Cada comienzo de año llega cargado de buenas intenciones: dejar de fumar, hacer más ejercicio, comer mejor, leer más o, incluso, aprender algo nuevo. La ilusión nos llena y los primeros días nos sentimos capaces de cualquier cosa. Sin embargo, la realidad es que muchos de esos propósitos desaparecen antes de que llegue febrero. Y no pasa nada: la intención ya dice mucho de nosotros y de nuestra voluntad de mejorar. Lo importante es no perder la sonrisa, aprender de los tropiezos y seguir intentándolo, aunque sea poco a poco. Cada paso, por pequeño que sea, cuenta. Tal vez el secreto no esté en cumplir todos los propósitos de golpe, sino en disfrutar el camino, reírnos de nuestras excusas y celebrarnos cuando avanzamos, aunque sea un centímetro. Que este 2026 nos encuentre constantes, pacientes y generosos con nosotros mismos… y que nunca nos falte humor para mirar atrás y decir: ¡Al menos lo intentamos!