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El éxito de un modelo: el Barcelona por encima de los egos

El equipo de Hansi Flick revalida el título desde la regularidad, el reparto coral de funciones y la madurez competitiva de un grupo joven que ya mira hacia Europa con ilusión

El éxito de un modelo: el Barcelona por encima de los egosEuropa Press

Hubo dos momentos que parecieron marcar un antes y un después en la temporada de este Barcelona campeón. El 31 de agosto, tras jugar contra el Rayo Vallecano y firmar un empate a uno en la tercera jornada de LaLiga, Hansi Flick percibió una amenaza y quiso prevenir de manera urgente antes de que el peligro fuera ya un mal instaurado: “El año pasado jugamos y trabajamos como equipo, y lo más importante es que no haya egos, porque esto mata al éxito del equipo”. El técnico alemán quería erradicar los excesos de individualismos y la soberbia, que erosionan el rendimiento colectivo, siendo crucial el compromiso de grupo por encima del resto.

Apenas dos meses después, el 26 de octubre y asistiendo a la jornada 10 del campeonato, el conjunto culé cayó derrotado por 2-1 en el Clásico del Santiago Bernabéu. El Real Madrid ampliaba su margen en el liderato hasta los cinco puntos. La fecha pareció ser un punto de inflexión. Si los chicos de Flick querían reeditar el título de liga, había que protagonizar un cambio de dinámica. Desde entonces, es decir en los 25 partidos siguientes, el Barça solo ha firmado dos derrotas. Nadie ha sostenido el pulso. Es el campeón a falta de tres jornadas para la conclusión de la temporada.

Segunda vez que el título se decide en un Clásico

El Barça ha logrado revalidar un título, el vigésimo noveno –se queda a siete del Real Madrid–, que no ha necesitado de alardes, sino de constancia. Ha ido desojando a los rivales en la carrera por el trofeo sin hacer ruido. El plantel de Flick fue construyendo una ventaja emocional y clasificatoria que terminó por desalentar a sus perseguidores. Atlético de Madrid y Villarreal fueron los primeros en quedar apeados de la lucha, allá por el ecuador de la campaña, cuando el equipo catalán proyectaba la sensación de que el liderato era un estado natural, no una coyuntura. El Real Madrid prolongó la supervivencia de sus opciones hasta alcanzar un Clásico decisivo. Y es que solo existía un precedente de la definición de un título de liga entre ambos clubes, y fue en el curso 1931-32.

El éxito de este Barcelona, que aparece a 14 puntos del Madrid, llega desde el convencimiento de una idea en la que Flick ha perseverado. El título ha llegado desde el método, desde la repetición de comportamientos fiables, siendo fiel a una idea de juego que no se ha desdibujado ni en los días menos amables.

Una amenaza pluralizada

Si algo ha distinguido al campeón ha sido su capacidad ofensiva distribuida. El gol no ha dependido de una sola figura, sino de un ecosistema que ha logrado generar amenazas desde múltiples focos con una versatilidad y capacidad de sorprender encomiables. No en vano, hasta seis jugadores han superado la decena de goles entre todas las competiciones: Lamine Yamal (24), Ferran Torres (21), Rapinha (19), Lewandowski (18), Rashford (14) y Fermín (13), y cinco han repartido al menos una decena de asistencias: Yamal (18), Fermín (17), Rashford (14), Pedri (11) y Dani Olmo (10).

Un dato que ensalza el concepto de colectivo es el hecho de que el Flick ha tenido que lidiar con cantidad de lesiones, ya que hasta dieciocho integrantes del vestuario han sufrido problemas físicos. Sin embargo, el alemán ha sabido explorar soluciones con éxito.  Eric García o Gerard Martín son ejemplos de jugadores que han ofrecido rendimiento fuera de sus posiciones naturales, lo que ha permitido que el equipo no se resienta.

En este paisaje dibujado por Flick que brinda por el rendimiento colectivo ha destacado la figura de Lamine Yamal, quizá el jugador más influyente de LaLiga, donde ha superado sus mejores registros. El joven de Rocafonda ha dado un paso al frente y se ha echado el equipo a sus espaldas en momentos delicados, como fueron los propiciados por bajas de máxima importancia como las de Rapinha o Pedri. Este último ha sido la brújula, el compás de este colectivo sobre el terreno de juego.

Si Yamal ha sido crucial en el aspecto ofensivo, Joan García lo ha sido en el defensivo. El portero que llegó el pasado verano como fichaje más caro del club (25 millones) para suplir a Ter Stegen, ha cumplido con creces. Sus intervenciones, dotadas de regularidad y serenidad, han sido vitales en diversos partidos para la consecución del título.

Fermín señala a Lamine Yamal.

Una plantilla plagada de juventud y talento

La plantilla también atesora un rasgo importante, la juventud combinada con madurez competitiva. Yamal (18), Marc Bernal (18), Cubarsí (19), Gavi (21), Balde (22), Casado (22), Fermín (23), Pedri (23), Gerard Martín (24), Eric García (25), Joan García (25)… representan el hambre de una plantilla que sigue creciendo, que ofrece nivel competitivo en la actualidad y que sirve garantías de futuro.

La impronta de Flick en este contexto de juventud ha sido profunda. El técnico alemán no solo ha inculcado una idea estética, un juego de posesión pero dotado de verticalidad combinativa, sino que la ha transformado en una herramienta competitiva. Su mérito es el planteamiento, pero también la gestión: ha confiado en jóvenes canteranos, ha reubicado piezas logrando versatilidad, ha activado a jugadores secundarios, ha llevado a cabo rotaciones sin perder al vestuario, ha inculcado la cultura del esfuerzo y ha primado la meritocracia. Ello sin gozar de grandes refuerzos a través de fuertes inversiones, ya que el pasado verano solo llegaron Joan García y Bardghji en calidad de traspasos, y Rashford como cedido. En invierno se incorporó también a préstamo a Joao Cancelo. Con todo ello, este Barcelona no ha requerido de su mejor versión para firmar victorias, sino que se ha abrazado a la fiabilidad, al rendimiento colectivo.

El Barcelona de Flick ha logrado hacer de la victoria su hábitat natural, sin grandes crisis pasajeras ni el encadenamiento de derrotas. No ha habido dramas ambientales como los que ha vivido de manera permanente su eterno rival. Sumar de manera constante ha sido clave. Hasta que los demás han ido hincando las rodillas ante un ritmo de crucero, sin estridencias a nivel de juego. Pocos o ningún partido será recordado como ejemplo del modelo de este equipo campeón, que sin embargo es muy reconocible por su paciencia, orden y convicción, virtudes que han destacado por encima del talento individual y los egos, que pueden matar el éxito, pero también decisivas para la consecución del segundo título de liga consecutivo, lo que puede significar el comienzo de una dinastía que ahora mira a Europa como su próximo gran desafío.