La llegada del calor hace que valoremos aún más la función de electrodomésticos como la nevera, ya que nos ayuda a alargar la vida útil de una infinidad de alimentos que a temperatura ambiente se estropearían enseguida.
Llegar a casa después de hacer la compra y guardar los alimentos en el frigorífico es una costumbre muy normalizada.
Sin embargo, este hábito tan generalizado puede ser perjudicial para la calidad, el sabor y la textura de muchos de ellos.
En el caso de la fruta, es importante saber que el frío no es la solución para todas las variedades.
Gran parte de ellas, especialmente las denominadas climatéricas, continúan su proceso de maduración una vez recolectadas del árbol, y las bajas temperaturas interrumpen de manera brusca este proceso.
Los plátanos y su extrema aversión al frío
Uno de los ejemplos más representativos y comunes en las cocinas es el plátano.
Esta fruta de origen canario es extremadamente sensible a las bajas temperaturas.
Al introducirlos plátanos en la nevera, el frío paraliza por completo su maduración y daña las paredes celulares de su piel, lo que provoca que se vuelva negra con gran rapidez.
Además de afectar gravemente a su aspecto exterior, la textura se vuelve harinosa, y su sabor pierde gran parte de la dulzura característica. La opción más recomendable para preservar su calidad es mantenerlos en un lugar fresco y seco, alejados de la luz directa del sol.
Los tomates pierden aroma y jugosidad
Aunque en el ámbito culinario se trata como una verdura, el tomate es una fruta y sufre enormemente cuando desciende la temperatura a su alrededor.
El frío afecta a los compuestos volátiles que son los únicos responsables de otorgarle su aroma y sabor distintivos. Un tomate refrigerado puede mantener una apariencia externa firme, pero al consumirlo resulta insípido.
Sumado a esto, el cambio térmico lo vuelve harinoso y poco apetecible. Lo ideal es dejarlos a temperatura ambiente para disfrutar de toda su frescura y sabor.
Frutas tropicales y aguacates
Frutas muy apreciadas como el mango, la papaya, la piña o el aguacate provienen de climas cálidos y están preparadas para madurar con la ayuda del calor ambiental.
Al someterlas a las temperaturas del frigorífico antes de tiempo, su proceso de desarrollo se detiene por completo.
En el caso del aguacate, un alimento que requiere un punto exacto y muy concreto de madurez para ser consumido, el frío impide de raíz que alcance esa textura cremosa tan valorada en la gastronomía.
Únicamente se aconseja introducirlos en la nevera durante un breve periodo cuando ya han madurado por completo y se desea retrasar ligeramente su deterioro.
Cítricos y frutas de hueso
Las naranjas, los limones y las mandarinas también prefieren el ambiente ventilado del frutero.
Guardar los cítricos en la nevera provoca que pierdan gran parte de su jugosidad, se vuelvan secos y su piel desarrolle manchas indeseadas debido a la acumulación de humedad en los cajones.
Por otro lado, las frutas de hueso como los melocotones, las nectarinas y los albaricoques necesitan madurar paulatinamente a temperatura ambiente para desarrollar todo su dulzor natural y alcanzar una textura suave.
Someterlas a frío da como resultado piezas duras, secas y sin sabor.
Elemento indispensable en la cocina: un frutero
Comprender las necesidades específicas de cada producto es fundamental para evitar el desperdicio alimentario y disfrutar de la máxima calidad en nuestros platos.
El frutero tradicional sigue siendo el lugar idóneo para la inmensa mayoría de estas frutas, siempre que se vigilen con atención para que no maduren de mas, ya que algunas emiten gas etileno durante su maduración y pueden acelerar el proceso de las frutas que se encuentran a su lado.