Estoy cambiando esta columna a las 13.08 horas (ayer) para que usted la lea hoy. El asunto es grave, porque tener trabajo hecho en plena ola de calor da tranquilidad y minutos de vida. Los voy a perder porque acabo de leer las declaraciones de Pedro Sánchez en relación al laberinto por el que transita el PSOE, cada vez más negro y con más muros sin salida. Sánchez ha reconocido hace un rato la “gravedad” de la investigación después de la entrada de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en Ferraz. ¿Es un registro o es un requerimiento, como apunta el presidente del Gobierno español? Da igual, porque, les recuerdo, estoy cambiando el texto y me parece todo fatal. Surgen cuestiones cada vez más turbias bajo los pies del jefe de Ejecutivo central, empeñado en caminar por el alambre o por el lodazal, según la versión, y convencido de que los avances sociales amortiguan el impacto de los acontecimientos. Acaba de decir también que descarta adelantar las elecciones. Dicen desde el socialismo institucional, que no sabe cortar la hemorragia de la corrupción en sus filas, que toca elegir entre ellos o la alianza de Partido Popular y Vox, mantener a flote el barco o convocar elecciones, algo que suena a miedo a las urnas, a democracia diluida. Que hable el pueblo. Ese para el que la gravedad es no llegar a fin de mes y el descarte es dejar de pagar la hipoteca para dar de comer a sus hijos. La historia es muy antigua, pero el ruido es tan fuerte que hasta los que menos tienen no saben ya qué votar.