Cuatro hombres fallecieron el 4 de marzo de 2006 en el incendio de una pensión en Bilbao; en noviembre de 2010, dos jóvenes perdían la vida en un restaurante abandonado que servía de refugio durante la noche a los indigentes en Santurtzi; una pareja y sus dos hijos murieron en el barrio de Zorrotza al arder su vivienda en mayo de 2017; días después lo hacía el abuelo, incapaz de superar la gravedad de las heridas sufridas en el siniestro... Es la lista negra de los incendios en viviendas de Bizkaia: 67 personas han perdido la vida en 25 años en estos siniestros que parecen tener un marcado perfil: son más frecuentes en los meses de invierno y en los municipios pequeños, en viviendas unifamiliares y la mayoría de víctimas superan los 65 años.

Así se desprende del Estudio de Víctimas Mortales de Incendios en la CAPV y Navarra que han elaborado el Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes, y Lagun Aro analizando los siniestros que se han producido entre 2000 y 2024. “Creemos que los resultados de este estudio nos ayudarán a profundizar en el conocimiento de los peligros de los incendios y a la construcción de una sociedad más segura”, confía en el prólogo el presidente de OPA, Javier Larrea. El informe analiza todas las muertes en incendios y explosiones en esos 25 años, haciendo especial hincapié en las registradas en fuegos en viviendas aunque también se recogen otras relacionadas con la quema de rastrojos, los incendios forestales y otros edificios como infraviviendas, industrias, establecimientos comerciales o espacios sanitarios.

"Este estudio nos ayudará a profundizar en el conocimiento de los peligros de los incendios y a construir una sociedad más segura"

Javier Larrea - Presidente del OPA

Entre 2000 y 2024, en Bizkaia han fallecido un total de 67 personas en incendios de viviendas, por 16 de Araba, 29 de Gipuzkoa y 35 en Nafarroa. La cifra se eleva a 94 teniendo en cuenta todos los fuegos que se han producido en el territorio en ese periodo. No hay grandes diferencias entre los cuatro: la tasa de muertes por millón de habitantes de Bizkaia, la más alta (3,3) solo supera a la más baja, la de Gipuzkoa, en un punto (2,3). “En todos los territorios la tasa de muertes por millón de habitantes está por debajo de 3,5, que es una tasa muy baja si se compara con otros países”, se señala. En Austria, Bélgica, Francia, Grecia, Portugal, Irlanda o Reino Unido, esa tasa supera los cuatro fallecidos por millón de habitantes; en Estados Unidos o Japón está por encima de diez, y en Rusia y Bielorrusia hay más de 53 y 67, respectivamente.

En cuanto a sus características demográficas, hay conclusiones muy claras. Los hombres fallecidos (46) duplican a las mujeres (21), un resultado frecuente en casi todas las estadísticas de muertes accidentales, y la mayoría de las víctimas tienen entre 60 y 89 años. El riesgo de morir en un incendio es un riesgo creciente en la vida que aumenta con los años: el 52,7% de los fallecidos eran mayores de 64 años. “A la vista de estos datos se puede concluir que el principal público objetivo de las campañas de prevención debería ser este grupo de personas”, se advierte en el informe.

Más víctimas en invierno

La distribución de los fuegos por meses también muestra diferencias importantes. Los meses en las que más muertes se producen son diciembre, enero y marzo, frente al que menos registra, que es agosto, en una proporción de cinco a uno. La mitad de fallecimientos se registran entre diciembre y marzo. La explicación que recoge el análisis es el uso de aparatos productores de calor durante el invierno, unido al mayor número de horas que la población permanece en sus hogares en los meses fríos. También porque cuando bajan las temperaturas se consume más gas y electricidad, ambas asociadas a los incendios. “Si hubiera que extraer una conclusión de del análisis de estos datos, la enseñanza sería que se pone de manifiesto la necesidad de realizar las campañas de prevención de incendios en el último trimestre del año, antes de que aparezca el invierno”, se recomienda.

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Respecto al día de la semana, “no se constata una relación causa-efecto entre el número de víctimas y el día de la semana”, aunque se registran más muertes el fin de semana. Sobre la distribución por horas del día, esta es muy irregular, observándose varios picos y valles a lo largo de la jornada, que parecen producirse “de forma aleatoria”. Eso sí, hay diferencias entre la noche y el día: el 62,6% de las víctimas fallecen en incendios ocurridos durante la noche. “Este es un dato demoledor y un buen argumento para fomentar el uso de detectores, que son la mejor manera de sobrevivir a un incendio en el hogar por la noche”, subrayan OPRA y Lagun Aro. “Instalar detectores domésticos de incendios y de gas en los hogares podría contribuir a evitar un gran número de esta muertes”.

La distribución de las víctimas mortales por tamaño del municipio revela la vulnerabilidad de las poblaciones más pequeñas: si en localidades de más de 50.000 habitantes la tasa de muerte por millón no supera el 1,7, en las que tienen menos de 1.000 esta se dispara hasta el 5,1. “Se puede llegar a la conclusión de que el modelo público de protección contra incendios no está adecuadamente diseñado pues deja a la población más vulnerable con menos protección o menos recursos”, plantea. Y no es una cuestión de lejanía respecto a los parques de bomberos: más de dos terceras partes de las víctimas estaban a menos de 10 kilómetros y solo el 9,5% ocurrieron a más de 20.