Editorial

No toca

21.08.2021 | 00:16

Aunque el calendario de la ansiada ‘normalidad’ tiene señalado hoy como inicio de Aste Nagusia, la situación obliga a extremar la prudencia más aún estos días: ni fiestas ni no fiestas

LA gravedad de la pandemia y sus consecuencias y la dureza que está suponiendo para el conjunto de la sociedad enfrentarse durante estos 17 meses a la enfermedad con altos sacrificios personales para todos pueden hacer comprensible la necesidad de una búsqueda de reparadores espacios de distracción y entretenimiento, necesarios también para una buena salud colectiva. La experiencia acumulada durante este largo tiempo indica, sin embargo, que en este ámbito debe imponerse también un elevado plus de prudencia y responsabilidad con el objetivo de evitar males mayores. Tanto durante el año pasado como en lo que llevamos del presente los periodos de tiempo que tradicionalmente han estado dedicados a la celebración, y no solamente en el espacio público, como fiestas patronales, navidades, Semana Santa, etc. han provocado una excesiva relajación en el cumplimiento de las normas sanitarias anticovid y han tenido como consecuencia importantes repuntes en el número de contagios y en la incidencia de la enfermedad, lo que ha derivado en una multiplicación de casos, de muertes y de presión hospitalaria. De sufrimiento, en definitiva. En circunstancias de normalidad, hoy daría comienzo la Aste Nagusia de Bilbao, una de las fiestas más multitudinarias y participativas del mundo. Pero no estamos en la normalidad. Por el contrario, la incidencia del virus es altísima, no solo en la capital vizcaina sino en Euskadi. En este contexto, es obvio que no pueden celebrarse las fiestas. Pero tampoco las denominadas no fiestas ni actos paralelos equiparables a un plan festivo aunque quieran camuflarse de "programa de actividades culturales" y se planteen en formato reducido y "seguro", como ha pretendido hacer Bilboko Konpartsak. Más allá de polémicas artificiales que solo buscan el enfrentamiento con las instituciones, las comparsas son conscientes –o deberían serlo– de que las fiestas no son un derecho y que los días que corresponderían con la celebración de Aste Nagusia son quizá los más peligrosos del año en el ámbito de la salud pública. Se ha comprobado en cada pueblo con no fiestas. No es en modo alguno responsable convocar agrupaciones de personas que recuerden mínimamente a Aste Nagusia y puedan provocar un efecto llamada. El año tiene muchas jornadas para "actividades culturales". Ahora no toca. Por responsabilidad.

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