Una temporada de matrícula de honor. No caben más opciones a la hora de poner nota y calificar el curso completado por el Arenas en una exigente Primera Federación en la que figuraba con el cartel de recién ascendido. Lejos de acusar el salto de categoría y sufrir en el desarrollo de la campaña, el equipo liderado desde el banquillo por Jon Erice ha respondido con creces a las expectativas iniciales para completar sin sobresaltos clasificatorios un ejercicio en el que la permanencia no llegó a correr peligro.
Especial importancia tuvo para ello el gran rendimiento ofrecido como local en Gobela, convertido en un auténtico fortín en la primera mitad de la temporada. Llegó a figurar el Arenas como mejor local del grupo con la liga ya avanzada, fruto de una inmejorable puesta en escena en un campo al que, no obstante, tuvo que decir adiós en el segundo tramo del curso. La obligación de pasar a competir como local en un campo de hierba natural desembocó en un traslado a Fadura que se presentaba incierto.
Brotaba la duda de cómo se adaptaría el equipo a un contexto distinto, superficie incluida, con lo que ello podía suponer en una segunda vuelta del campeonato en la que cualquier bajón competitivo podía pagarse caro. Para satisfacción de la parroquia arenera, de bajón nada. Desde el estreno en Fadura con victoria incluida contra el Ourense el 1 de febrero dio el do de pecho el conjunto dirigido por Erice para mantenerse a flote en una liga marcada por una constante exigencia.
Undécimo clasificado al término del curso con 52 puntos, el margen respecto a la zona de descenso ha sido finalmente de nueve puntos, mientras que la distancia hasta el play-off ha sido de seis puntos. Más cerca de la promoción de ascenso a la Liga Hypermotion que de perder la categoría se ha quedado por ende un magnífico Arenas, que cerró el curso con un balance de 15 victorias, 7 empates y 16 derrotas. Tercer mejor local del campeonato al adjudicarse el 68,4% de los puntos en juego, aunque tercer peor visitante también con la pobre suma del 22,8% de los puntos, los areneros han hecho valer la fuerza del colectivo para luchar de tú a tú con equipos de presupuestos muy superiores.
ÉXITO DEPORTIVO E INSTITUCIONAL
Hasta debajo de las piedras se afanó en buscar dinero tras la consecución del ascenso a Primera Federación la directiva liderada entonces por Gorka Zurinaga, que consiguió sacar adelante un presupuesto de mínimos hasta el punto de ser el segundo más bajo de entre los cuarenta equipos que componen la categoría de bronce del fútbol estatal. El éxito, además de deportivo, se presenta también como institucional por consiguiente en una temporada con cambio incluido en la presidencia del club.
Zurinaga, después de doce años en la junta directiva, los últimos cuatro como presidente, cedió el testigo en enero a Mikel Barandalla en una transición sosegada que no alteró el pulso de la entidad. En el terreno de juego, competitivo de principio a fin, el equipo se dejó todo en cada partido a sabiendas de la importancia de cada punto en juego. Superada la siempre delicada temporada del estreno en una categoría, el Arenas mira al futuro con la satisfacción del trabajo bien hecho y con un claro camino a seguir.
La exigencia volverá a ser máxima la próxima temporada, en la que el desafío de la permanencia en Primera Federación se pondrá de nuevo sobre la mesa con la indudable dificultad que conllevará para los areneros. Hasta entonces, vacaciones bien merecidas para cada jugador y empleado de un club cuya solvencia dentro y fuera del campo merece una matrícula de honor.