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Rojo sobre blanco

"La postura recién adoptada por el club contribuye de entrada a generar un clima más negativo"

"La pregunta inevitable que sugiere este modo de actuar versaría sobre qué recursos le quedarían por gastar al Athletic a fin de alentar una reacción en la hipótesis de que se pierda contra Osasuna"

"La postura recién adoptada por el club contribuye de entrada a generar un clima más negativo"Miguel Acera

Porque estas cosas siempre pasan, es posible que un sector de la afición, difícil de cuantificar, no hubiese caído en la cuenta de que el partido del próximo martes posee una trascendencia superior a cualquier otro encuentro de liga celebrado hasta la fecha. No importa: para ahora, incluso esos despistados serán perfectamente conscientes de que, como se estila en el argot futbolero, el Athletic-Osasuna del martes es una final en toda regla. Gracias a las iniciativas promovidas por el club, ya está todo el mundo enterado de cuál es la circunstancia por la que atraviesa el equipo dirigido por Ernesto Valverde, quien por cierto ha desempeñado un papel estelar en la campaña de concienciación.

Todo empezó con el anuncio delabaratamiento de las entradas para los tres últimos compromisosque el Athletic jugará en calidad de anfitrión. Una rebaja sustancial promocionada con este dramático encabezamiento: “Ahora más que nunca, todos a San Mamés. La comisión gestora, pues en el Palacio de Ibaigane no opera directiva alguna en pleno proceso electoral, ha considerado oportuno incentivar así la fidelidad del seguidor, temerosa de que el horario y el día del derbi con los rojillos pudiesen influir negativamente en la asistencia. No vaya a ocurrir que se repita lo del fin de semana con ocasión de la visita del Villarreal, cuando se reunió menos gente que nunca en las gradas. También ese partido era de gran importancia, según advertía la clasificación, pero al haberse saldado con derrota el valor del siguiente ha crecido sustancialmente.

En segundo lugar, 24 horas después, apareció Valverde en un vídeo grabado en Lezama donde, entre otras ideas y mensajes, subrayaba que la auténtica fuerza del Athletic radica en que “participamos todos”. Aseguraba el técnico queél no es amigo de dirigirse a la gente para solicitar nada, pues su amparo en absoluto está en cuestión. Lo argumentaba con un hábil enfoque: “el primer paso lo tiene que dar el equipo” porque bajo esta premisa el público garantiza que le devolverá el doble de lo que recibe desde el césped.

Una reflexión que tiene toda la pinta de tratarse de una forma de corregir o enterrar el contenido de las declaraciones que realizó en caliente el domingo, minutos después de haber escuchado el sonoro veredicto de la afición. Aquellas apreciaciones de Valverde referidas a los aficionados y su descontento generaron bastante contestación. Pero además de esta cuestión concreta, quien sea, ha estimado que Valverde era el idóneo para tocar la fibra del personal evocando que el Athletic, pese a los peligros que ha enfrentado en su dilatada historia, jamás ha dejado de competir en la élite, en Primera. Y, a día de hoy, tan distinguido honor se hallaría amenazado.

Para que la funesta posibilidad se materializase sería necesaria la conjunción de diversos factores, siendo el primero de todos que el Athletic no sumase cuatro de los 21 puntos que aún debe disputar. Luego, habría que ver qué suma cada uno de los ocho conjuntos que aparecen a su espalda en la tabla, aunque sea evidente que en general vienen apretando, hasta los que ya tienen la soga anudada alrededor del cuello. Esto, con las matemáticas en la mano, y queda por analizar las sensaciones: realmente, las propias no inducen al optimismo, pero de ahí a ponerse en lo peor con siete citas pendientes va un trecho.

Sin embargo, la postura recién adoptada por el club contribuye de entrada a generar un clima más negativo, pues tiende a acentuar la gravedad de un contexto, digamos, incómodo. En definitiva, alimenta el alarmismo y denota que los nervios, la inseguridad y el temor que anidan dentro superan a lo que se palpa en la calle. Y la pregunta inevitable que sugiere este modo de actuar versaría sobre qué recursos emplearía o le quedarían por gastar al Athletic a fin de alentar una reacción en la hipótesis de que se pierda contra Osasuna; qué teclas tocarían los responsables para impulsar al equipo, cuáles han dejado en el cajón y utilizarían en las vísperas del desplazamiento al feudo del Atlético de Madrid del sábado siguiente.

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Hombre, está más claro que el agua que a quienes mandan ni se les ha pasado por la cabeza prescindir del entrenador y apostar por un revulsivo para el banquillo. Por dos razones: cargarse al líder equivale a traicionarse a sí mismos, a renegar del único ideario que han observado estos cuatro años; además, y está asociado al anterior motivo, no existe en la estructura deportiva de la entidad un relevo acreditado para asumir semejante encargo.

Sonará fuerte, seguro que sí, pero cambiar de entrenador es una práctica común en el fútbol, especialmente cuando una plantilla navega a la deriva. Ahora bien, tiene triste gracia que haya que recurrir a Valverde, que acumula solo este curso cerca de cien ruedas de prensa, para contarnos que la cosa está malita, que detecta un déficit de “mentalización”, pero que van a echar el resto para evitar que la intranquilidad nos invada y se nos quede incrustada en los huesos. Como el frío.