Recalentar comida es una práctica común para aprovechar sobras y evitar desperdicios, pero no todos los alimentos reaccionan igual al calor. En algunos casos, el problema es solo culinario (pierden sabor, jugosidad o textura), pero en otros pierden seguridad alimentaria, especialmente si el alimento no se ha conservado correctamente o vuelve a calentarse de forma desigual. El riesgo no está tanto en el recalentado en sí, sino en la combinación de tiempo, temperatura y manipulación.

Los más delicados

El arroz cocido encabeza la lista de alimentos que conviene no recalentar. Si se deja a temperatura ambiente durante horas, puede desarrollar bacterias resistentes al calor que no desaparecen al volver a calentarlo. Por eso, si se guarda, debe hacerse rápidamente en la nevera y consumirse en poco tiempo, evitando recalentados repetidos.

Algo similar ocurre con el pollo y otras carnes blancas. Al recalentarlas, las proteínas cambian de estructura, lo que afecta a la digestión y a la textura, volviéndose secas o correosas. Si además el calentado no es uniforme, pueden quedar zonas frías donde sobrevivan bacterias.

Pollo antes de cocinarlo Pexels

Los huevos, ya sea cocidos o en platos como tortillas o revueltos, también son problemáticos. Recalentarlos puede alterar su composición y aumentar el riesgo si han pasado demasiado tiempo fuera del frío, especialmente cuando contienen ingredientes como mayonesa o salsas.

Verduras y pescados

Algunas verduras, como espinacas, apio o remolacha, pierden buena parte de sus propiedades y pueden generar compuestos malos si se recalientan varias veces. En estos casos, el problema no suele ser grave, pero sí suficiente para desaconsejar su consumo.

El pescado es otro alimento poco agradecido al segundo calentón. Su textura se reseca con facilidad y su aroma se intensifica, además de aumentar el riesgo de bacterias si no se ha conservado bien. En muchos casos, es preferible consumirlo frío, por ejemplo en ensaladas, antes que volver a someterlo al calor.

Cómo recalentar de forma más segura

Si no hay más opción que recalentar, es clave hacerlo una sola vez, asegurando que el alimento alcance una temperatura alta y homogénea. El microondas debe usarse con pausas para remover la comida y evitar zonas frías. Además, nunca se deben recalentar platos que hayan estado varias horas fuera de la nevera, aunque “no huelan mal”, ya que eso no garantiza que sean seguros.

Te puede interesar:

Recalentar comida es práctico, pero no siempre recomendable. Algunos alimentos requieren especial cuidado, y otros directamente pierden todo su atractivo tras pasar por el calor.