Bilbao Basket 62-59 Melilla

Pico, pala, victoria y factor cancha

El Bilbao Basket firma su sexto triunfo seguido gracias a un gran trabajo defensivo que limitó al Melilla a 5 puntos en el acto final

09.02.2020 | 00:42
Jaylon Brown penetra a canasta en el duelo de ayer ante el Melilla. Reportaje fotográfico: Oskar González

Bilbao - Segundo objetivo cumplido. Si la pasada jornada el Bilbao Basket selló en Ourense su condición de equipo de play-off, ayer dio otro paso al frente al certificar que contará con el factor cancha a su favor en la primera ronda de las eliminatorias por el ascenso a la Liga Endesa. Los hombres de negro están donde querían justo en el instante en el que querían. Viajan subidos a la cresta de la ola y ayer, ante un Melilla voluntarioso, sumaron su sexta victoria consecutiva sin que les hiciera falta protagonizar un encuentro brillante. De hecho, fue una tarde áspera de baloncesto, pero sacar adelante situaciones en las que el acierto no acompaña también es seña de identidad de las escuadras graníticas. En un duelo que los de Alejandro Alcoba supieron llevar a su terreno en los dos cuartos intermedios al conseguir anestesiarlo, bajarlo de revoluciones, los de Álex Mumbrú salieron a flote con una magnífica puesta en escena defensiva en los diez minutos finales, en los que limitaron a su rival a solo cinco puntos anotados.

Fue la tarde del pico, la pala y el mono de trabajo y ante sus pobres porcentajes en el tiro el Bilbao Basket supo hacer valer su trabajo sucio, su efusividad en el desempeño defensivo con Ben Lammers ofreciendo otra exhibición en el acto final en este aspecto del juego y su amor propio a la hora de cargar el rebote ofensivo como si no existiese un mañana. Hasta 20 balones capturaron los hombres de negro en el aro melillense; hasta 17 balones robados provocaron en las filas enemigas. Con Caleb Agada en estado de gracia, los visitantes amagaron con la revuelta en el ecuador del tercer parcial (44-49), pero los anfitriones, pese a desesperarse por momentos por sus pérdidas absurdas y los tiros que no acababan de entrar, no dieron su brazo a torcer. En un acto final en el que cada punto era casi celebrado como un gol, protagonizaron un ejercicio de funambulismo. Con empate a 59 a dos minutos y medio del final, llegaron a fallar hasta cinco tiros libres y un par de lanzamientos que eran sinónimo de victoria, pero resolvieron a base de rebote, robos y muchísima defensa. Tres tiros desde la franja de castigo acabaron desequilibrando la balanza porque el Melilla ni siquiera llegó a anotar en esos 150 segundos finales.

El encuentro arrancó fluido en lo referente al suministro de puntos, aunque estos llegaron única y exclusivamente desde el rebote ofensivo. Felipe Dos Anjos sumaba para los visitantes, Leonardo Demetrio y Kevin Larsen lo hacían para los anfitriones y la igualdad se rompió en el momento en el que el brasileño se quedó solo en esta faceta. El Bilbao Basket fue poco a poco sumando recursos con un juego ofensivo tan pulcro como dinámico. Su notable ocupación de espacios unido a un movimiento de bola rápido dio lugar a cómodas situaciones de tiro. Con dos triples de Edu Martínez soltando amarras, el conjunto de Mumbrú navegó hasta un más que interesante 21-8 a menos de dos minutos de la conclusión del acto inaugural. El Melilla, que tardó casi siete minutos en efectuar su primer tiro que no llegara desde debajo del aro (y ni siquiera lo tocó), consiguió, sin embargo, cerrar el primer parcial sin perder pie del todo (23-14) y posteriormente aprovechó los errores de los locales para mantener la verticalidad. Así, un par de pérdidas de balón de Javi Salgado fueron castigadas al galope por Agada (26-22) y el duelo ganó en temperatura. El juego entre pívots (Ben Lammers con Iván Cruz primero, Larsen con Demetrio después) rindió buenos dividendos al Bilbao Basket, pero sus imprecisiones le impidieron coger distancia en el luminoso. El conjunto de Alejandro Alcoba fue poco a poco sintiéndose más cómodo sobre la cancha, adormiló el partido, amplió sus registros y en el momento en el que empezó a anotar desde la larga distancia consiguió que el marcador llegara al ecuador de la contienda con más equilibrio que el deseable para los intereses de los hombres de negro (36-32), a quienes les pesaba en demasía su pobre 4 de 15 desde la larga distancia, lo que hacía que la responsabilidad anotadora recayera casi de manera exclusiva en los cuatro jugadores interiores, autores de 23 de los 36 puntos del equipo.

Pero en la reanudación, las cosas empeoraron en lugar de mejorar. Nada quedaba del Bilbao Basket fluido y dañino de los diez primeros minutos. Las pérdidas de balón, muchas incomprensibles, seguían al orden del día, los tiros no entraban, la defensa se deshilachaba y el Melilla encontró alfombra roja hacia le remontada a lomos de un Agada absolutamente desatado y efectivo desde todas las distancias (nueve puntos en un abrir y cerrar de ojos). El 38-39 con solo tres minutos disputadas indicaba claramente por dónde iban las nuevas constantes vitales del duelo. Los de Alcoba supieron fabricar además numerosos viajes a la línea de tiros libres (Larsen, por parte bilbaina, se dejó un buen puñado por el camino) y el 44-49 no auguraba nada bueno. Otro triple de Agada en pleno intento de reacción de los de Mumbrú llevó el choque a sus diez minutos finales con un adverso 50-54. A falta de acierto, los anfitriones apostaron el todo por el todo a la defensa y en el último cuarto la producción ofensiva del Melilla se limitó a una canasta de Franch y tres tiros libres de Balaban. Al Bilbao Basket le costó también Dios y ayuda mover sus guarismos ofensivos, pero en un duelo sin canastas en juego en sus cinco minutos finales los anfitriones supieron imponer su versión granítica. Con 62-59 y 29 segundos en el reloj, Zyle falló el lanzamiento que pudo equilibrar el marcador. A siete del final, Demetrio también erró dos tiros libres para dar carpetazo al asunto, pero el quinto rebote ofensivo de Lammers, quién si no, acabó certificando el factor cancha de los hombres de negro.