Hacia una mayor cooperación entre las empresas vascas

08.02.2020 | 02:57

ES de todos conocido que una de las claves del éxito de la experiencia cooperativa de Mondragon ha estado en las fórmulas de intercooperación que organizó Arizmendiarrieta desde el comienzo. Lo que ha permitido que empresas que en circunstancias normales hubieran desaparecido sean hoy punteras en Europa en sus respectivos sectores (casos de Irizar, Orona...).

Su primera iniciativa, la creación de una entidad financiera, recogió ya una de las características de dicha intercooperación: debería de servir no solo para defender los legítimos intereses de las empresas implicadas, sino también para promover el bien común en la comunidad respectiva. El papel de Caja Laboral no se limitó, por tanto, a proveer de recursos financieros a las cooperativas existentes, sino también a la creación de nuevas empresas y a implantar, a través de su división empresarial, modernas herramientas de gestión en las pequeñas empresas que se creaban y que difícilmente las hubieran conocido de no haber estado conectados con el resto del grupo.

La constitución de grupos comarcales, primero, y grupos sectoriales, después, fueron sucesivos intentos de poner en práctica a nivel empresarial su famosa frase de que "la cooperación es la poderosa palanca que multiplica la eficacia de nuestros esfuerzos".

La creación de la Corporación Mondragon llevó a un nuevo paso de cooperación en el ámbito económico, con la constitución de fondos de solidaridad que han permitido la financiación de nuevos proyectos empresariales en Euskadi y en el extranjero (aunque su evolución ha tenido también sus claroscuros ya que ha habido críticas, e incluso bajas, por el apoyo excesivo a determinados proyectos, como fue el caso de Fagor Electrodomésticos).

Es claro, de cualquier modo, que no siempre es fácil defender propuestas de solidaridad y que algunas empresas y entidades cooperativas, aunque condenan el egoísmo individual, pueden tener la tentación de practicar el egoísmo colectivo, entendiéndolo incluso como una virtud.

La práctica de la intercooperación entre empresas, tan importante por otro lado para explicar el éxito de países como Corea, no se ha limitado, con todo, en nuestro país al ámbito cooperativo. Tenemos el ejemplo de las sociedades laborales, cuya asociación ha tratado de ir más lejos que la defensa exclusiva de los intereses de sus asociados y se ha implicado en proyectos de transformación social de cierto calado. O el caso de NER Group que, apoyándose en unos valores compartidos referidos a la cultura de empresa, trata de promover no solo la colaboración entre los miembros de su grupo sino también un compromiso con las comunidades en las que se asientan sus empresas.

En ese sentido, también merece la pena destacar las iniciativas de determinadas comarcas que tratan de aprovechar las fortalezas de las empresas fuertes para apoyar el desarrollo de las más débiles.

El caso de Azaro Fundazioa, en Lea Artibai, o el de Enpresare en Bergara son dos proyectos a mencionar. Pero no cabe duda de que el proyecto de Goierri Valley supone un referente importante para otras comarcas del País Vasco.

En dicho proyecto, se distinguen empresas tractoras, pymes y empresas de servicios. En el grupo de empresas tractoras figuran las empresas de más prestigio en la zona, entre las que no podían faltar relevantes cooperativas (Ampo, Ederfil Becker, Irizar, Orkli, Eredu?). Exponen sus planes estratégicos y posibilitan que las pymes puedan hacer planes de desarrollo de sus productos apoyados en unas expectativas con menor incertidumbre.

Las pymes se aprovechan así de un conocimiento cercano de los planes de sus clientes próximos, lo que redunda en la creación de nuevas actividades e incluso la creación de nuevas empresas, que han facturado 15 millones en cinco años en negocios compartidos.

También existen otros programas de intercooperación entre empresas tractoras, con grupos de mejora en la gestión de recursos humanos, producción, compras y prevención de riesgos laborales, que, al igual que ha ocurrido en las cooperativas, muy probablemente generen mejoras de gestión en los distintos ámbitos funcionales.

Para terminar indicar que, como complemento a un modelo inclusivo participativo de empresa, recomendado en estas mismas páginas, será una necesidad de las pymes vascas profundizar en fórmulas de intercooperación empresarial que, de esa manera, podrán contribuir también en mayor medida a las necesidades de la comunidad, que, deseablemente, siempre ha de ser un destinatario de sus objetivos de intercooperación.

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