El ‘Gernikako Arbola’, el himno compuesto por José María Iparragirre en 1853, ha sido desde su nacimiento mucho más que una simple canción. Es símbolo político, himno sentimental y seña de identidad de toda Euskal Herria. Menos conocida es, sin embargo, la atención que este canto despertó en textos históricos franceses, que lo presentaron como una pieza clave para entender la fuerza del patriotismo vasco.

El 1 de enero de 1946, apenas un año después de la Segunda Guerra Mundial, el escritor Henry Panneel publicó en París la biografía Ganich de Macaye. Gentilhomme basque, dedicada al célebre contrabandista Ganix Antxordoki. Entre las escenas de la primera guerra carlista, el autor que escribió también sobre leyendas vascas describe a los soldados navarros entonando con emoción el “magnífico Guernikako Arbola, el himno fuerista, el canto de guerra carlista, que con esas estrofas conmovedoras y de una simplicidad sublime, exaltó el sentimiento patriótico de toda la Euskal Herria”. Panneel, de quien no existe mucha información, se sabe que fue premiado por la academia francesa por su obra Témoins de l’Évangile, es decir, Testimonios del Evangelio, en 1957.

Pocos años después, dentro de la prestigiosa colección Horizons de France, apareció el volumen Visages du Pays Basque, ilustrado por Pablo Tillac. Aunque se centraba en los tres herrialdes de Iparralde, la obra trascendía fronteras: “más allá de los horizontes limitados del pueblo, el vasco ve la patria común”, señalaba el libro, subrayando el papel del himno como la expresión más pura de esa idea compartida. El texto llegaba incluso a traducir al francés algunos de sus versos: “Arbre béni, aimé des Basques, répands ton fruit dans le monde: nous t’adorons, arbre vénérable”.

Estos testimonios, escritos en la Francia de posguerra, muestran la potencia simbólica del canto de Iparragirre, que resonaba no solo en las plazas y tabernas de Euskal Herria, sino también en la mirada extranjera que intentaba comprender la fuerza cultural vasca. Ahora, al cumplirse 80 años de la publicación de la obra de Panneel, la efeméride invita a revisitar el legado de un himno que trascendió fronteras.

Ese legado es el que mantiene vivo hoy la asociación Gernikako Arbola Kantuz, colectivo coral que este año celebra cinco redondos años de trabajo desde su nacimiento el 12 de agosto –día del natalicio del urretxuarra Iparaguirre- de 2020 en la Plaza de los Fueros de Iruñea, con un manifiesto fundacional que marcó sus objetivos. Según la propia asociación, sus fines son promocionar el himno Gernikako Arbola, compuesto por José María Iparragirre; colaborar con fundaciones y asociaciones culturales, así como con agrupaciones musicales para su uso; promoverlo como himno oficial del conjunto de toda Baskonia y Euskal Herria, sin menoscabo de los himnos actualmente vigentes en los diferentes ámbitos administrativos que la componen; y constituir actividades complementarias en beneficio de la cultura vasca, entre ellas aquellas encaminadas al fomento de la lengua y la cultura vasca, así como cualquier otro objetivo que, respetando la normativa vigente, decidan asumir.

Con voces que llegan desde Bizkaia, Gipuzkoa, Araba, Navarra, Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa, el grupo encarna la unidad cultural que el propio himno simboliza. Sus actuaciones, siempre ligadas a contextos conmemorativos, actos culturales y celebraciones populares, recuerdan que el “árbol venerable” sigue dando frutos. Para Gernikako Arbola Kantuz, rescatar referencias históricas como las de Panneel o Tillac es también una forma de reivindicar que este canto no pertenece únicamente al pasado: sigue vivo, sigue sonando y sigue emocionando a quien lo escucha, dentro y fuera de Euskal Herria.

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Entre el casi centenar de músicos que apoyan el manifiesto fundacional hay nombres y apellidos como Niko Etxart, Amaia Uranga, Txomin Artola, Nuria ‘La Furia’ Loron, Gontzal Mendibil –que ha interpretado al vate Iparaguirre-, Mila Milikua, Gorka Knör, Evaristo Páramos, Xabier Saldias, Jose Ignazio ‘Piter’ Ansorena, Tontxu Ipiña, Eñaut Elorrieta o Antxon Valverde. Todos ellos y otras personas que a nivel personal también han rubricado el documento reconocen la labor de José María Iparragirre (Urretxu 1820 – Ezkio-Itsaso 1881) que se convirtió en uno de los más célebres cantautores vascos del siglo XIX. Hijo de familia humilde, se formó en la música desde joven y comenzó a tocar la guitarra y componer canciones populares que reflejaban la vida y las tradiciones vascas. El Gernikako Arbola (1853), lo consolidó como símbolo del patriotismo y la identidad cultural vasca, convirtiéndose en un himno que sigue vigente. Iparragirre viajó por Europa y América, difundiendo esta canción, sus otras partituras y por extensión la música vasca y el euskara.

La asociación propuso hace un lustro “adoptar como oficial en el conjunto de Euskal Herria/Baskonia la primera estrofa de la canción compuesta por el bardo Jose Maria Iparragirre, con el añadido habitual Gora Euskalerria eta euskaldunak, gora. Es decir: Gernikako Arbola da bedeinkatua euskaldunen artean guztiz maitatua. Eman ta zabal zazu munduan fruitua adoratzen zaitugu Arbola santua. Gora Euskal Herria eta euskaldunak! Gora!”