"El verdadero reto es observar cómo te gestionas cuando falta la comida y sobra el frío"
Tras cambiar el remo por las cumbres, el elantxobetarra Lur Uribarren reparte su vida entre los trekkings y expediciones al Himalaya, Marruecos y proyectos locales como ‘Gorbea Oinez’, donde este junio acercará una vez más la montaña a los más jóvenes
En Elantxobe, entre el mar y la ladera, es difícil no crecer mirando al agua. De ahí parte la historia de alguien que durante años hizo del remo su vida antes de cambiar de rumbo. Lur Uribarren (1987) debutó en la Liga Eusko Label con apenas 16 años y desarrolló su trayectoria en clubes como Zierbena, Elantxobe, Urdaibai o Kaiku. Sin embargo, en 2013, la exigencia de la élite le obligó a frenar. "Aquel parón me sirvió para darme cuenta de qué era lo que realmente me llenaba", explica Uribarren, quien aprovechó ese paréntesis para empezar a escalar con sus amigos y sumergirse en los Pirineos. Aunque en 2018 regresó a la trainera con Urdaibai Arraun Elkartea, lo hizo con un plan de fuga en la mochila: dejó el taller donde trabajaba y comenzó a compaginar el agua con sus estudios de guía de montaña. Para cuando en 2021 parecía haber retomado el éxito en el agua, la decisión ya estaba tomada. El remo era el pasado; la montaña, su nueva oficina.
Actualmente, la realidad profesional de Uribarren se reparte sobre todo entre las paredes del Atlasmarroquí y el Himalaya. A Marruecos acude de forma recurrente, aprovechando un entorno que conoce a la perfección tras años escalando en hielo en invierno y recorriendo sus senderos en verano. Allí cuenta con una red de contactos y amistades locales que se han convertido en el pilar logístico de sus grupos, lo que le permite ofrecer una experiencia muy cercana y auténtica.
Sin embargo, su gran centro de operaciones es Nepal, donde llegó de la mano de Alex Txikon, en una expedición que le sirvió de máster acelerado sobre la logística y la crudeza de las grandes cordilleras. Allí entró en contacto con la estructura de Seven Summit Treks, la agencia de Mingma Sherpa, con quienes colabora habitualmente para organizar sus salidas. Actualmente, pasa allí las temporadas de primavera y otoño, siente el país como su segunda casa y mantiene un compromiso personal profundo al tener apadrinado a Lakpa, un niño de la zona. "Hoy en día mi vínculo con ese país es total", afirma con rotundidad, subrayando que su labor allí combina ahora la gestión de trekkings con sus propias expediciones personales en picos como el Mera Peak o el Island Peak, cumbres que ya superan con creces los 6.000 metros de altitud.
Esa progresión en las grandes altitudes del Himalaya le ha llevado a compartir cuerda con alpinistas que han completado los catorce ochomiles, como Jorge Egocheaga. Coincidir con él en el Ama Dablam (6.812m) en 2023 fue para el montañero un desafío tanto psicológico como técnico. "Al principio me daba incluso un poco de miedo no estar a su altura, porque Jorge es un portento", admite Uribarren. De esa experiencia extrajo una filosofía que ahora aplica en cada ascensión: en el alpinismo de alto nivel, la velocidad es seguridad. El objetivo es ser eficiente para "pasar el menor tiempo posible expuesto en altura", una lección que aplicó con éxito en el Baruntse, una montaña de 7.129 metros. En aquella ocasión, mientras la mayoría de la expedición desistía, Uribarren y una alpinista polaca lanzaron un ataque directo y agresivo desde un campo bajo para alcanzar la cima.
Gestionar el límite
Pero la montaña no siempre da permiso. El propio Ama Dablam, en una tentativa invernal junto a un sherpa, le mostró su cara más hostil al dejarlos atrapados a gran altura, deshidratados y sin opción de rescate. "Logramos bajar por muy poco después de tres días gestionando el miedo", recuerda con la seriedad de quien ha visto el límite de cerca.
