Cuando el Guggenheim Bilbao abrió sus puertas en 1997 ya había una sala destinada para acoger el 'Guernica' de Picasso. El arquitecto canadiense Frank Gehry habilitó una galería de la segunda planta del museo para exponer la monumental obra del artista malagueño. 

Las instituciones vascas han mostrado en repetidas ocasiones su deseo de contar con el Guernica en Euskadi y lo volvieron a solicitar, al menos, para la inauguración del Guggenheim Bilbao. La petición estaba acompañada de un detallado informe técnico, con el que se intentaba demostrar que un eventual traslado no influiría en el delicado estado de conservación del cuadro.

El entonces presidente de la Fundación de la Solomon R. Guggenheim, Thomas Krens apoyó también la demanda con un pormenorizado estudio de los viajes del lienzo, “un cuadro que contra lo que puede pensarse ha sido muy viajero”. Krens explicó que el Guernica había estado en al menos 32 ciudades distintas, muchas de Estados Unidos, como Boston, Nueva Orleans, o San Francisco; en los años cincuenta pasó por media docena de ciudades alemanas, y también pudo ser contemplado en Inglaterra y Escandinavia. “Antes o después, el pueblo vasco debe contar con esta pintura, un cuadro que jamás ha estado en Euskadi y cuya presencia comportaría un reconocimiento que merece el pueblo vasco, aunque sólo sea por una vez”, explicó. Las instituciones vascas consideraban entonces que era el momento idóneo al coincidir el sesenta aniversario del bombardeo, con la inauguración del Guggenheim Bilbao.

Sin el 'Guernica'

Al final, el Guggenheim abrió sus puertas con una sala denominada Guernica, pero sin el Guernica. El “no” rotundo del Reina Sofía para denegar el traslado temporal no se hizo esperar, aduciendo razones técnicas y de riesgo de daños. Lo mismo que han aducido esta misma semana tras la petición del Gobierno Vasco de su traslado temporal al Guggenheim Bilbao para su exposición entre el 1 de octubre de 2026 y el 30 de junio de 2027, coincidiendo con el 90 aniversario del primer Gobierno Vasco y del bombardeo de Gernika.

La petición fue trasladada este martes por parte de la vicelehendakari primera y consejera de Cultura y Política Lingüística Ibone Bengoetxea, al ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Tan sólo 48 horas después, el Reina Sofía hacía público un informe de su Departamento de Conservación-Restauración en el que volvía a desaconsejar el traslado por considerar que “las vibraciones del movimiento podrían perjudicar el estado de la obra y aumentar su deterioro”. En realidad no se trata de un informe nuevo, sino de una actualización del realizado en 2018, en el que también se descartaba su traslado. 

Reparación simbólica

El lehendakari, Imanol Pradales, tras el encuentro que mantuvo el viernes en la Moncloa con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, consideró que sería “un grave error político cerrar la puerta” al traslado “con el informe de conservación que ha hecho público el Reina Sofía”. Asimismo, defendió que la petición busca “una reparación simbólica y política” al pueblo vasco y también “un mensaje al mundo” en el actual momento geopolítico.

Pradales aseguró que es necesario realizar un estudio de viabilidad técnica, no sin puntualizar que su Ejecutivo no ha solicitado un informe sobre el estado de conservación de la obra, el cual ya conocen, sino un análisis “posibilista” que determine bajo qué condiciones, tecnologías y costes sería factible este movimiento.

En la misma línea se ha manifestado Ibone Bengoetxea: “Cuando los museos de todo el mundo trasladan obras de gran complejidad con todas las garantías, reducir la respuesta a un informe de conservación es insuficiente para una petición de esta naturaleza”, aseguró la vicehelendakari.

Conservadores internacionales

El “no” rotundo del informe del Reina Sofía a prestar el lienzo se contrapone a las opiniones de otros conservadores internacionales de arte. En 1997 se celebró un simposio internacional en Bilbao en el que hubo numerosos expertos que entonces ya veían favorable el traslado. Un informe indicaba cómo el lienzo podría viajar a Euskadi sin sufrir ningún riesgo en menos de ocho horas, tiempo durante el cual se pueden mantener las condiciones óptimas de conservación. La propuesta recogía que se podía trasladar la obra en un camión especial sin enrollar. 

Se podría construir una caja climatizada a la medida de la obra, que sería transportada sobre un camión de base plana. Se podría utilizar un contenedor que haría las veces de cabina acondicionada para proteger la obra tanto de las inclemencias del tiempo como de las vibraciones en las condiciones idóneas de climatización”, aseguraban los expertos en 1997.

En 2004, otros conservadores avalaban durante un congreso celebrado en el Palacio Euskalduna también la posibilidad de que el Guernica pudiera viajar a Euskadi . Uno de ellos fue David Bomfors, en aquel entonces Restaurador Jefe de Pintura en la National Gallery de Londres, que había participado en la restauración de obras como Los Girasoles de Van Gogh. Y el otro, Jonathan Ashley-Smith, investigador del Victoria and Albert Museum de Londres, quien afirmaba que “si hay suficiente dinero, tiempo y una planificación adecuada, se puede trasladar la obra con un riesgo cero. Pero entendemos que en este caso puede influir en la decisión de no permitir el viaje factores políticos. Muchos aducen que la voluntad de Pablo Picasso fue que se quedara en Madrid, pero entonces no existía el Museo Guggenheim Bilbao”, explicaron ambos conservadores.

Las peticiones han sido continuas. Entre 2006 y 2007 hubo varios intentos de acercar el emblemático cuadro provisionalmente a Bilbao, pero fueron esfuerzos en vano. El PNV ha dejado bien claro que no va a renunciar nunca a seguir solicitando su traslado. Pero no es sólo una reivindicación política, sino una constante demanda social en Euskadi y especialmente en la villa bombardeada.

Grito contra la barbarie

Picasso era muy consciente de que tenía que hacer una obra histórica cuando pintó el Guernica; los caballos, la lengua que es como un espada, representa el grito del artista, el grito de resistencia contra la brutalidad del ser humano. El creador malagueño pintó el lienzo entre mayo y junio de 1937 en su taller de París. La obra fue un encargo del gobierno de la Segunda República Española para la Exposición Internacional de París de ese mismo año, como respuesta y denuncia al bombardeo de la ciudad vasca ocurrido el 26 de abril de 1937. 

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Picasso realizó este enorme lienzo (7.76 m x 3.49 m) en apenas 35 días; él nunca estuvo en Gernika, pero reflejó como nadie lo que ocurrió allí. En el cuadro vomitó todo el horror que le habían producido las imágenes al ver la localidad vasca ardiendo bajo las bombas incendiarias de la Legión Cóndor alemana que apoyaba al general Franco en la Guerra Civil española. La tragedia llenó periódicos, disparó iras y alimentó el arte. Y entre ellos, el del artista malagueño, que no tardó en crear su propio Guernica, plasmando la desesperación más atroz.

El lienzo viajó durante años tras pasar por la Exposición Internacional y Picasso dejó claro que no entraría en España hasta que las cosas cambiaran. Por eso, el MoMa de Nueva York se convirtió en el cobijo perfecto para la obra. El cuadro llegó en 1981 al aeropuerto de Barajas, procedente de Nueva York, tras acuerdos entre el Gobierno español y el MoMA. Ya entonces, fue reclamado por el Gobierno Vasco para que se expusiera en Gernika, pero fue depositado en el Casón del Buen Retiro, anexo al Prado, hasta acabar en el Reina Sofía en 1992, donde permanece en la actualidad. Es la joya de su colección y la que más visitantes atrae.