Telele

Historias de cuarentena

16.03.2020 | 01:06

fue la peste negra de Florencia, en 1348, el pretexto de Boccaccio para escribir los cien relatos de El Decamerón, imaginando cómo diez jóvenes se entretuvieron contándose historias durante su confinamiento. Fue en 1816, un terrible año sin verano, que Mary Shelley ideó el relato de Frankenstein en la casa suiza de Lord Byron, tras el reto de éste a sus amigos para que crearan una historia de terror. ¿Y qué surgirá de extraordinario de la cuarentena de 2020, qué libros, películas, amores infinitos o nuevas vidas en medio de la muerte y la desolación? La televisión no ha alterado la base de su programación, limitándose a ampliar los informativos hasta el hartazgo y vaciar los platós de público. Es seguro que la publicidad caiga en picado. Sin teatros, cines, espectáculos y museos, la tele tiene una oportunidad de oro para hacer algo grande.

Con los niños sin colegio y los mayores recluidos el consumo televisivo se ha incrementado un 8% más, según los datos iniciales. Entre los protocolos de la alerta sanitaria por coronavirus no hay ninguna medida relativa al ocio familiar. Y debería haberla. Si por mí fuera, un radical romántico, obligaría a todas las cadenas públicas y privadas a emitir, sin fin, películas de las buenas, de estreno y clásicas, de esas que te dejan hambre de vida.

Si es momento de resistencia, demos a la ciudadanía razones de entereza moral. Netflix gratis, HBO sin límites, Amazon Prime a mansalva, Apple+ sin costo, Movistar+ en abierto. ¡Un poco de épica, por favor! Que todos disfruten de los nuevos Cuentos asombrosos, de Spielberg. Y la serie The outsider, surgida de Stephen King. Y que chicas y chicos se emocionen con Esta mierda me supera. Los vacíos se llenan con historias. Más Almudena Grandes y menos Belén Esteban. Más historias para el corazón y menos papel higiénico para el culo.