los trastornos narcisista y los episodios maniacos del trastorno bipolar. Cuando esta característica personal llega a su grandiosidad extrema estas personas se ven invencibles, son muy poco autocríticos, impulsivos y temerarios, se creen capaces de imponer su voluntad en cualquier ámbito y situación. Son bien conocidos los personajes históricos megalómanos como Napoleón Bonaparte o Adolfo Hitler y la historia y las consecuencias que trajeron sus delirios de grandeza. 

El caso del presidente W. Wilson Freud era una gran admirador del presidente de EE.UU. W. Wilson (un presidente que se creía también elegido por la mano de Dios) pero que acabó decepcionándole por el nuevo orden mundial que impuso el presidente Wilson después de la Primera Guerra Mundial. Sigmund Freud y William C. Bullitt (diplomático americano) realizaron un estudio sobre sobre el presidente estadounidense titulado Woodrow Wilson: A Psychological Study y fue publicado póstumamente en 1966. Combinando el psicoanálisis freudiano con el análisis histórico y político, intentaban comprender la personalidad y las motivaciones de Wilson. Según los autores los rasgos del presidente eran: un narcisismo exacerbado con una personalidad egocéntrica que lo llevó a adoptar un enfoque moralista y rígido en sus decisiones políticas, unas relación conflictivas con su padre, un idealismo excesivo y un deterioro físico y psicológico. Denostado en su propio país, fue uno de los impulsores de las Naciones Unidas y un palacio de congresos en Ginebra lleva su nombre además de una de las riberas del lago Leman. 

En este análisis de la personalidad de W Wilson Freud concluye con lo siguiente: “Locos, visionarios, víctimas de alucinaciones, neuróticos y lunáticos han desempeñado grandes papeles en todas las épocas de la historia de la humanidad. Son, a menudo, precisamente los rasgos patológicos, el refuerzo anormal de ciertos deseos, la entrega a una sola meta sin sentido crítico y sin restricciones lo que les da el poder para arrastrar a otros tras de sí y sobreponerse a la resistencia del mundo”. Sigmon Freud escribió esto hace ya más de un siglo. Parece que sigue siendo relevante hoy en día. 

Como decía Xavier Mas de Xaxas en un articulo de La Vanguardia sobre el amor y la compasión , “los lideres narcisistas megalómano quieren ser amados pero también temidos”. 

En las últimas ocurrencias de la administración de los EE.UU., no contento con ver su nombre en letras doradas en sus hoteles, de poner el nombre de su presidente en todos los acuerdos de paz que dice haber impuesto, (la paz no se impone nunca, solo la derrota) en ocho guerras, se ha impuesto su nombre delante del centro cultura J..F Kennedy, se ha bautizado los nuevos barcos con su nombre, el corredor comercial de Armenia y Azerbaiyán también lo tiene como apellido, el instituto de la Paz en WDC también lleva su nombre, el nuevo avión que está en planes el F47 en su honor, las cuentas Trump para el ahorro de los niños, además de toda las organizaciones empresariales que llevan su nombre. La última propuesta es incluir su rostro en las montañas de Rushmore con los otros cuatro antiguos presidentes. 

Vivimos en tiempos donde los narcisistas y megalómanos dominan la política internacional, no solo en los países occidentales. Las lista es larga y va desde el Extremo Oriente, hasta algunos países latinoamericanos. Existe el riesgo cada vez mayor que nos conduzcan, no hacia la Arcadia soñada, si no hacia un mundo distópico, falso y artificial. Sin descartar que su narcisismo y megalomanía nos lleve a otras nuevas guerras. 

Alguno ya sueña con obtener el premio Nobel de la Paz 2026 aunque parecía un niño con zapatos nuevos cuando Corina Machado le regaló la medalla del Nobel de la Paz que recibió en 2025. Dudo que le diese el dinero que acompaña al premio. Y nada es imposible.