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Rojo sobre blanco

Lo que no mejora empeora en el Athletic

Valverde va a lo seguro, que es un decir, pues continúa confiando en un bloque que no responde

Lo que no mejora empeora en el Athletic

Aquí va una interpelación sencilla, que rondaría la cabeza de cualquiera después de presenciar lo de León: ¿Hasta cuándo hay que aguantar esto?

Así enunciada, a bocajarro, la pregunta puede sonar un poco fuerte, drástica, demasiado agresiva, incluso desagradable, pero está plenamente justificada. Y es que delante de nuestros ojos hay una realidad patente: incapaz de competir con un mínimo de fiabilidad, el comportamiento del Athletic ha defraudado en los últimos cuatro meses. Período en que apenas se han percibido síntomas que sugieran una enmienda y es sabido que aquello que no mejora, empeora.

El Cultural Leonesa-Athletic, en imágenesAgencias

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En su seno se ha instalado una dinámica negativa que empieza a manifestarse en forma de auténticos petardazos. En solo una semana el equipo ha dispensado un par de actuaciones que desbordaron las previsiones y la paciencia de su gente, y es que ha dado lástima.

Si en la Supercopa le cabía apelar al comodín de la talla del adversario, recurso que objetivamente no alcanzaba para maquillar la extrema debilidad que exhibió, con la Cultural Leonesa enfrente se quedó sin margen para la excusa. Hombre, quedaba lo de pedir perdón, pero dos veces y tan seguidas…

Un suplicio

La noche del miércoles se vivió como un suplicio y sin embargo fue maravillosa. Habrá que reconocer que los rojiblancos, con el entrenador a la cabeza, agotaron la cuota de suerte que el fútbol concede para su gestión a lo largo de la temporada. No tanto por el hecho de ganar o, mejor dicho, no perder el partido, sino por las consecuencias que hubiese acarreado despedirse de la Copa (qué no se estaría diciendo) ante un conjunto del montón que alineó de salida a siete suplentes. No es que Ziganda vaya de kamikaze, sencillamente la Cultural le contrató para asegurar la permanencia en Segunda y en ello está, debe echar el resto en liga.

Una verbena

En cambio, Valverde va a lo seguro, que es un decir, pues continúa confiando en un bloque que no responde. Cuanto más persevera, más se comprueba lo errónea que puede llegar a ser una apuesta. En las crónicas se resaltaba el detalle, que no fue ninguna broma, de que el Athletic tuvo que jugar setenta minutos en inferioridad numérica. Con diez, ¿con diez? Pues la impresión fue que desde el primer minuto se jugó con nueve. Y siendo generosos, pues hubo unos cuantos más que no dieron la talla ni por asomo y que quizás no merecieron ser contados como unidades. Este razonamiento totalmente empírico, en absoluto es una opinión, explicaría con fundamento la verbena en que se convirtió el evento.

Iñaki Williams

Repetir con futbolistas que no están bien solo por su cotización, su nombre o su rol habitual en la plantilla en el pasado reciente, no parece el método adecuado. Menos todavía si aquello que se busca sigue extraviado y el tiempo pasa. Se asiste a situaciones que están adquiriendo tintes esperpénticos. Por ejemplo, no tiene por dónde coger que el capitán sea fijo cuando atraviesa una crisis de confianza que supera con creces aquellas fases de su carrera en que estaba peleado con el gol y con el mundo.

Iñaki Williams durante el partido de Copa en León

Si no está para jugar, no está. Pretender que un hombre infrautilizado responda el día en que de repente salta al verde para luego volver a desaparecer de escena es un sinsentido; lo es igualmente atiborrar de minutos a quien, por lo que sea, se ha sumido en un estado depresivo futbolísticamente hablando.

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Iñaki Williams no es ni sombra de sí mismo. Desde la primera jornada de la vigente liga hasta la fecha, con un paréntesis de mes y medio largo por lesión, su rendimiento ha sido paupérrimo. Pero Valverde prefiere remachar el clavo, se niega a probar algo distinto que seguro que al jugador no le perjudicaría tanto como la impotencia que transmite.

Y el capitán no es el único clavo: Sancet constituye otro caso a valorar y hay más gente sometida a una sobreexposición, alguno acusa claramente el trote, otros lo aguantan hasta que una tarde revienten. No es preciso ni dar los nombres… ¿Hasta cuándo?