Elogio de la vieja política

Ocurre que la política no impregna la sociedad, ni siquiera la condiciona. Parece ser que ha generado más sensibilidad en relación a la violencia contra la mujer un programa de televisión sobre Rocío Carrasco que el trabajo esforzado de las organizaciones feministas o de las Leyes Integrales contra la violencia de género

11.06.2021 | 09:32
Elogio de la vieja política

SURGEN estas reflexiones al observar con sorpresa cómo sectores de la derecha política y judicial han amagado con la reapertura del caso GAL.

Estos crímenes cometidos en el siglo XX y que en su día gozaron de un apoyo cuando menos tácito de una parte importante del poder judicial, del poder encarnado en Felipe González y sobre el cual salvo el Grupo Vasco en el Congreso y algún otro, los partidos mayoritarios no mostraron particular interés en crear comisiones de investigación, ni siquiera presentar preguntas o interpelaciones, ahora parecen despertar cierto interés en la derecha política y mediática para oscurecer las tramas de corrupción que afectan al Partido Popular.

Como afirmaba en este periódico Miguel Sánchez-Ostiz, los tribunales pudieron condenar a Vera y Barrionuevo, pero los suyos y la oposición mayoritaria de entonces en sus mecanismos intelectuales ocultos pensaron que el GAL estaba bien hecho y hoy es algo brumoso e indeseado, salvo que resulte útil para contraatacar políticamente al partido gobernante. Lo triste es que se aceptaron estas condenas y la que está pendiente con resignación y el indulto con alivio.

Lo anterior es una manifestación de la llamada nueva política. Uno de los perfiles de esta política nueva que algunos politólogos denominan líquida, se basa en su control por la mercadotecnia, creadores de opinión como Iván Redondo o Miguel Ángel Rodríguez, que han generado una dialéctica contradictoria, banal, que busca la inmediatez, el telediario del próximo día y va creando un creciente desprestigio entre los ciudadanos que observan atónitos cómo se puede realizar una afirmación y la contraria en un periodo corto de tiempo. También son expertos en crear estrellas fugaces cuya amortización política es sencilla.

La nueva política se basa también en el uso de la red, de las nuevas tecnologías que alcanzaron el paroxismo en la forma de gobernar de Trump a través de Twitter. El contexto tecnológico se está convirtiendo casi en la ideología: Facebook; streaming que al parecer ha pasado de moda siendo sustituido por el Zoom; Instagram y otros instrumentos que bajo la coartada de socializar la información, han permitido la institucionalización de la fake, como forma de hacer política y otras patologías sociales asociadas como la consistente en que los expertos en epidemiología son cantantes fracasados.

Existe otro perfil preocupante consistente en la incapacidad para realizar pactos de estado entre los partidos mayoritarios para solucionar problemas complejos como los relativos a la justicia, pensiones, relaciones laborales, etc.

Solo parece posible un pacto de estado en el sentido geográfico o territorial del término, la unidad de la patria española. Lo anterior ha provocado un efecto paradójico curioso, a los nacionalismos no estatales se les atribuye la condición de supremacistas y las lenguas minorizadas cuando se intenta evitar su desaparición se convierten en tumorales para una lengua castellana cuya subsistencia no está amenazada por ningún peligro, más bien al contrario, su uso está creciendo en países como Estados Unidos.

Lo anterior quiere decir que en los primeros tiempos de la transición política el recuerdo de la dictadura franquista provocaba que fuera una causa para alejarse cuanto antes de la misma, salvo en los pocos que querían seguir bajo su palio y maneras. Ahora también Miguel Sánchez-Ostiz afirma con lucidez que en los últimos años las cosas están cambiando y amenazan con cambiar cada día más.

Las desigualdades económicas se acrecientan, los ricos son cada vez más ricos en su dimensión política y financiera, véanse las decisiones del G7. Las relaciones internacionales entre bloques son cada vez más conflictivas. La Unión Europea no adquiere consistencia alguna y hasta en el ámbito de las políticas domésticas, en la microeconomía, las grandes decisiones se toman en cenáculos discretos.

Ocurre que la política no impregna la sociedad, ni siquiera la condiciona. Parece ser que ha generado más sensibilidad en relación a la violencia contra la mujer un programa de televisión sobre Rocío Carrasco que el trabajo esforzado de las organizaciones feministas, de las Leyes Integrales contra la violencia de género y el esfuerzo de cientos de funcionarias de igualdad de las administraciones públicas.

En USA se está llegando a extremos como la existencia de 264 delincuentes con historiales de violencia de género que al declararse psicológicamente femeninos cumplen sentencias en cárceles de mujeres compartiendo celda con hasta ocho presidiarias.

La decadencia de la interlocución sindical se observa en la decreciente participación de los trabajadores el 1 de mayo y en la conversión de los sindicatos en instrumentos de orden y no de renovación. Joan Coscubiela afirmaba que al sindicalismo le está desapareciendo el hábitat que lo vio nacer.

No quiero parecer nostálgico pero estas preguntas son las que caracterizan hoy si no el debate institucional, el debate ciudadano.

 
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