El parlanchín y el mudo
bÁrcenas habla. Luis el cabrón, como le llamaban sus compinches del PP a “esa persona” (cuando nadie renegaba de ser militante y hasta lo exponían para llenar sus cuentas) ya duerme en casa. No le ha costado reunir 200.000 euros de fianza. Dicen que entre familiares. Puede ser porque es familia a la vieja usanza, con muchos individuos alrededor del patriarca a la que nunca se le haya visto pasar apuros. Son, digamos en lenguaje coloquial, gente de posibles.
Posiblemente lo eran antes de que el jefe de la tribu amasara hasta 48 millones de euros, es “hasta”, proposición que deja la cosa abierta como señala el propio juez. Eso es lo que le han pillado, no lo que tiene. Ahora, díganme qué prestamista no hubiera puesto la fianza por un interés notable si sabe que antes o después le caerá un copón de nieve suiza o un coco de las islas Caimán. Es la ventaja de haber trincado tanto, que aunque te trinquen mucho aún te quedará para estos pequeños detalles como salir de la cárcel.
El PP está encantado de que hablemos de todo lo que tiene este hombre fuera porque así no hablamos de lo que tienen ellos dentro. La cosa iba regular, con más de un sobresalto por no haber llegado antes a un acuerdo con “esa persona”, hasta que llegó la Abogacía del Estado a poner los puntos sobre las íes. Existe una caja B del PP, una financiación ilegal sostenida en el tiempo y que ha tenido continuidad. Luego llega Cospedal, que es capaz de convertir un cachalote en una hormiga, y dice que esa cuenta B no es del PP sino de Bárcenas.
Para ser aún más claro que el abogado del Estado; sostengo que hay dos cajas B. Una del PP, la gorda; y otra de Bárcenas, que fue creciendo con lo que se le quedaba entre los dedos de esa primera, la del partido. Está tan visto ya el mecanismo de “conseguidores” que hacen aquello de que “el que parte y reparte se lleva la mejor parte” que solo Cospedal en su semanal insulto a la inteligencia de la opinión pública es capaz de intentar convencernos de lo contrario.
Ya ven que los papeles de “esa persona“, al que llamaban Luis el cabrón y atiende al nombre de Luis Bárcenas, dan mucho juego y no tengo yo tan claro la teoría del pacto de silencio porque a estas alturas al PP casi le interesa más tenerlo dentro que fuera largando. El único beneficio objetivo para el PP, y no es menor, es que el juicio no se celebrará nunca antes de las elecciones generales, con lo que libran la etapa complicada.
Iturgaiz calla Pero pongámonos un poco más serios para hablar de cómo afecta este escándalo al PP del País Vasco. La carpeta verde, con el nombre de Bilbao en su portada, revela que la sede de este partido fue pagada con entregas que provenían de esa famosa caja B. Varias veces han dicho los actuales gestores del partido en Euskadi que revisadas todas las cuentas no han hallado nada irregular. Ya la cosa pintaba fea, porque Bárcenas ha insistido varias veces (la última vez el pasado miércoles en una videoconferencia ante una comisión del Parlamento balear) en que esos pagos se hacían fuera de las cuentas controladas con pagos en metálico que recibía el anterior gerente y con fondos que provenían de las aportaciones de empresarios. Vamos, financiación opaca y ya veremos si ilegal.
Pero todavía quedaba lo más feo. En Vozpópuli y en una crónica que por el periodista que la firma (O. López-Fonseca) merece mucho crédito, se desvelaba que la cuota de la hipoteca de la sede se pagó con fondos de una cuenta abierta por el PP bajo el epígrafe “donativos seguridad anónimos”. Estamos pues ante algo que trasciende este escándalo de financiación y que se sumerge en las oscuras aguas del negocio que para algunos ha supuesto que otros vivieran la terrible amenaza de ETA. Es más, podría ocurrir si es cierto lo que recoge el informe elaborado por la Hacienda española y aportado al caso por la Fiscalía, que incluso algunos de los que vivían tan angustiosa circunstancia se beneficiaran económicamente de ella. Tremendo.
La ejecutiva del PP, bien es verdad que tímidamente, ha desmentido en público que tenga constancia de lo sucedido y, de paso, ha apuntado en privado a la responsabilidad de anteriores ejecutivas con especial énfasis a la que presidió el hoy eurodiputado Carlos Iturgaiz. Resulta llamativa otra vez la locuacidad de Iturgaiz en campaña en contraposición con su escaso rendimiento en el Parlamento Europeo y el clamoroso silencio que guarda ahora sobre todo lo publicado alrededor de la financiación de la sede de Bilbao. Es tan feo lo que apunta el fiscal que yo, si no tuviera nada que esconder, no habría parado de dar las explicaciones oportunas hasta despejar todas las dudas. Pero Iturgaiz sigue mudo y arrastra al PP hacia su debacle, electoral y moral.