Desde que irrumpió en la escena pública, primero como tertuliano de izquierdas en programas de La Sexta y después fundando su propio partido político, Podemos, la imagen de Pablo Iglesias estuvo íntimamente ligada a su coleta. Era una seña de identidad, no muy habitual en el Congreso de los Diputados, que lo acompañó en su ascenso hasta la Vicepresidencia del Gobierno español y que mantuvo hasta que decidió dimitir de todos sus cargos y abandonar la política una vez que no sacó los resultados esperados en las elecciones a la Comunidad de Madrid. Al día siguiente, a principios de mayo de 2021, decidió ir a la peluquería y cortarse la coleta.

De símbolo político a... ¿venta?

El exlíder de Podemos ha sorprendido al confesar que ese famoso pelo no se quedó en la barbería como cualquier resto capilar. Ni la guardó para donársela a alguien o para exponerla en su taberna. Se la llevó con él a casa y quién sabe si algún día podrá hacer negocio con ella, ya que se plantea vendérsela a alguien con dinero y gusto por los objetos curiosos.

La coleta de Iglesias. Ruben Plaza

La revelación llegó en su reciente viaje a Cuba, donde concedió una entrevista al periodista Randy Alonso, a quien explicó en su podcast Es la idea que ese pelo acumulaba ya “mucha carga negativa” y que por eso decidió cortárselo al abandonar la política. “Mi sueño es vendérsela a un millonario de esos que tienen en su despacho cosas como una piedra del muro de Berlín. ‘Págame bien cara la coleta que yo te la vendo’, que con esa plata yo puedo hacer política”, afirmó, asegurando que lo decía “medio en broma, medio en serio”.

Coleta como reliquia

A priori no parece que ese gran mechón de pelo pudiera generar un enorme interés, pero vivimos en una sociedad que paga grandes cantidades por camisetas sudadas, guitarras rotas o servilletas firmadas, con lo que no es descartable que alguien quiera tener esa coleta como reliquia, porque lo de usarla ya parece más rebuscado. O incluso que el adquiriente no fuese un fan, que todo es posible.

Durante la entrevista, en la que aseguró que se “aburrió” en el Gobierno, también hizo referencia a otro elemento relacionado con su imagen: su vestuario, que tampoco era el habitual para un diputado con responsabilidades, sino bastante más informal (aseguraba que compraba ropa en el hipermercado). “Yo siempre he vestido muy mal. Sufría mucho porque me decían: ‘No puedes ir vestido así’. Intentaba adaptarme, pero nunca estaba cómodo”, explicaba.