EE.UU. desde 1776 ha intervenido en casi 400 operaciones militares fuera de sus fronteras. Mas de 200.000 soldados estadounidenses están activos en unas 750 bases que tienen los americanos en cerca de 80 países. El Pentágono evita compartir datos por lo que la cifra se intuye que pudiera ser mayor. Es una nación preparada desde su relativamente reciente creación para provocar guerras. De hecho, su Historia está estrechamente ligada a la expansión a través de la invasión. Su idiosincrasia imperialista y belicista forma parte esencial de su seña de identidad. Siempre va a tener una motivación “sentimental” para intervenir, atacar un país extranjero. Hace décadas era la lucha contra el comunismo. Ahora es la guerra contra el terrorismo y las armas nucleares, la liberación de poblaciones de gobiernos opresores. Lo cierto es que lo que subyace es el control de las riquezas y de los recursos. Trump además ya nos dijo que lo único que le puede detener es su propia moralidad. Con las amistades que tiene esta declaración es preocupante. Su estilo de gobierno lo define la “ego-política” caracterizada por la centralización de las decisiones en la figura presidencial, el uso de la confrontación como estrategia, la humillación como recurso de comunicación, la intimidación, el discurso populista. La toma de decisiones la basa en intereses propios. Sus actuaciones erosionan a la democracia; e impactan gravemente en el orden internacional. El enfoque institucional lo sustituye por el personal, por un liderazgo histriónico-narcisista. Trump no desea aliados sino lacayos. No pretende ser respetado sino temido. Los gobiernos europeos de hecho temen enfadarlo por si le pudieran necesitar. La negativa de Sánchez a someterse a los designios de un gobernante que al servicio de Netanyahu se entretiene jugando a la guerra es una apuesta respetuosa, arriesgada, valiente y muy digna. Ojalá que en este momento tan complicado otro presidente que hubiera estado al frente del gobierno, sin importar las siglas, hubiera sido capaz de decir no a Trump. No a la guerra.
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