Con ocasión de la Conferencia Regional para América Latina del World Economic Forum, celebrada la semana pasada en Lima, Perú, he tenido la oportunidad de observar -una vez más- como se contemplan las preocupaciones mundiales en relación con el cambio para el crecimiento y el desarrollo inclusivo (o incluyente) en un continente que vibra de vitalidad y sostiene un crecimiento por más de una década destacándose como el lugar de acogida de las empresas de nuestro entorno que se internacionalizan y promueven su "salida a la crisis local".
Desde allí, en una atmósfera de optimismo, la vieja Europa pasa desapercibida, pierde referencia y da paso a un recuerdo nostálgico acompañado de una cierta sonrisa entre la revancha semi-dulce y la un tanto amarga distancia. La prepotencia de la "burbuja conquistadora de los nuevos ejecutivos españoles" al frente de las empresas privatizadas que abrían mercado hace unas décadas, da paso a un creciente disfrute del éxito desde los recursos y talento locales. La llamada "década prodigiosa" de América Latina parece encontrar los mecanismos -por fin- de sostenibilidad pese a los aún enormes desafíos, repletos de riesgos y a la realidad objetiva que le separa aún de la vieja Europa del primer mundo.
En ese escenario, entresacamos una serie de mensajes y lecciones que convendría atender desde esta Europa -y, en especial, España- recesiva, otrora "maestra del desarrollo y el crecimiento milagroso". Hoy, cuando la mayoría de las pocas luces de esperanza, riqueza y empleo de nuestras empresas provienen de su presencia en Latino América, necesitamos comprender la nueva realidad de aquel "mercado emergente" distante, incierto y "escasamente fiable" según las percepciones del pasado.
Pues bien, América Latina se mueve no ya solo hacia la estabilidad macro-económica, la creciente dotación de recursos humanos altamente cualificados, una apuesta sólida por el desarrollo inclusivo y la universalización de una innovadora asistencia sanitaria, sino de la mano de un movimiento de emprendimiento social generalizado que genera un potente tercer sector que suple la desconfianza en sus gobiernos en una región carente aún de la institucionalización deseable y garante de futuro asumiendo un liderazgo e interlocución activos claramente relevantes. Su aún excesiva economía informal se reconvierte en la modalidad emprendedora creativa que sustituye los miles de programas públicos subvencionadores del "joven emprendedor español" o del fracaso de la economía dual que pervive con tasas de desempleo del 26%. Desde el pleno empleo colombiano y brasileño o próximo a tasas "vegetativas" del resto del continente, no se entiende como un Estado de Bienestar modélico -otrora señal de identidad de Europa- ha caído en un mundo sin aliciente, de escasa iniciativa creativa y con una desmoralización creciente bajo la penumbra de una falta de futuro (al menos así percibida). Las nuevas "multinacionales latino americanas" se sienten con la fortaleza necesaria para sustituir a las empresas locales de la eurozona salvo que no se ven lo suficientemente atraídas por un mercado limitado, envejecido y en exceso rígido y acomodado. Sus horizontes miran al Pacífico (cada vez menos lejano para ellos), con contagioso entusiasmo juvenil -como el suyo- en el que el "bono demográfico" juega un papel dinamizador de primer nivel.
América Latina se observa como un continente en movimiento preocupado ya más por la calidad de su sistema educativo que por el simple acceso de la población al mismo; más preocupado por su adecuación al mundo del trabajo que por su propia estructura interna en manos de los otrora condicionantes sindicatos de la enseñanza. Unos gobiernos más ocupados en la innovación de su gobernanza que por la retórica de la "estatalidad" como panacea de la propiedad y del éxito. Gobiernos pendientes de facilitar partenariados público-privados reales con compromisos en el desarrollo local y, sobre todo, de limitar la "venta" de sus recursos naturales camino de una cada vez más razonable colaboración y creación comprometida de valor. Bajo estos nuevos vectores, América Latina ha entendido que ha dejado de ser un simple espectador y que su nuevo papel de jugador protagonista le lleva a cambiar las reglas del juego. Continuarán viejos problemas sí; pero serán nuevas las soluciones. Su obsesión pasa por construir eco-sistemas para su desarrollo humano sostenible, para generar contextos competitivos al servicio de la inclusión y prosperidad de sus ciudadanos, por la integración de múltiples y diversas comunidades que desde su propia lengua, personalidad, cultura y auto gestión, ejerzan su sentido de pertenencia en marcos colaborativos que trasciendan, por decisión propia, su propio espacio originario. América Latina se sabe diferente y diversa, es consciente del largo camino que le queda por recorrer, de los distintos tiempos necesarios para cada uno de sus miembros, de la importancia en abordar proyectos comunes e integrados si bien apuesta por un multilateralismo constante en el que serán muchas y diversas las alianzas compartidas entre todos y cada uno de sus miembros para construir un sistema completo. Sabe que en cada una de estas piezas, habrá de contar con terceros variados, es conocedora de sus obstáculos y complejidad pero sabe que dispone de mucho más que un "mercado" o de recursos naturales heredados y explotables y que su compromiso ha de pasar por la puesta en valor -sobre todo al servicio de los propios latinoamericanos- de su riqueza tangible e intangible. Es su nuevo espacio en el mundo internacionalizado.
América Latina construye su futuro. Tiene claros sus nuevos motores del crecimiento, sabe que necesita compartir un camino común pero sabe que su nuevo camino exige un protagonismo propio. Sin duda, mucho que recorrer, camino lleno de obstáculos y altibajos, necesitados de fuertes alianzas y, sobre todo, de tiempo. Pero, sobre todo, desde el optimismo realista de un escenario de futuro, deseable y alcanzable. Así, en la medida que nuestras empresas quieran encontrar allí un espacio de oportunidad, futuro y camino de salida de la crisis, habrán de empezar por entender el nuevo estadio en el que se encuentran, sus anhelos, sus retos y su apuesta por compartir valores, esfuerzos y beneficios. Nuevas soluciones para viejos problemas.