Una vida de lucha, alegría, aprendizaje y una capacidad infinita de adaptación. Así ha sido la de Loli Moreno. A sus 82 años, esta vecina de Sestao no se define por las dificultades que ha tenido que afrontar desde la infancia, sino por todo lo que ha sido capaz de construir a pesar de ellas.
Loli apenas tenía año y medio cuando la polio se cruzó en su camino. La enfermedad la dejó en silla de ruedas en una época en la que la accesibilidad, la inclusión o los recursos de apoyo eran prácticamente inexistentes. Sin embargo, lejos de marcar un límite infranqueable, aquella circunstancia se convirtió, con el paso del tiempo, en un punto de partida para una vida vivida con intensidad.