Pese a los momentos de peligro, el elantxobetarra encuentra la motivación en el autoconocimiento y en observar "cómo te gestionas a ti mismo" en situaciones límite. "El verdadero reto es observar cómo te gestionas a ti mismo cuando falta la comida y sobra el frío", explica, destacando que es en la incomodidad donde afloran los valores reales de un equipo.
Esa misma exigencia es la que traslada a sus clientes a través de lo que él llama una "investigación psicológica" desde la primera llamada. "Me doy cuenta rápido de quién tengo delante y si tiene la base necesaria para lo que busca", señala el guía, quien no duda en rechazar proyectos si ve que el cliente no está preparado. Sin embargo, más allá de los sietemiles, el de Elantxobe también disfruta de experiencias más humanas y cercanas, como el viaje a Marruecos con Ángel Mari, un vecino jubilado de su pueblo. Ver la satisfacción de alguien cercano al coronar su primer cuatro mil es, para él, uno de los premios más grandes de su nueva profesión. Pero más allá de los destinos internacionales, el alpinista también dedica parte de su tiempo a trabajar en el entorno local.
Entre cuevas y valores
Por ejemplo, del 22 al 26 de junio, Uribarren volverá a ponerse al frente del proyecto 'Gorbea Oinez', en el Parque Natural de Gorbea, una iniciativa para jóvenes de entre 13 y 15 años que realiza en colaboración con la asociación Urremendi Landa Garapena. Aunque este es su segundo año con esta asociación, el guía ya cuenta con una sólida trayectoria previa liderando esta experiencia con diversos ayuntamientos, lo que le ha permitido ver cómo el proyecto se consolida: "La verdad es que tiene muy buena acogida, porque siempre tengo jóvenes que repiten experiencia de un año para otro". El objetivo es que “los chavales” salgan de su zona de confort y descubran que Gorbea es mucho más que la famosa Cruz. "Gorbea nos ofrece una historia y una cultura inmensas, desde las txondorras y neveras naturales hasta cuevas ligadas a la mitología de Mari; no se trata solo de caminar, sino de entender el entorno de una manera justa y honesta", subraya el guía.
Durante la travesía, los adolescentes deben aprender a gestionar su propia autonomía, durmiendo en cuevas o al aire libre bajo las estrellas."Una de mis principales funciones es fomentar el uso del euskera y, junto a ello, trabajar el trabajo en equipo y la disciplina", explica Uribarren. En ese sentido, son los propios jóvenes quienes asumen las responsabilidades diarias, desde preparar las comidas hasta cumplir estrictamente con los horarios establecidos.Es una oportunidad única para conocer la montaña "como tal", lejos de las comodidades del día a día, por lo que el exremero anima a los jóvenes a que se sumen a esta aventura, a la que seguirá, del 28 de junio al 3 de julio, el proyecto ‘Basoetatik Itsasora’. Esta segunda expedición itinerante, enfocada a adolescentes de entre 15 y 17 años, propone una inmersión total de seis días siguiendo un recorrido único que enlaza Gorbea, Urkiola y Oiz con la costa.
Actualmente, Lur se enfrenta a una lumbalgia, un contratiempo que le hace reflexionar sobre la exigencia de su oficio: "Te das cuenta de que nuestro instrumento de trabajo es el cuerpo; cuando falla, empiezan los verdaderos problemas". Esa realidad le hace valorar cada vez más los momentos con su madre y con los suyos en Elantxobe, aunque profesionalmente sigue a pleno rendimiento, con el calendario de este año cerrado y las próximas expediciones ya encarriladas. En ese sentido, su motor sigue siendo disfrutar y aprender en la montaña, pero con los pies en la tierra. "Si algún día tengo que dejar el monte y sembrar patatas en casa, ¡pues sembraré patatas!", bromea con la paz de quien ha encontrado, por fin, su puerto seguro entre las cumbres.
Temas
Más en Bizkaia
-
Se elevan a 130 las denuncias por impago de la lotería de Navidad del club de rugby de Igorre
-
Bilboko udal bandek udaberriko programazioa aurkeztu dute
-
Decenas de miles de personas viven la Balmaseda medieval con "más gente que nunca"
-
Un siglo abriendo camino a la igualdad: "Si alguien tiene que proponer a una mujer para futura Lehendakari, tiene que ser el PNV"