Osakidetza ha puesto en el centro del debate una realidad que debía ser abordada: la atención paliativa a menores con enfermedades terminales. El anuncio del consejero de Salud, Alberto Martínez, sobre el nuevo protocolo de estos cuidados es un paso importante que llega tras conocerse la actuación del pediatra del Hospital de Cruces, Jesús Sánchez, quien atendió fuera de su jornada laboral a una menor de cuatro años en situación crítica, y la presunta –aunque desmentida– amonestación por ello. El Departamento de Salud asegura que no va a reforzar con más personal, sino que se “pactarán” retribuciones y se dará una respuesta “estructural” a un servicio que no puede depender de la buena voluntad. El paso que se ha dado es importante para no caer en improvisaciones. Espero que no se vaya a racanear en recursos, que se refuerce el protocolo y que no se termine perpetuando la sobrecarga de sanitarios. Por eso es clave el apoyo emocional y organizativo a los profesionales que afrontan situaciones límite y a los que también hay que cuidar, no nos olvidemos. Convertir estos cuidados en una prioridad para la salud pública vasca no es un gasto innecesario. Es una inversión en humanidad en la que no se debe escatimar. Lo que está en juego no es solo la atención al final de la vida, sino la dignidad de los menores y de sus familias.
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