La distopía ya no se describe en una novela de ciencia ficción. Está en las noticias y no hace falta que un mal supremo pretenda someter a la humanidad con fuerzas represivas y apropiación del poder. No digo que no lo haya –sobran ejemplos– sino que la más exitosa de las distopías es sibilina. Un hombre muere torturado en directo en un streaming en el que su audiencia pagaba por que llegase más allá en la humillación. El relato del capitalismo libertario disfraza de derecho y libertad la degeneración de principios y valores. Sartre escribió que el infierno son los otros. No, Jean-Paul, somos nosotros y nuestra aceptación.