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Rojo sobre blanco

De Madrid, en catalán

"Míchel ha sabido ganarse el respeto y la estima no ya de la afición sino del pueblo de Girona"

De Madrid, en catalánDavid Borrat

No queda mucho, tres meses y medio, para que expire el contrato de Míchel en el Girona, donde se da por seguro que seguirá. Él no ha dicho ni palabra al respecto, pero tal es el deseo expresado por el responsable deportivo, Quique Cárcel, quien le señala como el idóneo para el puesto y de manera indefinida. Esta opinión se puede compartir sin problemas al analizar sus cinco temporadas en Catalunya, desde que dirigió al club en el ascenso a la élite. Allí se ha vivido de todo, pero además de verdad, lo que incluye fortísimos contrastes.

Así, en la 2023-24 el Girona revolucionó la categoría con su fútbol, terminó en tercera posición y accedió a la Champions. Más que catar la gloria atravesó un calvario el curso siguiente, nada que no se viese venir. Los equipos sin experiencia a estos niveles, que jamás se han codeado con los más grandes del continente, terminan pagándolo en el ámbito doméstico: en la 24-25 el Girona eludió el descenso con el margen de un solo punto.

Plantilla descapitalizada

Con vivencias tan dispares, la presente campaña era un melón por abrir. Dos años antes, al calor del éxito, la plantilla se descapitalizó, salieron media docena de piezas básicas y los refuerzos escogidos no lo compensaron. Y el pasado verano, si bien no hubo una fuga tan masiva de gente con calidad, sí varias bajas reseñables por las que se ingresaron 50 millones. La inversión fue más modesta en términos económicos, aunque se apostó por nombres ilustres. Tipos curtidos como Witsel, Lemar, Álex Moreno y Ounahi se mezclaron con promesas: Vanat, Reis, Echeverri o Rincón.

De entrada, la fórmula no funcionó y los nervios asomaron pronto. El Girona fue colista descolgado en el arranque liguero, aterrizó en San Mamés en la sexta jornada con un único punto en el casillero. Aquí lo hizo bastante bien; de hecho, hurgó en las deficiencias que entonces asomaban en la propuesta del Athletic, ratificadas luego con el paso de las semanas. La cosa acabó en empate, pero los catalanes siguieron sin convencer en las jornadas siguientes.

Más nervios, mayor presión, la incógnita no se despejaba. Los síntomas de mejoría eran efímeros. Pese a la irregularidad, Míchel aseguraba que percibía un crecimiento en la autoestima del grupo y este fue plasmando según se aproximaba el ecuador del campeonato. Una vez en 2026 se registró un acelerón cifrado en 16 puntos de 30 posibles, la mitad del total sumado. Ello permite al Girona mirar el futuro con serenidad y sin relajo. Posee un colchón de seis puntos sobre el descenso y su fútbol ha vuelto a emular el que practicaba en sus épocas de apogeo. Cabe por tanto afirmar que el técnico ha enderezado el rumbo: sus hombres vuelven a sentirse capacitados para aspirar a la victoria siendo fieles a un librillo muy particular y que en su momento dio mucho que hablar.

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Constituye un motivo de alegría comprobar que la paciencia aún encuentra hueco en el fútbol de altos vuelos. El Athletic de estos meses vale asimismo como ejemplo. Lo cierto es que a Míchel se le ha esperado durante meses: venía de un año muy problemático y el vigente tampoco ha resultado un camino de rosas. Es ahora cuando en Montilivi empiezan a respirar y a disfrutar.

Detrás de toda esta singladura que ya dura un lustro se halla alguien muy integrado en un destino sin parecido alguno con sus orígenes. Algo que solo es posible entender a partir del afán del hombre que veneran en Vallecas, donde fraguó su carrera profesional. Míchel ha sabido ganarse el respeto y la estima no ya de la afición sino del pueblo de Girona.