Las visitas del Athletic al campo del Barcelona se asocian de forma automática a derrota. La negatividad del pronóstico queda rebajada cuando el partido tiene lugar en San Mamés, no así si el enfrentamiento se produce en terreno neutral. Esta última apreciación mantiene su sentido de cara a la cita de este miércoles: primera semifinal de la Supercopa 2026, a celebrar en Arabia Saudí. Las desiguales trayectorias de los equipos desde el comienzo de la temporada refuerzan el pronóstico. Circunstancia objetiva aunque no concluyente hasta que sea sometida al examen de los noventa minutos de rigor.

El fútbol siempre contempla esa pequeña esperanza, en este caso aplicada a la posibilidad de que los hombres de Ernesto Valverde pudiesen sorprender a la tropa de Hansi Flick. No obstante, más allá de las cifras, de los datos que presentan unos y otros, podría afirmarse con absoluta convicción que a día de hoy el Barcelona goza de una salud competitiva envidiable, mientras que el Athletic persiste en un estado de decaimiento, por no decir depresivo, perfectamente reflejado en sus actuaciones más recientes.

El efecto liberador de la llegada del técnico alemán al Barcelona hace año y medio no admite debate alguno. Fue una apuesta de riesgo por tratarse de una persona totalmente ajena a una entidad que gusta de alardear de tradición y valores, así como de un estilo futbolístico singular cuyo origen se remonta al período en que Johan Cruyff ocupó su banquillo. Más allá de la conquista de tres títulos (Liga, Copa y Supercopa), Flick demostró gran habilidad en su primer año para introducir novedades en esa propuesta ya clásica basada en la iniciativa y el ataque a través de una elevada posesión.

El equipo ganó en velocidad, al intercalar transiciones en pocos toques, y asumió riesgos con la defensa ubicada en la línea divisoria. El nuevo librillo provocaría varios disgustos al principio, pero no tardó en ser rentable, además de espectacular para el aficionado. En el arranque del presente curso, el proyecto de Flick se daba por consolidado, pero tuvo que afrontar cambios importantes. La marcha de Iñigo Martínez, líder de la zaga; las lesiones de Raphinha, capitán y paradigma del espíritu combativo que propugna el germano; De Jong, Gavi, Balde, Lewandowski, máximo goleador; Christiansen, Joan García; los problemas psicológicos de Araujo, segundo capitán, o el desencuentro con Ter Stegen, cuya titularidad recayó en el recién fichado Joan García. Y alguna cuestión más, relativa al capítulo de bajas y altas, una temática estival que en Can Barça acostumbra a dar mucho juego, en el peor sentido de la expresión.

En fin, una serie de factores que, en vez de contribuir a consolidar la línea establecida antes del verano, sembraron de incertidumbres el terreno que pisaba el equipo azulgrana. Ello explica los apuros observados en bastantes de los compromisos de los primeros meses y algún revés especialmente significativo. En especial, el registrado en el Bernabéu, un 2-1 el 26 de octubre, fecha en que no estuvieron aptos Joan García, Christensen, Gavi, Raphinha, Olmo y Lewandowski.

Aciertos técnicos

El paulatino crecimiento del Barcelona desde entonces descansa en medidas que Flick ha mantenido cuando se antojaban decisiones pasajeras. Apuestas impensables del estilo de reciclar como central a Gerard Martín, convertir a Eric García en el comodín defensivo de la estructura, integrar con absoluta naturalidad a un tipo de difícil clasificación como Rashford, insistir con Ferrán pese a la recuperación del veterano ariete polaco, probar a Lamine Yamal en una posición alejada de la banda, reubicar a Raphinha escorado a la izquierda o dar más margen a un enredador como Fermín.

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Desde el clásico, el Barcelona solo ha caído en una oportunidad: ocurrió en el campo del Chelsea, si bien la roja a Araujo antes del descanso resultó determinante. Computados todos los frentes, Liga, Champions y Copa, que hacen un total de 26 encuentros, el balance reluce con 20 triunfos, dos empates y cuatro derrotas (PSG, Sevilla, Madrid y Chelsea); 69 goles marcados y 32 recibidos. En Liga, por ejemplo, ha enlazado con victorias las últimas nueve jornadas, lo cual le afianza en el primer puesto, con un colchón de cuatro puntos sobre su eterno rival.

Por descontado que entre los objetivos del Barcelona figura la reedición del título de la Supercopa logrado el pasado enero, goleando sin miramientos al Madrid, 5-2. Habida cuenta el contexto, la divergencia en el apartado de los objetivos a perseguir y la comentada diferencia en las dinámicas, el porcentaje de probabilidades de éxito del Barcelona este miércoles resulta abrumador.