A poco más de diez minutos en coche desde Bizkaia, Castro Urdiales aparece como una escapada con varios argumentos: historia, paisaje costero y buena comida. La revista Viajar lo resume con una "reseña" muy acertada para cualquiera que lo haya visitado: “un pueblo pegado a la costa” con “los restos de unas murallas medievales que miran al Cantábrico”, un lugar que, según la publicación, es “perfecto” si la idea es combinar patrimonio y gastronomía en una salida corta de día. En su recorrido, Viajar recuerda que en su día esas defensas sirvieron para “proteger la localidad” y defender la zona de la Puebla Vieja.
El conjunto monumental junto al mar
El gran icono de Castro Urdiales se concentra en apenas unos metros. Viajar sitúa el foco en “la Iglesia de Santa María de la Asunción”, un templo levantado en el siglo XIII y asociado al gótico, y en el Castillo de Santa Ana, de época medieval y con un elemento que marca el lugar: “un faro desde 1853”. Ambos, añade la revista, se levantan “sobre un islote rocoso junto al Mar Cantábrico” y quedan unidos al casco urbano por el Puente Medieval, una postal que resume la identidad marinera del municipio.
En esa misma zona se encadena también la Ermita de Santa Ana, otro de los puntos que completan la visita a pie y que suele convertirse en parada obligada por las vistas que ofrece sobre el puerto y el oleaje.
Más allá del casco
La publicación destaca que el municipio ofrece “un pueblo lleno de encanto” y menciona partes del pueblo que ayudan a recorrerlo sin prisas, como la Plaza del Ayuntamiento o la Avenida de la Constitución. Entre los detalles más llamativos, subraya la presencia de “la estatua de un antiguo pescador”, un homenaje que conecta con la memoria local y con la actividad ballenera que marcó parte de su pasado. El municipio también ofrece completar la escapada con naturaleza y costa. Viajar menciona el Parque Cotolino y playas como Ostende, Oriñón o El Pedregal como lugares que, incluso fuera de temporada de baño, funcionan como paseo de invierno.
El otro motivo para volver
Viajar lo dice sin rodeos: “ofrece una gastronomía impecable”, con producto del mar y elaboraciones sencillas donde manda la materia prima. En su lista de ejemplos aparecen mejillones, zamburiñas, calamares o lubina a la plancha, platos que encajan con el puerto que tiene el lugar. La publicación remata la idea con una frase que resume bien el tirón del destino: “Si de algo puede presumir este pueblo, es su comida”.
Historia de Castro Urdiales
La historia de Castro Urdiales se entiende desde su posición estratégica en la costa: primero como enclave vinculado a poblamientos antiguos y, más tarde, como villa portuaria clave en el Cantábrico. En la Edad Media se consolidó como un núcleo defensivo y comercial, con un casco histórico que todavía conserva huellas de aquella etapa, como los restos de la muralla asociada a la Puebla Vieja y el conjunto monumental que domina el puerto. La construcción de la Iglesia de Santa María de la Asunción y del Castillo de Santa Ana en el siglo XIII refleja esa importancia, tanto religiosa como militar, en un territorio expuesto a incursiones y a la necesidad de proteger la actividad marítima.
Con el paso de los siglos, la localidad mantuvo una identidad ligada al mar, reforzada por señales como el faro del siglo XIX, que muestra Castro como punto de referencia para la navegación y como uno de los puertos históricos de Cantabria.