Se habla mucho de que la inteligencia artificial va a acabar con muchos empleos. Aseguran que profesiones como la programación, la traducción o incluso partes del diseño quedarán obsoletas. Pero la historia no se repite así. Las máquinas no eliminan trabajos: los transforman.

Hace décadas dijeron que las calculadoras matarían las matemáticas. Que los ordenadores harían inútiles a los contables. Que internet arruinaría las librerías. Algunas formas de trabajar desaparecieron, sí. Pero surgieron otras nuevas, más adaptadas al momento. Hoy pasa igual. La IA puede escribir códigos, pero no decide qué problema hay que resolver. Puede proponer diseños, pero no entiende emociones ni contextos sociales. No sabe qué es un error ético ni cuándo callar. Eso sigue dependiendo del ser humano.

Los programadores no van a desaparecer. Van a cambiar. Ya no tendrán que escribir cada línea de código manualmente. En su lugar, se convertirán en guías, supervisores, correctores. Su trabajo será más estratégico: definir objetivos, revisar resultados, asegurar que todo funcione con sentido común.

Médicos, maestros, arquitectos… todos usarán la IA como una herramienta más. No para sustituir su conocimiento, sino para multiplicarlo. Como antes usaban el lápiz y luego el ordenador, ahora usarán la inteligencia artificial.

Cada avance genera nuevas profesiones

Hace poco no existían especialistas en ciberseguridad, analistas de datos o gestores de identidad digital. Hoy son imprescindibles. Mañana surgirán otras nuevas.

El verdadero riesgo no está en la tecnología, sino en quedarse quieto. Quien aprenda a colaborar con la IA, quien sepa formular buenas preguntas y contrastar respuestas, tendrá ventaja. Como docente, siempre digo que el futuro no pertenece a quienes temen la tecnología, sino a quienes saben usarla. No se trata de competir contra la máquina, sino de aprender a trabajar con ella.

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La IA no viene a quitarte el trabajo, viene a cambiar cómo lo haces. Y eso no es malo. Es una oportunidad, porque ninguna herramienta es tan potente como una persona bien formada. Desde la imprenta hasta el tren, desde el teléfono hasta internet, cada avance generó incertidumbre, pero también millones de empleos que nadie había imaginado.

Por eso, no debemos cerrarnos. Debemos prepararnos. Formarnos. Preguntar. Aprender. Porque al final, ninguna herramienta es tan potente como una persona bien formada. Y eso no cambia.