Hemos conocido esta semana que el número de hipotecas constituidas para la adquisición de viviendas cerró el mes de junio con una subida del 31,7% respecto al mismo mes de 2024. Fueron 41.834 los préstamos firmados en el Estado, su mayor cifra en este mes desde el ejercicio 2022, según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Si abrimos el abanico comparativo al primer semestre del año, se contabilizaron 243.257 préstamos concedidos para la compra de vivienda, lo que supone un incremento del 25% respecto al mismo periodo de 2024 y la cifra más abultada desde la primera mitad de 2011, cuando el mercado todavía vivía la resaca de la burbuja inmobiliaria que había estallado tres años antes. Por comunidades, todas firmaron el pasado mes de junio más hipotecas sobre viviendas que en el mismo mes de 2024, salvo Navarra, que registró un puntual descenso del 0,7% tras encadenar decenas de meses al alza.
En el lado de los ascensos, destacaron los avances interanuales de Aragón (+96,8%), Extremadura (+65,3%) y Cantabria (+63,3%), mientras que los más moderados se contabilizaron en Baleares (+12,5%), Madrid y Andalucía (+20,6% en ambos casos) y la CAV (+24%). Los expertos consideran que este repunte generalizado entre enero y junio obedece fundamentalmente a la crisis de oferta del mercado residencial, que lleva aparejado el temor a que la disponibilidad mengüe y los precios sigan escalando; y la relajación de los tipos de interés, pese a que el euríbor cierra agosto con una tibia subida después de siete meses consecutivos de descensos. A todo esto hay que añadir el dato más preocupante de este dinámico mercado inmobiliario.
Y es que más de la mitad de las hipotecas que se están firmando, desgraciadamente, están yendo a la burbuja de la inversión en alquiler turístico, según alertan desde la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin). Es decir, detrás de este aluvión de hipotecas no están jóvenes que adquieren pisos para emanciparse, sino un gran negocio de poseedores de una o varias propiedades inmobiliarias que invierten en este mercado en busca de obtener una alta rentabilidad a sus ahorros. Además, con sus compran tensionan todavía más el mercado, lo que lleva automáticamente a su encarecimiento tanto de la compra como del alquiler. Un drama.