San Mamés acogerá mañana la octava jornada correspondiente a la fase de liga de la Champions, la última antes de las sucesivas rondas a doble partido que conducen hasta la final del torneo. El Athletic llega con opciones de prolongar su participación y para ello intentará impedir que el Sporting de Portugal sume los tres puntos en juego. Luego, en función del resultado propio quizá necesite revisar aquellos marcadores ajenos que pudiesen influir en su suerte. En síntesis, los próximos noventa minutos son determinantes en la aventura continental de los rojiblancos en la presente campaña y en particular para Nico Williams.

Pese a que la continuidad en la Champions sea un asunto que compete al equipo, a la plantilla entera, así como al club por el impacto económico y social que entraña, sin olvidar al entorno, el hecho de dedicar específicamente un aparte al extremo internacional estaría justificado. Todo comienza el pasado verano, cuando a mediados de julio el Athletic comunica que el menor de los Williams amplía su contrato hasta 2035. Aunque solo el tiempo dará o quitará razones, el potente anuncio sirvió entonces para poner el punto final al flirteo que durante casi dos años vinculó al jugador con el Barcelona.

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En imágenes: Nico Williams pone la firma a su renovación con el Athletic hasta 2035

Estampada su firma, Nico se sintió inspirado y declaró: “¿Qué hay mejor que jugar la Champions con el club de mi vida?. La reflexión se recibiría con alivio y alegría también, al fin y al cabo el Athletic mantenía en sus filas a una pieza diferencial, una estrella así considerada en el ámbito internacional; y también en casa, tal como se deduce del acuerdo consensuado que le otorga una ficha muy por encima de la media que rige en el vestuario.

A fecha de hoy, al refrescar aquellas palabras, cabe dudar de que Nico Williams haya visto cumplida su gran ilusión. Como se ha indicado, la realidad certifica que, más allá de que obtenga o no el acceso a los dieciseisavos de final, el Athletic se encuentra en el ajo. Acumula siete actuaciones en la pasarela más prestigiosa y selecta. En total, ha disputado 630 minutos cruzándose con varios adversarios ilustres, el campeón vigente PSG por ejemplo o el Arsenal que ejerce de líder, y otros más modestos para anotarse dos victorias, dos empates y tres derrotas.

La duda en torno a la satisfacción que a Nico le habría reportado su recorrido personal se apoya en que sus minutos en Champions han sido 187, el equivalente a dos partidos. Ni siquiera compareció en cuatro de las citas ya celebradas, faltó frente a Arsenal, Borussia Dortmund, Newcastle y Atalanta. Y está por ver si mañana estará disponible.

No causaría extrañeza que con ocasión de la visita del conjunto lisboeta volviese a ausentarse, ni que fuese utilizado sobre la marcha en función del marcador. Nico Williams lleva ni se sabe cuántos meses (esta historia no es de ahora, arranca la pasada temporada) mermado a causa de una pubalgia por la que está siendo tratado siguiendo un método conservador por deseo expreso suyo y con el visto bueno del club. Esto es, se ha preferido eludir la intervención quirúrgica, que conlleva un plazo de dos o tres meses al margen de la dinámica competitiva.

Ausencias

El resultado de dicha apuesta ha sido, está siendo, negativo porque el jugador sufre dolores y con frecuencia se halla imposibilitado para rendir como de él se espera. Cuando ha forzado, lo ha pagado con bajas. Así ocurrió en septiembre, que volvió lesionado de una concentración con España y se perdió siete partidos, cinco de liga y dos de Champions. Una tónica que se ha reproducido de manera menos aparatosa, pero constante, con frecuentes suplencias y sustituciones y que no solo explica su discreto paso por la Champions sino una insuficiente aportación en el resto de los frentes en que se mueve el Athletic: solo ha sido titular en la mitad de los encuentros del equipo.

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Que aparezca bien colocado en alguna estadística individual es secundario en vista del funcionamiento general del Athletic y no tapa el flojo nivel de Nico y el problema que ello supone para el grupo, ni la ingrata experiencia personal que está viviendo. Habrá quien sostenga que su escasa aportación es una más de tantas, observación difícil de rebatir, pero las jerarquías (el potencial y el estatus) cuentan en el reparto de tareas y responsabilidades y desde esta perspectiva el chico sale perjudicado.