Con la emoción a flor de piel. Así saldrá al escenario del Bizkaia Arena del BEC el cuarteto Gatibu este sábado noche, 6 de diciembre, en el primero de los tres conciertos que le servirán para decir agur ante unos 45.000 seguidores sumando las tres citas tras 25 años de trayectoria ligada al rock en euskera. La banda de Gernika, que anuncia sorpresas e invitados, repetirá el viernes 12 y el sábado 13, aunque solo para el recital de este fin de semana hay disponibles todavía algunas entradas, a 35 euros, tanto en pista como en gradas.
“Las lágrimas, si salen, están permitidas, hay que dejar que fluyan”, anuncia en esta entrevista Haimar Arejita, el guitarrista del grupo, que acaba de poner a la venta Azken zoramena (Altafonte), un disco con el reciente concierto que ofrecieron en Gernika.
Se acerca el final. ¿Hay nervios?
—Sí, claro que empezamos ya a sentirlos, pero lo tuvimos claro. Aunque nos han pasado muchas cosas, la mayoría buenas, al ver que hacíamos 25 años vimos que era un buen número y tras plantear qué hacer decidimos dejarlo en alto.
Un cuarto de siglo. No se les pasaría por la cabeza al principio, cuando empezaron esta aventura.
—Lo de cuanto va a durar un grupo es algo que no se puede calcular. Al final, es como una relación y cuando empiezas a salir con alguien no te imaginas cuántos años va a durar. Es como un contrato indefinido; el nuestro ha durado 25 años.
A veces es mejor dejarlo a tiempo, como con las parejas.
—Diría que con todo, porque así se dejan menos heridas, si es que las hubiese. Además, da pie a mantener la amistad y tener siempre un recuerdo bonito. En general, me parece que es más sano para todos.
¿Lo del BEC es la ‘última locura’ de Gatibu?
—Así lo creo, es una locura tocar en el BEC… y hacerlo tres veces, pues una locura multiplicada por tres (risas). Es algo muy bonito que nos tiene muy ilusionados y que lo vamos a afrontar como si fuera la primera vez que tocamos, aunque sea la última.
Anunciaron solo un concierto en el BEC. Les costaba creérselo.
—¿Te acuerdas? Te dijimos que estaríamos muy satisfechos si lo llenábamos una noche. Y mira ahora, un sueño cumplido porque… hostias, es una pasada (risas). Habrá unas 45.000 personas en total, algo que supera las expectativas.
¿Han ensayado mucho o la gira ‘Agur Esan Barik’, les ha servido para estar rodados?
—Estamos en forma porque hemos tocado bastante en verano. Ahora toca poner adornos a lo que ya teníamos, como las guindas a la tarta; y poco más aunque alguna sorpresa habrá.
Este año llevan más de 20 conciertos. ¿Muchas emociones?
—Sí, sí, bastantes, ya que en cada pueblo o ciudad que tocábamos era una despedida para ellos. Y pongo de ejemplo el concierto de Gernika, que fue muy especial al ser nuestro pueblo, que tanto nos ha dado. Allí le dijimos agur ante unas 10.000 personas. Y en el resto de la gira no esperábamos tanta gente, ha sido el año que más ha acudido a vernos; y eso que siempre ha venido mucha.
¿Qué ha sido lo más emotivo o curioso?
—Curioso no sé, pero lo más bonito es tener y ver al público emocionado y cantando tus canciones. Y luego diciéndonos que qué van a hacer sin nosotros y pidiéndonos que no lo dejemos, que dejaremos un gran hueco… Y algunos lo hacían llorando, lo que es un indicador de que algo has hecho bien.
Habría sido bonito grabar la despedida del BEC, pero traen los deberes ya hechos.
—Era Gernika, ante mucha gente, en nuestra casa… Y nos la jugamos a una única carta al ser solo un concierto. Nos lo pidió el cuerpo.
¿Qué se puede adelantar para quien vaya al BEC?
—Que haremos algo especial porque la ocasión lo requiere. Será algo chulo y esperamos que se vayan con un buen sabor de boca y un gran recuerdo. Lo haremos lo mejor posible y con nuestras canciones como protagonistas.
¿El repertorio?
—El similar a la de la gira, no vamos a inventarnos canciones nuevas (risas). Las que la gente quiera escuchar... y alguna más. Habrá alguna sorpresa y ampliaremos la banda con metales… Tampoco te puedo decir todo, si no no habrá sorpresas.
¿Habrá telonero?
—(Duda). Habrá alguna animación previa al concierto. Eso sí, te diré que sí habrá algún invitado. Uno o más (risas). Durará algo más de dos horas.
¿Prohibidas las lágrimas?
—Será una celebración, pero las lágrimas son buenas si no son de cocodrilo (risas). Hay que dejarlas fluir si salen.
¿Se van orgullosos y felices?
—Sí, y comeremos perdices en Navidad (risas). Creemos que algunas de nuestras canciones se oirán en el futuro gracias a un trabajo que ha mezclado naturalidad, alegría, buenos temas bien nutridos musicalmente, directos y populares, y un claro compromiso por hacer rock en euskera, euskalki bizkaino. Y, sobre to++do, la gente ha percibido que hemos querido siempre dar lo mejor, lo que nos ha hecho hacerlo cada vez mejor.
¿Qué pasará tras el agur, el día 14?
—Pues… yo seguiré ligado a la música, hasta que me muera. Soy docente, doy clases de guitarra, y cara al público no sé lo que haré. No va a ser fácil aventurarse en otro proyecto musical. Eso sí, me gustaría seguir sobre los escenarios porque me divierte mucho. Lo que hará el resto, tendrías que hablarlo con ellos.