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Paula Blasi se sube al Olimpo

La joven catalana se rebela en el Angliru donde vence Stiasny, para conquistar la Vuelta femenina, en la que Usoa Ostolaza, fabulosa, finaliza cuarta

Paula Blasi se sube al OlimpoLa Vuelta femenina / Cxcling

Es imposible escapar la mirada inquisitorial del Angliru, donde se concentraba el significado de la Vuelta femenina. Lo anterior, los seis capítulos, eran apenas un entrante para adentrarse en el averno. El Angliru, una montaña desalmada, elegiría a la campeona.

Le pondría la corona, que era de espinas. La mole asturiana exigía un sacrificio total, visceral. El día era limpio, pero la montaña provocaba una visión espectral después de dejar en el retrovisor el alto del Tenebro, La Tejera y Santo Emiliano, el angosto camino para aventurarse a explorar los límites del cuerpo humano.

Al Angliru se sube a tientas, entre rampas infernales, por encima del 20 %. En ese ecosistema, encontró Paula Blasi el cielo para siempre.

Blasi, en pleno esfuerzo.

Se subió a él tras una portentosa actuación en el techo de la Vuelta femenina. Hizo historia en el Angliru y en la carrera, donde cinceló su nombre con la emoción a borbotones. Por sorprendente e inesperado.

"Si hace unos meses me dicen que ganaría la Vuelta, pensaría que era una broma", dijo la campeona, que subrayó que en el Angliru "fue al límite", pero que cuando vio sufrir a Van der Breggen supo que "había que aprovechar la oportunidad y empujar".

Después de la advertencia en Les Praeres, donde dijo equivocarse a la hora de elegir el desarrollo, la catalana, apenas 23 años, ambición desmedida, se exhibió para someter a Van der Breggen, víctima de una crisis profunda que la sepultó.

La neerlandesa se fundió entre rampas imposibles. Concedió 36 segundos para ser segunda en la general. La catalana necesitaba la mitad para imponerse. Marion Blunel logró la tercera plaza.

Ostolaza, cuarta

Usoa Ostolaza, octava en el Angliru, finalizó la Vuelta en cuarta posición tras un ejercicio de resistencia y regularidad. Remontó la zarauztarra tres puestos en la general. Estupenda su actuación.

Blasi, que hace un par de campañas no era ni profesional, arrancó la gloria de las entrañas de la montaña. Ha nacido un estrella. Fabulosa en las clásicas de las Ardenas, campeona en la Amstel, tercera en Flecha Valona y quinta en Lieja, la catalana se entronizó en la Vuelta.

Vuelta femenina


Clasificación final

  1. Paula Blasi (UAD) 22h17:03
  2. Anna van der Breggen (SD Worx) a 24''
  3. Marion Brunel (Visma) a 49''
  4. Usoa Ostolaza (Laboral Kutxa-Euskadi) a 2:31

En apenas un mes, Blasi ha pasado de esperanza y expectativa a realidad en un viaje meteórico pocas veces visto. Una locura. En el Angliru, donde venció la suiza, Petra Stiasny, Blasi disfrutó de las mejores vistas. Únicas.

Liane Lippert, la superviviente de la fuga, ejerció de exploradora de un puerto que nunca se había subido en la Vuelta femenina. El gigante esperaba, camuflado entre las verdes praderas, para mostrar su crueldad. Para manejar a las ciclistas a su antojo.

Marionetas en una en la que todo sucede a cámara lenta. Ciclistas congeladas en el tiempo, en el sufrimiento extremo. El Angliru es un sepulturero. Arranca la vida entre los pálpitos de desniveles abrumadores.

El momento clave

Se trataba de sobrevivir en el horror en una subida implacable. Es un ejercicio de introspección en el dolor. Una tortura psicológica. Van der Breggen, la líder, Blasi, la aspirante, Bunel, la tercera, Berthet, Cavallar y Stiasny se sostenían en el filo. Lippert arrió la bandera. Bunel, francesa, ligera, escaladora, lanzó su apuesta. Todo saltó por los aires con esa detonación.

La suiza Stiasny se impone en el Angliru.

Deshilachó a Van der Breggen, que entró en crisis. Blasi resistía en la rueda de la gala. Rebelión. Van der Breggen padecía, aislada. Restaban más de cuatro kilómetros y la Vuelta se posaba sobre los hombros de Paula Blasi, que se desprendió de Bunel. Le alcanzó Stiasny, un asunto menor porque la suiza estaba a un mundo.

En el Angliru no se trata de subir, el empeño es no caerse, tan inclinada la montaña, un rascacielos. En ese muro construido con los piedras del infierno, representado en La Cueña les Cabres, una vertical, se balbucea, se sube a gatas, con el alma quebrada y las piernas cojas por la termitas del padecimiento.

Una recta demencial, de unos 800 metros con una pendiente máxima del 23,5%. Una mesa de autopsias. Una mole de dolor, una montaña cruel, una carretera que cuelga del cielo pero que en realidad es una caída a los infiernos. Un puerto salvaje. Descorazonador. Una montaña desalmada que dio vida a la catalana. Blasi se corona en la Vuelta.