PRESIDENTE de Murcia que lo seguirá siendo después de haber tenido que tragar a Vox dentro de su gobierno. Con lo farruco que se puso después de las elecciones del 28 de mayo, porfiando que, antes de encamarse con los abascálidos, iría a la repetición electoral. Luego, las hojas de calendario han ido cayendo y, con ellas, su pretendida dignidad. Por lo menos, su compañera extremeña María Guardiola hizo un digodiego más rápido. Su no rotundo se desdijo en quince días. Usted, sin embargo, echa la rodilla a tierra justo cuando la campana iba a sonar. No es solo su palabra la que queda en entredicho. También su autonomía dentro de un PP que, por lo demás, y ampliando el foco a Feijóo, muestra estar a merced de Vox. Cada vez más.