“Disponemos de un poder absoluto”. Se trata de una frase clave de la película Poder absoluto, dirigida y protagonizada por el gran actor y director norteamericano Clint Eastwood, que “cobra” una especial relevancia en los días que vive en estos momentos la sociedad estadounidense y por ende, diría yo, el resto del mundo. En esta gran película, un ficticio presidente de los Estados Unidos (el genial Gene Hackman) compone un personaje ruin y perverso, lleno de corrupción y que hace uso del abuso de poder, utilizando todos los resortes a su alcance (que implican por cierto a poderes políticos u agencias gubernamentales) para encubrir un crimen, la de su amante (en el contexto, de un digamos escarceo amoroso).

Las personas que hayan visto la película, sabrán, lógicamente el desenlace de la misma y a quienes no la hayan visto, recomiendo que la vean. 

Todo esto de la película viene a cuento, como señalaba más arriba en el texto, a que, aunque esa película en este caso sea una historia de ficción, creo que los actuales y reales Estados Unidos, tienen una suerte de presidente que ejerce de facto, un poder absoluto.

En este caso además lo hace componiendo un personaje, pero nada ficticio. Pero seguro que con algún “cadáver” por esconder, igual que el perverso y ruin personaje al que da vida en el filme Hackman. 

También rodeado igualmente de poderes políticos y gubernamentales como los que describe la historia ficticia de la película. 

“Disponemos de un poder absoluto”, decían en la película. Dios nos “pille confesados” ha este lado y al otro lado del Atlántico.