La enésima moda que se estila en el fútbol actual consistente en pedir perdón a la afición después de una derrota que, por sangrante, se sale de normal, también ha llegado al Athletic.

Es lo que hay, sucede con tantísimas cosas: expresiones, peinados, giros verbales, poses, tatuajes, detalles estéticos varios, manías; en fin, un surtido de comportamientos y manifestaciones que se repiten como una plaga. Y dado que el fútbol ocupa espacios amplísimos, incluso en televisión, pero mayormente en las redes, la diversidad o ir a la contra se convierte en un fenómeno excepcional. Por supuesto, existen futbolistas que no entran en la rueda y se desmarcan de esas olas que enseguida adquieren tamaño de tsunami fomentadas a golpe de algoritmo para beneficio de los que de verdad mandan.

Perdón tras el fiasco

El asunto es que el miércoles no fueron ni uno ni dos, sino tres los jugadores que pensaron que lo más correcto después del fiasco ofrecido era disculparse ante los seguidores. Y por ahí arrancaron sus reflexiones, pidiendo perdón. Como uno no cree en las casualidades, piensa que lo hablarían entre ellos y acordaron seguir esa línea argumental ante los micrófonos de la prensa desplazada a Arabia.

Después, en su turno, Valverde hizo lo antes comentado, se desmarcó del discurso de sus hombres y añadió que le había disgustado. Sostuvo que a él ni se le ocurriría porque su mentalidad le lleva a entregarse a la causa e intentar dar la mejor medida en cada partido. Si esta premisa se cumple, aunque todo salga al revés y el resultado sea negativo, no existe razón para pedir perdón y, por lo tanto, él no comparte esa reacción de sus futbolistas.

El entrenador estuvo acertado en su exposición. Igual que cuando dijo que su gente acostumbra a “plantar cara”, un modo de subrayar que por su naturaleza el Athletic vende cara su piel en cada partido que afronta. También aludió a que en el descanso se apeló al “espíritu del equipo”, en vano a tenor de lo presenciado.

Luego, Valverde no encajó la afirmación o suposición de que el equipo estaría generando dudas entre la afición. La verdad es que no era fácil mantener la compostura en un contexto tan desolador, pero tampoco la pregunta formulada fue agresiva, faltona o malintencionada, solo reflejaba una realidad de la que participaban miles de rojiblancos en ese instante.

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El Athletic regresa de Yeda tras la eliminación en la Supercopa Markel Fernández

Cómo no se va a dudar… Y mucho antes de que el Barcelona golease, como quien dice, sin romper a sudar, en un pispás. Se debe dudar de lo que hace este Athletic desde hace un montón de semanas. Sus registros no son casuales, proyecta una imagen degradada de sí mismo, una caricatura del bloque fiable que hizo quinto y cuarto en dos ligas seguidas.

Actuaciones insuficientes

Ni los menos optimistas en los albores de la campaña augurábamos semejante ración de actuaciones insuficientes, muchas cortadas por el patrón de un fútbol vulgar. Cabía prever que el año no sería una fiesta donde reír y cantar porque la plantilla partía con bajas muy sensibles y sin refuerzos de garantías para gestionar un calendario de órdago. La Champions o la Supercopa son escaparates creados para otros, no para el Athletic, que encima podía acusar, lo está haciendo, el generoso desgaste de la plantilla en años anteriores.

Las palabras de Vivian

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Por todo ello, merece la pena detenerse en la frase con que Vivian despachó el tema del cambio a peor que ha experimentado el Athletic en escasos meses: “Es lo que a todos nos está comiendo la cabeza esta temporada”.

Vaya, ya era hora de que alguien de dentro admitiera que están desconcertados, preocupados, mosqueados, inquietos, no se sabe muy bien qué, habrá un poco de todo, pero se entiende perfectamente que son muy conscientes de que van con la hélice fuera y que se estaban exponiendo a que un día consumasen un ridículo espantoso. Ya puestos, por qué no en la Supercopa, donde no pintan nada, y contra el Barcelona, que posee facilidad para atravesar defensas, más si son de mentiras y no pegan ni una maldita patada.