Gurutzi, que ya estás con nuestros antepasados

07.05.2020 | 00:08

Recordar a Gurutzi Arregi es sobre todo un acto de agradecimiento a una mujer que en vida fue una combinación triunfadora de entusiasmo, inteligencia, encanto y alegría. En sus últimos tres meses quedó reducida a una sombra de sí misma. Diagnosticada súbita e irrevocablemente de ELA, en apenas diez días pasó de una salud acorde con su edad a una decrepitud que le imposibilitaba hablar y le mantenía asistida para comer y respirar. Aquella cara como cincelada a escuadra característica de los Arregi Azpeitia, seis hermanos, Gurutzi la mayor, se iba desencajando y arrugando. Recién ingresada en la Residencia Orue de los pasionistas de Euba, el mismo lugar donde cincuenta años antes había estado preso su hermano Juanmari, se declaró la pandemia y se decretó el confinamiento de los ingresados. Las últimas semanas de su vida aislada de los suyos, contando los minutos mirando al techo, tan iguales a tantos mayores afectados por el virus, debieron resultar durísimas. Debemos decir que Gurutzi se despidió sin temor a la muerte lo que es un síntoma de una vida buena, es decir verdadera. Vida plena pues hizo de todo: cosió para modistas, taquigrafió, fue oficinista mientras estudiaba de noche, acudió a la universidad y consiguió doctorarse. Luego vinieron sus libros, los hijos que nunca tuvo. Se dice que la muerte de un viejo solo importa a unos pocos, que también son viejos. Pues no es cierto, no al menos en el caso de Gurutzi.

Junto a Leopoldo Zugaza, fue promotora de la asociación cultural Gerediaga y de la Azoka de Durango. Su enorme labor como etnógrafa, discípula y secretaria de D. José Miguel de Barandiarán y colaboradora constante en el tiempo, obra y afecto de Ander Manterola, ha conseguido abrir algunas de las ventanas que nos ponen en contacto con nuestros antepasados. Pues no es otra cosa la etnografía que la reconstrucción, por y para los vivos, de la vida de los muertos. Hace cuarenta años, acompañada de su hermano Ángel, inició un recorrido montes a través de Bizkaia. El resultado: Orígenes y significación de las ermitas de Bikaia. Quizás el mejor tributo que podamos rendirle a Gurutzi sea leer ese libro y ponernos en camino para visitar las ermitas. La etnografía es esencialmente una cuestión de utilizar el pasado para dar sentido al presente. No es otra cosa lo que significa el Atlas Etnográfico de Vasconia, obra compuesta por doce volúmenes emprendida hace un siglo por Barandiarán, dirigida por Ander Manterola y coordinada por Gurutzi, asistida por un excelente equipo de investigadores a la sombra de Etniker (https//www.etniker.com). Se trata de una obra que refleja la visión e interpretación de una civilización de un pasado cercano que contribuye a la comprensión de una visión moral de los retos de la vida cotidiana. El próximo mes de septiembre está prevista la celebración del Congreso de los grupos Etniker Euskalerria en Iruñea, cuya coordinación emprendió Gurutzi, con el fin de introducir y difundir las aportaciones del Atlas y establecer nuevos retos para el siglo XXI.

El año 2019 despidió con uvas amargas a Gurutzi, y nuevamente a Ander por su salida traumática de la otra institución por la que se habían desvivido, Labayru. Sería deseable alguna rectificación o reconocimiento postrero y sincero, no como el que denunciaba Thomas Seward en su poema: "Reclaman al Homero muerto siete ricas ciudades en las que el Homero vivo tuvo que mendigar".

Nos despedimos, querida Guru-tzi, y te decimos: Agur, egun handira arte!