crono de Pau

Roglic, en modo avión

El esloveno se exhibe en la crono de Pau y agarra el liderato de la vuelta con una renta de 1:52 con Valverde, dos minutos con López y tres con nairo

09.02.2020 | 14:16
Primoz Roglic, en un momento de la crono de ayer.

Bilbao - Observándole con las gafas de sol, clásicas pero distinguidas por la moda, con ese aspecto de Mark Walhberg que gasta, relajado, nadie diría que Primoz Roglic rompió a martillazos el reloj de la Vuelta en Pau. El esloveno destrozó las manecillas y volcó la carrera a su favor. Trituró a su rivales. Los aplastó sin piedad. Ese era su tiempo. Su escenario. Roglic no lo desperdició. No lo malgastó. El esloveno se disparó cargado de pólvora. Hombre bala. En su trayectoria destrozó a Nairo Quintana, sepultado por el poderío de Roglic, el relojero de la Vuelta. El colombiano recibió una tunda entre las manecillas. Roglic le lastró con una mochila repleta de plomo. 3:06 de pérdida. Así le arrancó el liderato, a mordiscos. Perro de presa. Quintana fue el peor parado en una crono que puso en órbita al esloveno, que también purgó el entusiasmo de Miguel Ángel López. Roglic, el exsaltador de esquí, el hombre pájaro, voló, supersónico, por encima de Supermán. Le dobló a un palmo de la meta. Le calzó dos minutos. Otro damnificado por el huracán. "La idea era estar por debajo de los 2 minutos, pero creo que lo hemos hecho súper bien. Me ha salido una magnífica crono", apuntó, entusiasta, o quién sabe si ingenuo, López, a 2:11 de Roglic en la general. Alejandro Valverde, más lacónico, fue el único de los favoritos que estuvo por debajo de los dos minutos de retardo respecto a Roglic. El murciano concedió 1:38. "No está mal el tiempo perdido con Roglic. He salvado la etapa y creo que he hecho una crono bastante decente", expuso Valverde, segundo en la general, a 1:52 del esloveno. El joven Pogacar perdió 1:29 en Pau y es quinto, a 3:05.

Esa portentosa actuación situó a Roglic en la atalaya de la Vuelta. El esloveno deberá cuidar su renta. Su tesoro. "Respecto a la ventaja que he conseguido sobre mis rivales, ninguna diferencia es suficiente. Incluso aunque le hubiera metido diez minutos a cada uno, no estaría satisfecho", analizó Roglic. El esloveno emuló a Miguel Indurain, que subía estupendamente, pero apabullaba en las cronos. Una bestia desatada. El hombre del tiempo. El campeonísimo navarro, cinco coronas en el Tour, visitó la carrera porque en Pau decidieron homenajearle. En territorio Tour, Roglic honró a la figura venerada Indurain con una performance extraordinaria. El esloveno puso en hora el reloj de la Vuelta, que con el liderato de Roglic y el pespunte de las montañas, amanece en un ecosistema excitante, una invitación a atacar al líder desde las colinas, cumbres, cimas y laderas. Como aquellos bandoleros. "Aunque soy consciente de que queda mucha Vuelta, intento ir día a día. Creo que, si mis compañeros y yo rendimos a nuestro máximo, podemos ganar", estableció. El destrozo provocado por el esloveno exigirá una ofensiva total a Valverde, López, Quintana y Pogacar si pretenden remontar el vuelo a modo de las cometas. En Pau, Roglic fue un avión a reacción. Un caza de combate.

El esloveno, aerodinámico, ovillado sobre la bicicleta, cortaba el aire. El resto, se estampó. Entendieron de inmediato el ordeno y mando del esloveno. Su marcha imperial. Se encendió de inmediato Roglic, con el turbo conectado desde la rampa de salida. Allí se sentía un astronauta preparado para despegar hacia el más allá. El esloveno, de verde, era un gigante dispuesto a ser el Gülliver de Lilliput. Roglic empequeñeció al resto desde la toma inicial. Claqueta. Luces, cámara y acción. En el primer punto de cronometraje, la marca de Roglic fue en un lamento para el resto. Valverde se dejaba 38 segundos, López 1:03 y Quintana, absolutamente desenfocado, encajó 1:26. Apenas se había cubierto un tercio del recorrido y Roglic, firme, contundente, forzudo, atizó su primer directo. El estacazo dejó tiritando a Quintana, grogui desde entonces. El colombiano era incapaz de reconocerse en una modalidad siempre indigesta para los escaladores. Miguel Ángel López también padeció los rigores de la especialidad, pero a diferencia de su compatriota, Supermán no se hundió a pesar de que Roglic, que había salido dos minutos después que él, le despegó el dorsal en la bocana de Pau.

roglic dobla a lópez El esloveno era el recuerdo de Indurain devorando rivales en las cronos. "La parte final se me hizo larga; he visto que venía Roglic a doblarme, pero tenía la ilusión de que no me iba a coger, pero al final he muerto a falta de 500 metros", asumió Supermán. Valverde mantuvo la dignidad a salvo, aunque fue acumulando retraso respecto a Roglic, que no hizo prisioneros. Ni Patrick Bevin, que estableció un gran tiempo, se le resistió. Roglic estaba desatado. Desencadenado. El esloveno, al que odian los escaladores, al que ven como a un ogro o el hombre del saco, continuó imponiendo su dominio. No vaciló ni un instante. Fue una apisonadora de punta a punta. En el segundo punto de cronometraje, en el kilómetro 24, Valverde aún se mantenía por debajo del minuto de desventaja con el esloveno, que arrastró a López por encima de 1:20 y abrumó a Quintana, que no lograba conectar con la crono. Fuera de cobertura. El colombiano era una penuria. No daba con la posición y su motor gripaba a cada pedalada.

Mientras tanto, Roglic, un jinete sin cabeza, atornillado en el sillín, la radio pegada al pecho, volaba con determinación. El esloveno era un proyectil con alas. Un misil entre los Viñedos de Jurançon a Pau, un recorrido con numerosos repechos y revirado. A Roglic le dio lo mismo. Aplanó el trazado, que corrió las cortinas con una subida de tres kilómetros. Eso no le asustó. Lo convirtió en una autopista. Roglic se bebió el triunfo de trago. Del tirón. Quintana, indefenso, tuvo que tragar quinina. Siempre atrancado, atravesado, el colombiano. Apesadumbrado. Deprimido. El maillot de líder le cortó las alas. Se las puso el esloveno, el hombre que quiso volar sobre los esquís y ahora lo hace sobre una bicicleta. Incluso más que Supermán. Roglic aterrizó sobre el liderato. En las alturas, recibió la felicitación de Miguel Indurain. Una bendición. A los dos les une el reloj, su fetiche preferido. Exacto, puntual a su cita, el esloveno se pone al rojo vivo. Vuela sobre la Vuelta. Roglic, en modo avión.

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