Antes de que llegaran los móviles, las aplicaciones y los sistemas de geolocalización, las emergencias dependían de algo mucho más sencillo: una llamada y una voz al otro lado. Durante décadas, esa voz fue la de Pili Martínez. Con serenidad, experiencia y una enorme capacidad para mantener la calma cuando todo parecía desmoronarse, atendió miles de avisos desde la central de la DYA. Historias de accidentes, rescates, sustos y también tragedias que fueron conformando la trayectoria de una mujer que hizo de la ayuda a los demás una forma de entender la vida.
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