ESTE martes, en EE.UU., además de las elecciones federales legislativas de medio mandato, se celebraron también varios referéndums en distintos estados. Nada de fruslerías. Según los resultados, el uso recreativo de la marihuana fue aprobado en Misuri y Maryland. Por contra, en Arkansas y las dos Dakotas fue rechazado. Así que ya hay 39 estados en el que esta droga está permitida, pese a que la ley federal la prohíbe. Asimismo, varios estados votaron sobre si proteger o no el derecho al aborto, después de que el Tribunal Supremo aboliera el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, arrebatando la libertad a millones de mujeres. Tras la votación, cuatro estados –California, Míchigan, Vermont y Kentucky– se suman a la protección del aborto en las leyes y constituciones locales. En otros 12 estados está prohibido. También se votó el martes –perdón por la obviedad: era el siglo XXI– sobre la eliminación de los restos que aún quedan de los ignominiosos tiempos de la esclavitud, como los trabajos forzados en las cárceles. En Alabama, Oregón, Tennessee y Vermont ha quedado abolida. En Luisiana, por contra, el 61% de los votantes apoyó que esas reminiscencias esclavistas sigan en vigor, aunque la esclavitud está abolida en la Constitución federal.

Queda claro que los estados en EE.UU. tienen leyes diferentes respecto a derechos fundamentales. Tan fundamentales como el derecho a la vida, en virtud, por ejemplo, de si existe la pena de muerte o no. ¿Se rompe por ello Estados Unidos? No lo parece. Sin llegar, ni mucho menos, a esas cotas de ¿autonomía?, ¿independencia?, ¿interdependencia?, ¿cogobernanza?, hace unos días el lehendakari reivindicó el blindaje político y judicial de las competencias de Euskadi y la necesidad de un Poder Judicial propio y, sin entenderlo siquiera, enseguida salieron los defensores de la uniformización a afearle la propuesta. Si eso rompe la sacrosanta unidad del Estado español, es que hay muchas otras causas que lo originan. La pretensión de asimilación, subordinación, sometimiento y sumisión, sin ir más lejos.